En la vida no siempre hay finales felices comiendo perdices. En el cine tampoco. Por eso cuando se visionan esas historias, nos compadecemos de ellos por vivir sensaciones más auténticas. Igual es por presenciar algo menos edulcorado y que nos devuelve la idea de que el amor no es algo idílico, y que muchas veces no se acaba con quien uno quiere. Muchas de ellas han sido mencionadas en anteriores rankings, pero es que sus romances son difícilmente olvidables.

Pasemos a mencionar algunas de esas películas: Repasemos, recordemos, suframos y, sobre todo, muramos de amor una vez más.

LA NOVIA (Paula Ortiz, 2015)

Las miradas, el paisaje árido, familia opresora, muy como a Federico le hubiera gustado. Basta con ver el tráiler para quedar encandilado. Ya lo dice ella, la novia: “Y te sigo por el aire como una brizna de hierba

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DESEANDO AMAR (Wong Kar-Wai, 2001)

El ejemplo que una banda sonora decía más que los protagonistas. Con un ritmo lento y una fotografía monumental, la obra de Wong Kar-Wai destilaba un parsimonioso dolor. Por amar, claro.

BROKEBACK MOUNTAIN (Ang Lee, 2006)

Pocas cintas hacen sentir tanta impotencia al final del visionado. Ennis y Jack no lo podían tener más difícil. El pudor de la academia premió a Ang Lee como director pero se vio incapaz de reconocer esta historia de amor, otorgando el Oscar a una cinta bastante más olvidable, Crash.

LOS PUENTES DE MADISON (Clint Eastwood, 1995)

El tipo duro tiene su corazón. No hay frase más apabullante que la que se menciona en la cinta “No quiero necesitarte, porque no puedo tenerte”. Clint sabía que la historia no la podía protagonizar cualquiera y su Francesca merecía ser interpretada por una grande. Y ahí está Meryl dando una master class en toda regla de cómo sufrir por dentro y vivir en la impotencia.

EDUARDO MANOSTIJERAS (Tim Burton, 1990)

Hay historias de amor de verano, y también de navidad. Winona era la perfecta actriz para ser la dulce Kim. Y gracias a Edward, a veces, aun bailamos bajo la nieve.

EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON (David Fincher, 2009)

Fincher también sabe jugar con la fantasía, y con el amor, que nos hace soñar más que la primera. Así regalaba a Benjamin y Daisy días felices en el punto de encuentro dentro de sus caminos contrarios.

SHAKESPEARE IN LOVE (John Madden, 1999)

Hacía falta altas dosis de inspiración para escribir Romeo y Julieta. Y como sus personajes ficticios, el escritor sufriría en sus carnes eso de no poder amar a quien amaba de verdad (que conste que la película es ficción). Él, un pobre pícaro con don para la palabra. Ella, una dama de la alta sociedad. La pasión estaba cantada. Para muestra, una de las secuencias más célebres.

CASABLANCA (Michael Curtiz, 1946)

Rick se arma de valor y le dice a Ilsa que suba a ese avión. Ella, que está dispuesta a dejar a su marido, se merece otro tipo de hombre.

Siempre nos quedará Paris, a ellos y a nosotros.

Por María Aller
@Llesterday_Mary