Doscientos ocho segundos transcurrieron desde el impacto de unos pájaros contra los motores del Airbus 320 (el vuelo 1549 de Nueva York en 2009) hasta que el piloto Chesley “Sully” Sullenberger decidió amenizar sobre el río Hudson, y evitar así una masacre. Este breve periodo de tiempo es más que suficiente para que el realizador Clint Eastwood pueda vertebrar en su anterior largometraje, Sully (2016), no solo una historia de salvación y heroicidad (protagonizada por el aviador), sino también construir el relato que se esconde detrás de cada gran gesta: la humanidad de las personas y la mediocridad de la sociedad en su conjunto. De nuevo, Eastwood tiene un mismo punto de partida, un incidente crucial en el que la rápida reacción heroica convierte la tragedia frustrada en una épica proeza. Si bien el germen es similar en concepto, desde luego no lo es en cuestión de estilo o puesta en escena. 15:17 Tren a París (The 15:17 to Paris, 2018) recrea el atentado del tren Thalys de 2015 donde un hombre de origen marroquí armado y con explosivos fue interceptado y derribado por varios pasajeros. La cinta comienza con una sucesión de planos detalle de la llegada de este hombre (el terrorista) a la estación y su subida al tren que culmina con la imagen de la mochila que porta: la primera de las muchas obviedades con que el director retrata a este personaje.

Tras situar al espectador en dicho contexto, no será hasta el final de la película donde se reconstruyan los hechos, eliminando del relato todo lo relativo al tren, a excepción de un par de escenas (cuya finalidad es más un recordatorio para el espectador que una decisión de estructura argumental o montaje), dando como resultado un relato desprovisto de suspense, emoción o interés.

En su empeño por esclarecer la figura del héroe (norteamericano), Eastwood fija su mirada en tres de aquellos pasajeros implicados directamente en el forcejeo, los ciudadanos de EE UU (interpretados aquí por ellos mismos), dejando fuera del relato al británico Chris Norman, quien también participó en la neutralización del terrorista. La vida de estos personajes desde su infancia, la amistad que los une, la relación con sus madres o su inquietante obsesión por lo bélico (dos de ellos eran militares, con su vocación ya presente desde la escuela primaria) ocupan la mayor parte de un metraje que pretende dar cuenta del estadounidense medio con inquietudes pro-cívicas, y que busca justificar su intervención en el atentado por ser todos ellos un producto de la sociedad que los ha criado/creado. El director parece querer contar cómo el patriotismo engendra valiosos soldados antiterroristas, sin embargo, solo consigue que ese sentimiento patriótico acabe por apoderarse de la narración para terminar sesgando la representación del accidente tanto en lo factual como en lo ideológico.

Es en el significado de ese breve periodo de tiempo en que suceden las cosas donde 15:17 Tren a París encuentra su más grande distinción con Sully: mientras que un acto heroico pretende enaltecer retroactivamente la historia de los jóvenes pasajeros del tren, el valor del personaje del piloto no se limita a los 208 segundos de su hazaña, sino que impregna toda su existencia y cada fotograma de la película. Por desgracia, esta ha sido una de esas ocasiones en que Eastwood se ha dejado deslumbrar por la heroicidad en detrimento de la humanidad.

Lo mejor: la secuencia que recrea con crudeza y precisión el intento terrorista en el tren.

Lo peor: el sentimiento patriótico, (tóxico y añejo) que rezuma el conjunto.

Por Cristina Aparicio
@Crisstiapa