The Crucifixion (Xavier Gens)

Da la casualidad de que en la misma semana el irregular y a veces nefasto cineasta Xavier Gens conseguía plantar dos de sus películas en nuestra, ya de por sí, discutible cartelera. Junto a La piel fría, Gens estrenaba The Crucifixion, historia sobre la investigación de un exorcismo en Rumanía que tiene todos y cada uno de los tópicos de un subgénero al que le cuesta demasiado encontrar el camino. La propuesta, trillada hasta la saciedad, empeora según pasan los minutos gracias a un planteamiento desastroso, un guión irrisorio y la interpretación inolvidable (por mala) de sus protagonistas.

La cura del bienestar (A Cure for Wellness, Gore Verbinski)

Hay pocas sensaciones tan frustrantes como la de las expectativas no cumplidas. La cura del bienestar es un relato con pretensiones, mediocre y mal planificado. Su envoltorio, de pseudogótica apariencia, no es más que un contenedor con ínfulas que, en realidad, es incapaz de ocultar las carencias de una propuesta gris en lo argumental. Este nuevo regalo de Gore Verbinski lo convierte, por méritos propios, en un director carne de cañón.

Liga de la Justicia (Justice League, Zack Snyder)

Ya sea por su acelerada producción, por la retirada de Zack Snyder y la posterior incursión de Joss Whedon o por su –en general– desafortunado planteamiento, Liga de la Justicia ha deleitado a los detractores del DCEU con un motivo más para criticar –ahora con razón– una obra audiovisual que no tiene ni pies, ni cabeza.

Una historia de venganza (Aftermath, Elliott Lester)

Esperamos no tener represalias por parte de uno de los tipos duros de Hollywood, pero tenemos que reconocer que ni tan siquiera la (más que) aceptable interpretación de Arnold Schwarzenegger –en su nueva faceta dramática- logra levantar una película tan insulsa. Su monotonía, ¿o es pereza?, termina lastrando un resultado abocado a estrellarse antes del despegue a pesar de contar con la firma de Javier Gullón (Enemy, La cueva) en el guión.

The Babysitter (McG)

En el afán por amasar en su catálogo todo tipo de productos, Netflix no duda en obviar ciertos filtros. Para regocijo de aquellos que disfrutan con el home invasion, aunque el producto sea de dudosa calidad, la plataforma de VOD ha dado a luz The Babysitter, un trabajo con pinta de telefilm que parece querer reírse de sí mismo y del género. Mientras lo consigue puede resultar un homenaje con cierta gracia, pero en el momento en que pretende ponerse seria la película cae en el absurdo a base de los tics más infantiles.

El secreto de Marrowbone (Marrowbone, Sergio F. Sánchez)

Algo chirría en su presencia entre las nominadas a Mejor dirección novel de los próximos Goya. Es posible que la alargada sombra de su padrino, Juan Antonio Bayona, haya influido en que la Academia tenga en cuenta este relato inocente y poco conseguido que aspiraba a coger el relevo de películas como Los otros (The Others, 2001) o El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999). Nada más lejos de la realidad, pues El secreto de Marrowbone (Marrowbone) no podría ser ni la hermana pequeña de esos dos clásicos del cine contemporáneo. Sergio G. Sánchez, su realizador, dirige de manera monótona e irritantemente académica, cosa que, al contrario de sus supuestas intenciones, convierte la película en un trabajo vulgar cuyo clímax final puede arrancar alguna carcajada.

El Círculo (The Circle, James Ponsoldt)

Cliché tras cliché, tras cliché; dramatismo cibernético vacío que pretende aleccionar desde una perspectiva inverosímil; diálogos erráticos que traban escenas, y escenas descompasadas que rompen la narrativa… El film resulta un intento de distopía orwelliana estilo Black Mirror para teenagers protagonizado por Emma Watson y Tom Hanks… ¡Ah! También aprovechan que John Boyega se hizo famoso gracias a Star Wars y aparece un ratito.

Bright (David Ayer)

Ideas más delirantes se han visto en el cine, pero eso de juntar elfos, orcos, hadas y humanos en la ciudad de Los Ángeles de hoy, suena ya, de por sí, bastante disparatado. Will Smith prosigue su carrera imparable hacia el abismo con otra producción de considerable presupuesto cuyo guión es responsabilidad de un talento capital-riesgo llamado Max Landis. Ni el competente Joel Edgerton, que aquí aparece disfrazado de orco con mezcla de reptil y alguna alimaña más, salva un proyecto que apuntaba a sonoro fracaso y que confirma a David Ayer como uno de los directores más peligrosamente mediocres del panorama norteamericano.

La alta sociedad (Ma Loute, Bruno Dumont)

Bruno Dumont consuma su viraje hacia la comedia con una cinta que parece querer moverse entre la crítica ácida, cierto esnobismo rancio y el humor absurdo más estilizado. Sin embargo, acaba canibalizado por esa misma ranciedad que quiere criticar, con gags de gordos que hacen sonidos chirriantes al caminar o con la reaccionaria moraleja sobre la transexualidad como (agárrense) producto del incesto. Todo ello excusado bajo el paraguas de una pretendida comicidad cuyo histrionismo, sobre todo en el personaje de Juliette Binoche, entra de lleno en un tono esperpéntico que no por intencionado y autoral se convierte automáticamente en efectivo o encomiable. Si hay una verdadera virtud en La alta sociedad es que la siguiente película de Dumont, Jeannette, l’enfance de Jeanne d’Arc (2017), es infinitamente más irritante. Se dirá que no hemos entendido el chiste.

El rey Arturo: La leyenda de Excalibur (King Arthur: Legend of the Sword, Guy Ritchie)

Guy Ritchie, bastante desubicado desde hace ya un tiempo, volvió a nuestras pantallas con este fallido blockbuster veraniego. No cabe duda de que la cinta contaba con todos los ingredientes para haber sido un éxito de taquilla, pero la desacertada dirección con su peculiar estilo visual y un montaje histérico, marca de la casa, hizo que la cinta terminase siendo un desastre caótico en lugar de la aventura épica que prometía.

Lion (Garth Davis)

Lion se gana a pulso su deshonrosa presencia en esta selección gracias a una concepción melodramática en el peor sentido, desde su búsqueda de la empatía por la vía de la lástima hacia el personaje hasta su uso lacrimógeno de la música. Pero, sobre todo, deja traslucir también en sus formas cierto paternalismo primermundista, al retratar con una puesta en escena cargada de preciosismo la dura y descarnada realidad callejera de la India. La mirada del cineasta-turista en vez de la inmersión sincera.

La torre oscura (The Dark Tower, Nikolaj Arcel)

Fallida desde su planteamiento inicial y con un guión que se ha pasado años pasando de mano en mano, esta adaptación ha querido condensar tantas cosas en un solo film (recordemos que son siete libros) que el resultado ha acabado siendo un auténtico despropósito para el fan y, además, un desaguisado argumental para el espectador que no haya leído ninguna de las novelas de la saga de Stephen King.

Somnia. Dentro de sus sueños (Before I Wake, Mike Flanagan)

La película del estadounidense Mike Flanagan es un cóctel de géneros que no funciona en ningún momento, mezclando los lugares comunes del terror más contemporáneo y los tópicos del drama en una historia que gira alrededor de una adopción conflictiva. El resultado acaba por convertir a Somnia en una película que no sabe muy bien lo que es y en el que se pueden reconocer rasgos de telefilm de domingo por la tarde. Para adornar el resultado, el disparate se corona con uno de los finales más bochornosos que se recuerdan en el cine de horror.

La momia (The Mummy, Alex Kurtzman)

Parece que la idea de Universal de montar su propio universo de monstruos clásicos, al más puro estilo Marvel, se vio truncada ya en su primera adaptación. Y es que la película es un cúmulo de errores creados en base a un desastroso guión que nos lleva a una historia sin alma ni rumbo y que no encuentra el tono adecuado en ningún momento. Lo más decepcionante son sus personajes, desdibujados y planos, en especial el de un Tom Cruise que, posiblemente, en esta cinta interprete el peor papel de su carrera.

Piratas del Caribe: La venganza de Salazar (Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales, Joachim Rønning y Espen Sandberg)

Apagada quinta entrega que, con el fin de mantener vigente la marca de su franquicia, resulta poco atrevida y llamativa. A cada película, sus personajes se vuelven menos atractivos y con menos dotes para el entretenimiento.  El formato 3D tampoco ayuda, al convertir el resultado en una sucesión de imágenes cuya oscuridad dificulta el visionado. La que durante años ha sido la gallina de los huevos de oro de Disney parece que ha dejado de funcionar.

Máquina de guerra (War Machine, David Michôd)

Puede que para algunos la incorporación de la película en este listado sea demasiado extrema, pero teniendo en cuenta que gozaba de la dirección de David Michôd (Animal Kingdom, The Rover), una estrella de la talla de Brad Pitt y una muy buena historia entre manos, es incomprensible que el resultado no haya funcionado. La sátira producida por Netflix entra en esta infame recopilación por no ser ni lo suficientemente divertida para ser comedia ni lo suficientemente seria para despertar interés político y/o social.

Vivir de noche (Live By Night, Ben Affleck)

Al ver la adaptación de la novela de Dennis Dehane a cargo de Ben Affleck se tiene la constante sensación de que le estén explicando a uno fragmentos de un libro que no ha leído. Subtramas, anécdotas y personajes deambulan de aquí para allá y se plasman en la película como si hubieran sido recortadas y pegadas directamente de la obra original: sin un peso dramático ni en la trama ni en un espectador al que el argumento no le ha despertado ni el más mínimo interés.

Alien: Covenant (Ridley Scott)

Más visceral y más brutal que las últimas entregas de la saga que Ridley Scott está tratando de revitalizar con tanto empeño, pero igual de plana y vacía de sorpresas. Las tergiversaciones de una mitología que cada vez tiene menos sentido y sobre la que se nos van dando menos respuestas, no es suficiente para mantener la atención de un espectador que ha perdido la cuenta de las veces que ha visto, ya sin interés ni sorpresa, algo tan bonito como un xenomorfo saliendo del pecho de alguien.

T2: Trainspotting (Danny Boyle)

T2: Trainspotting destila las mismas sensaciones que ver a Johnny Rotten, estandarte del movimiento punk y cantante de los Sex Pistols, realizando anuncios de televisión para promocionar una marca de mantequilla. Lo que antaño había sido un icono del inconformismo, la rabia juvenil y el nihilismo que tanto marcaron los 90 se convierte en esta segunda entrega en una farsa dónde los personajes maduran, se redimen y aprenden los valores de la familia y la amistad.

Saw VIII (Jigsaw, The Spierig Brothers)

Como ya se temía, el nuevo abordaje de la saga nacida de la mano de James Wan con su inquietante Saw (Saw, 2004) es de todo menos meritorio. Y es que, a pesar de que el desenlace de Jigsaw (Jigsaw, 2017) sea impredecible, los recursos que utiliza están agotados, sus personajes rozan la ridiculez y lo que en una ocasión resultó terrorífico ahora no hace otra cosa que vaticinar la muerte de una saga que sólo sobrevive por sus todavía rentables recaudaciones.

(Lista elaborada por Javier G. Godoy, Cristina Aparicio, Carlos Durango, Juanma Ruiz, Daniel Belenguer, Carlos Durango, Quim Ríos, Nicolás G. Senac y David Areces)