“Nunca seré un Javier Bardem o un Al Pacino, pero sí sé que puedo ser un buen Antonio de la Torre. Hay que apostar por uno mismo”.

Entre gol y gol del Betis o del Écija, Antonio aprovechaba el poco tiempo libre que le quedaba a su azarosa vida para formarse en la escuela de Cristina Rota con un solo fin: dedicarse en exclusiva al viejo sueño inalcanzable de ser un buen actor. No lo consiguió. En lugar de llegar a esa meta, se convirtió en un GRAN actor.

No hace mucho, unos amigos y yo mismo, decidimos realizar un sano ejercicio de agudeza visual: encontrar a Antonio de la Torre en las tantas películas en las que aparezca, bien como extra, con frase, con bigote o pasamontañas. Y no es fácil. Para empezar, figura en el reparto de la gran mayoría de películas de Alex de la Iglesia. ¿Alguien recuerda su aparición en El Día de la Bestia? No, ¿verdad? Prueben viendo esto:

Por lo menos ya tenía frase… Según avanzaba el tiempo, su cara se iba curtiendo, y sus registros se iban diversificando. Pero no dejaba de ser un “Policia 3” o “Chico con flores” en los créditos. Otra de sus apariciones EXTRAordinarias fue en la deliciosa comedia Días de fútbol. Sí, hombre, sí. “Tu amor se ha ido….entre las olassss…”. Busquenlo. Una pista, comparte plano en este pequeño papel con otro de los actores de moda: Javier Gutiérrez.

Y así se iba desarrollando su vida, entre crónicas balompédicas, y papeles de cada vez de más importancia. Hasta que llega el 2006, y explota. Padre pederasta en Volver de Almodóvar (apenas son 5 minutos de un asco mayúsculo, pero eso le hace grande, transmitirlo), y el papel que le da fama, premios (Goya al mejor actor secundario) y un espacio inmenso en nuestro cine: Azuloscurocasinegro. Antonio, el yonki del amor, el violento, romántico, truhan, inocente e irresponsable contrapunto a su juicioso y reflexivo hermano, interpretado por Quim Gutierrez, a las órdenes de Daniel Sánchez Arévalo, su familia de celuloide.

Antonio de la Torre se transformó radicalmente para Gordos

Y es que desde el inesperado éxito de Azuloscurocasinegro, este trío (convertido en quinteto con Raúl Arévalo y Héctor Colomé) han trabajado juntos en Gordos, Primos y La gran familia española, cosechando éxitos individuales y colectivos. Y con la amenaza de seguir dando guerra. Cuando al director le preguntaron que por qué confiaba tanto en Antonio, y el resto de su séquito, respondió: “Me dan amor. Mucho amor. Y talento. Mucho talento. Qué más se puede pedir en la vida”. El talento, un bien escaso en el cine actual.

Pero como no solo de directores fetiches vive el hombre, Antonio decidió que no iba a ser actor de un solo registro. Mataharis de Iciar Bollaín. Cobardes, de Corbacho y Cruz. Balada triste de trompeta, por fin un protagonista con Alex de la Iglesia. Grupo 7 de Alberto Rodríguez, interpretando a un policía superado por su vida personal. De nuevo con Almodóvar en Los amantes pasajeros. El padre orgulloso y seco de la archipremiada La isla mínima… Y el que muchos consideramos SU papel: Caníbal de Manuel Martín Cuenca, donde es Carlos, un tranquilo sastre que libera a la bestia que lleva dentro comiendo mujeres con más ansia que Pepe de Masterchef.

Creo que no habría nada que no hiciese por un papel. No hay límites en el escenario, ya sabemos que el límite en la vida es la muerte, así que la gracia actuando es traspasarlos todos.” Un artista de raza, que comenzó su carrera a una edad en la que muchos ya la están acabando, y al que se le presenta un futuro dorado:

Felices 140, de Gracia Querejeta, y Hablar de Joaquín Oristrell, esperan ser estrenadas para que volvamos a hablar de este actorazo, que el próximo abril recibirá el premio Málaga – Sur a toda su carrera, en el Festival de cine español de Málaga.

 

Por J.M.C.
@Jatovader