The Square (Ruben Östlund)

El éxito de la película del director de Fuerza mayor (Force Majeure, 2014) radica en la potencia de los episodios en los que divide su propuesta. Utilizando como hilo conductor a Christian, personaje al que interpreta con eficacia Claes Bang, The Square propina su bofetada con una incómoda mirada al universo del arte moderno y los defectos de forma implícitos en su vanguardia. Esta deformación (artística) de las cosas se extiende al comportamiento, a veces patético, del personal que capitanea las tendencias culturales; Östlund no desaprovecha la oportunidad de exprimir esa realidad y se saca de la chistera un perspicaz cuento sobre la idiotez contemporánea.

Lady Macbeth (William Oldroyd)

Pocas veces un desnudo literal ha sido tan metafóricamente demoledor como el del inicio de Lady Macbeth, y en aún menos ocasiones se ha llevado a escena la encorsetada realidad de una mujer asfixiada bajo el yugo del patriarcado de una forma tan aséptica, poderosa y elegante, adjetivos que el virtuosismo del realizador le permite no abandonar a la hora de retratar la subversiva enajenación en la que la protagonista se ve obligada a guarecerse.

Silencio (Silence, Martin Scorsese)

En otro ejercicio de maestría, Scorsese plantea al espectador las vicisitudes de un tema tan complejo como la religión cristiana y el silencio de Dios, dejando abiertas a la reflexión y a la interpretación contradicciones sin respuesta que un espectador con la cabeza a mil por hora tiene que “resolver”. Los paisajes idílicos del Japón de Kurosawa se sitúan en contraposición a la violencia explícita y a un Scorsese que confiesa sus dilemas entre la fe y la razón.

El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer, Yorgos Lanthimos)

Como uno de los cineastas más disruptivos de la actualidad e hijo predilecto del Festival de Cannes encontramos al griego Yorgos Lanthimos. El responsable de trabajos tan perturbadores como Canino (Kynodontas, 2009) o Langosta (The Lobster, 2015), ha estrenado este año El sacrificio de un ciervo sagrado, film que transita los oscuros rincones del ser humano a través de instintos tan básicos como la venganza y necesidades vitales como la redención. Lanthimos exprime la propuesta a la vez que la retuerce, dando a luz una película aterradora, de tremenda personalidad y con uno de los personajes más espeluznantes del año.

La ciudad de las estrellas (La La Land) (La La Land, Damien Chazelle)

A pesar de la polémica –e inesperada– derrota de La La Land en la categoría de Mejor Película en la última gala de los Oscar, el filme de Damien Chazelle se llevó todo tipo de reconocimientos internacionales a casa. Y es que este tributo al amor, los sueños y el mundo del cine tiene suficiente energía, vitalidad y carisma como para haberse ganado, muy justificadamente, el favor de público y crítica por igual.

La vida de Calabacín (Ma Vie De Courgette, Claude Barras)

Alejada de los argumentos más convencionales del género de animación comercial, la película de Claude Barras relata con gran sensibilidad la historia de Calabacín (Courgette), un niño que después de perder a su madre tiene que ingresar en un hogar de acogida. Las decisiones de estilo -un fabuloso stop-motion sin demasiados adornos-, la delicadeza con la que se tratan varios temas que relacionan forzosamente a los niños con los adultos, el optimismo y la esperanza del mensaje final y una colección de personajes inolvidables, convierten La vida de Calabacín en un trabajo impresincible.

Sieranevada (Cristi Puiu)

El encadenamiento de planos secuencia es la forma en la que Cristi Puiu introduce al espectador en esta reunión familiar donde lo que sucede dentro y fuera de plano alcanza la misma importancia. El objetivo: retratar una cotidianidad reconocible cuya puesta en escena responde a uno de los principios que sustentan el arte cinematográfico, ser espejo y transmisor de la realidad.

La llamada (Javier Ambrossi y Javier Calvo)

Abalada por una gran acogida de público en su formato teatral y toda una legión de acólitos que quedaron prendados de sus virtudes en el patio de butacas, sorprende la adaptación al cine de Abrassi y Calvo quienes consiguen equilibrar el espíritu original de la obra con el nuevo código de representación. Todo brilla con luz propia, con precisión y encanto: una experiencia que, lejos de ser religiosa, es verdaderamente cinematográfica.

The Meyerowitz Stories (Noah Baumbach)

A medio camino entre el cine de Woody Allen y el de Wes Anderson y estructurada en capítulos que se centran en cada uno de los personajes, The Meyerowitz Stories profundiza de manera exquisita en recovecos tan íntimos como las relaciones, los rencores y las frustraciones de los miembros de una familia disfuncional americana. El bueno de Baumbach, un director en continua evolución, logra indiscutiblemente el complicado objetivo de divertir y emocionar a partes iguales.

La chica desconocida (La Fille Inconnue, Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne)

La mínima distancia entre la cámara y la protagonista del cine de los Dardenne se ha convertido en uno de los signos distintivos con que los realizadores muestran lo próximas que están sus historias a la realidad de cualquiera. Con este último trabajo, la puesta en escena permite visibilizar con sutileza la ambigüedad e incertidumbre moral que conllevan las pequeñas (y triviales) decisiones, elevando su importancia a la de determinismo vital.

Manchester frente al mar (Manchester by the Sea, Kenneth Lonergan)

Es imposible no quedarse petrificado ante algunas de las secuencias del drama más implacable del año. Kenneth Lonergan, director y guionista con evidentes virtudes, construye un relato trágico hasta la médula que, sin embargo, logra alcanzar su cenit en las escenas más desoladoras; justo en esos momentos explota la belleza de una película de formas suaves y contenidas que esconde, tras su tristeza silenciosa y la sobrecogedora interpretación de Casey Affleck, autenticos torbellinos de lo emocional.

Coco (Lee Unkrich y Adrián Molina)

Suena redundante decir “Pixar ha vuelto a hacerlo”, pero somos incapaces de parar de pensar en ello. Aunque, dado el momento político actual, Coco no podía haber sido más oportuna, la importancia de su muestra de amor, respeto y pasión por México queda rezagada ante el brillante potencial de su caleidoscópica introducción, la calidad de sus encantadores personajes, la profundidad de sus reflexiones sobre la familia, la normalización de la muerte o la importancia de su música. Una verdadera joya. Otra más.

Verano 1993 (Estiu 1993, Carla Simón)

A pesar de la decepción por su descarte para el tramo final de la carrera por el Oscar la película es un must see en toda regla, no sólo por su acogida internacional, sino por disfrutar de la naturalidad con la que Carla Simón se abre en canal para contarnos su historia personal de una forma sensible, bella y entrañable. La expresividad de sus protagonistas resulta hipnótica hasta tocar la fibra, aunque siempre con sentido y al margen de la sensiblería barata.

Déjame salir (Get Out, Jordan Peele)

Lo que en principio podría parecer un thriller de terror psicológico dirigido por un debutante que muestra cierta admiración por el slasher, se transforma, con el transcurso de los minutos, en una inquietante puntualización de algunos de los comportamientos y estigmas más rancios de la sociedad moderna. Un agudo juego de roles que rompe estructuras habituales de la industria aportando un aire renovado e inspirador.

La gran enfermedad del amor (The Big Sick, Michael Showalter)

En una era donde se maltrata a la comedia y se la relega a la categoría de género menor, Michael Showalter se sirve de ella para abordar la situación de una generación perdida, desorientada, que naufraga a la deriva. En medio de esta descreencia posmoderna acerca de los valores universales, la risa, el amor o incluso la familia adquieren el estatus de salvavidas gracias a un guión que destila frescura e ingenio en cada plano.

Personal Shopper (Olivier Assayas)

Que Oliver Assayas haya construido una de las escenas más vertiginosas y tensas de este año simplemente con un juego de plano/contraplano entre Kristen Stewart y su teléfono móvil, pone de manifiesto como la tergiversación de un género tan manido como el suspense puede aportar al espectador actual no solo momentos brillantes, sino muchas cosas que decir sobre la manera en cómo nos relacionamos con el medio y la imagen digital.

Moonlight (Barry Jenkins)

En su segundo trabajo, una de las grandes competidoras por el Oscar del año pasado, Barry Jenkins da a luz un tríptico que nos acerca, a través de una exquisita fotografía y una elegante y muy cuidada trama, al mundo de las víctimas del bullying, la homofobia y el rechazo como pocas veces antes se había mostrado en la gran pantalla.

Madre! (Mother!, Darren Aronofsky)

La última creación de Aronofsky no deja indiferente a nadie: es creativa, rompedora e irritante a niveles que avasallan al espectador emotiva y físicamente. Su severa simbología y una contundencia casi provocativa, sumergen en una experiencia cinematográfica que depende en gran medida de lo subjetivo. En su conjunto, el director arriesga al máximo con un guión controvertido que ha dividido a crítica y público y del que se ha hablado mucho este 2017.

A Ghost Story (David Lowery)

Su título, que vaticina una película de terror, esconde en realidad un melodrama poético sumamente bello e hipnótico. Esta historia de un músico muerto que vuelve convertido en fantasma para rememorar todas sus viviencias es uno de los relatos más fascinantes sobre el olvido. La conexión espiritual del protagonista con su pasado nos lleva a una meditación sobre la memoria, la desaparición, la tristeza y el mundo sobrenatural que ha conquistado a todos aquellos abiertos a participar de la experiencia.

Jackie (Pablo Larraín)

La cámara del chileno Pablo Larraín acerca su objetivo a la figura de Jacqueline Kennedy, primera dama y esposa del asesinado JFK. El resultado es un fabuloso retrato introspectivo sobre los días siguientes a aquella fecha fatídica a través de los sentimientos y las sensaciones de Jackie, interpretada de manera mayúscula por Natalie Portman y a la que acompaña en casi todo momento (además de Greta Gerwig) la estremecedora música compuesta por Mica Levi. De esta manera, Larraín consigue situarse como uno de los directores más interesantes del panorama actual completando una filmografía que posee un reconocible sello autoral.

(Lista elaborada por Javier G. Godoy, Cristina Aparicio, Daniel Belenguer, Quim Ríos, Carlos Durango, Nicolás G. Senac, Martín Escolar-Sanz y David Areces)