78 tiros de cámara y 52 cortes en 3 minutos y 25 segundos que conforman la escena más famosa y reconocida de la historia del cine son analizados desde todos los niveles en un documental que lanza puentes con otros aspectos de Psicosis (Psycho, 1960) y de la filmografía del director más importante de la historia del cine. ¿Puede haber alguna experiencia cinéfila en forma de análisis fílmico que sea más gratificante que esta proyección? Probablemente no. ¿Podría haber sido 78/52 una experiencia aún más gratificante cinematográficamente hablando? Probablemente sí.

La película del documentalista Alexandre O. Philippe se compone en parte de numerosas entrevistas fijas con nombres conocidos del mundo del séptimo arte; realizadas en un pulcro blanco y negro y en un espacio que curiosamente parece ser la misma habitación de Marion Crane en ese mítico Bates Motel. Quizás, hubiera sido interesante incorporar al análisis testimonios fuera del mundo especializado del cine, para complementar un ya excelente croquis de aquella escena y también ser un poco más creativo con esas entrevistas en un espacio tan bien escogido evitando tantos momentos de talking heads (esas cabezas parlantes que son siempre un reto para cualquier documentalista). El material filmado también podría haber sido más amplio, a parte de prólogo, epílogo y de esa excelente recreación literal de la escena de la ducha (¿por qué no filmar también en los alrededores de la localización real del estudio de Universal, por ejemplo?). Podría haberse complementado más la experimentación visual del filme, algo a tener en cuenta cuando se hace un documental sobre una de las escenas más potentes de la historia y que hubiera casado a la perfección con un uso muy acertado de la imagen de archivo.

Si bien el autor mira hacia Psicosis y utiliza el mismo criterio estético del blanco y negro para hacer coincidir lo filmado con el tono monocromático de la película de Hitchcock, que utilizó este formato para minimizar el impacto de la sangre en la escena de la ducha, Alexandre O. Philippe no se fija mucho en el uso exquisito de los silencios en la banda sonora de Bernard Herrmann, y sobrecarga de música in crescendo gran parte de toda la palabra hablada. A su vez y a medida que avanza el documental y se entra más y más en el universo de la obra y de la filmografía del director inglés, se alcanza una profundidad en el detalle que llega incluso a rozar lo paródico en ciertos momentos, tal vez jugando inteligentemente a dotar de un interés casi infinito a todo lo que rodee la secuencia, la obra y la trayectoria de ese cineasta llamado Alfred Hitchcock. Sea lo que sea.

En uno de los momentos más reveladores del filme, Hitchcock admite que le sorprendió la seriedad con que la gente recibió aquella secuencia y aquella película: “Yo lo que quería era poner a trescientos espectadores en una sala de cine y asustarlos”, en definitiva, rodar un filme de bajo presupuesto y con un solo objetivo en la cabeza después de leer la novela original de Robert Bloch: rodar la escena del asesinato de la forma más creativa posible. Quizás lo que le falta a 78/52 sea ir un poco más en la línea de Room 237 de Rodney Ascer, trabajo sobre las infinitas teorías que rodean a El Resplandor (The Shining, 1980) en forma de alocado ensayo en primera persona. En otras palabras: hacer más caso a Hitchcock y tomarse menos en serio a Psicosis y por lo tanto a su propio discurso para desmitificar todo lo que rodea el filme y alejarse ligeramente del planteamiento academicista que predomina a lo largo de todo el documental. Ni que sea por momentos. Propuesta que, por otro lado, no deja de ser hipnótica en muchos sentidos y que en definitiva consigue, una vez más, que tengamos ganas de revisitar esta gran obra maestra y de volver, al fin y al cabo, al lugar donde empezó todo.

Lo mejor: Su curiosidad por el detalle y el conjunto del análisis.

Lo peor: Que no se experimente más formalmente con tal de llevar la película a un nivel superior.

Por Martí Soler Arce