Hans Zimmer por Dunkerque

A favor: El compositor alemán es uno de los artistas más pluriempleados del panorama cinematográfico. Desde hace años su nombre aparece en los créditos de varias películas durante la temporada, lo que dice mucho sobre su versatilidad y contrastado talento. Eso sí, El Rey León (The Lion King, 1994) es la única película por la que el músico ha recibido un premio de la Academia a pesar de algunas composiciones verdaderamente notables (La delgada línea roja, Origen, El último samurai…), lo que podría -por reincidente- darle alguna oportunidad para volver a alzarse con la estatuilla. En el caso de Dunkerque  y siguiendo la línea de los últimos años, Zimmer ha dado a luz una banda sonora contundente y, en cierta manera, muy efectiva, teniendo en el tema Variation 15 uno de sus mejores exponentes.

En contra: Si se tiene en cuenta la trayectoria del compositor, la de Dunkerque no parece la mejor opción para otorgarle su segundo Oscar. En conjunción con las imágenes de la película de Christopher Nolan, la música resulta machacona y atronadora en algunos pasajes, lo que le resta mérito a no ser que se escuche de manera independiente. Además de esa razón, sucede que la calidad del resto de trabajos nominados es bastante significativa, un virtuosismo del que la partitura de Zimmer está muy alejada esta vez.

Jonny Greenwood por El hilo invisible

A favor: Las colaboraciones de Greenwood con el director Paul Thomas Anderson no han podido ser más fructíferas. El líder de Radiohead ha encontrado en el cine otra alternativa para desplegar todo su talento, un estilo innovador y arriesgado que este año parece haber perfeccionado con la banda sonora de En realidad nunca estuviste aquí (You Were Never Really Here, 2017) y El hilo invisible (Phantom Thread, 2017). En esta última el músico británico modifica su estilo para convertir sonidos marca de la casa en acordes clásicos adaptados a la época en la que se desarrolla el film. El tema House of Woodcock es el mejor ejemplo de la lírica que contiene esta fabulosa composición, sin duda, una de las favoritas para llevarse el galardón a casa.

En contra: El peso específico de los compositores contra los que compite es el primer escollo del trabajo de Jonny Greenwood para hacerse con su primer Oscar, pues John Williams o Alexandre Desplat imponen con sólo nombrarlos. Por otra parte, y a pesar de su enorme calidad, la partitura está compuesta con ausencia de clímax, por lo que tiene una regularidad sonora que, aunque fascine a muchos, podría “aburrir” a los académicos más tradicionalistas.

Alexandre Desplat por La forma del agua

A favor: Podría decirse que Desplat es el gran favorito para alzarse con la estatuilla por varias razones: Una: la composición es bella, sensible, romántica y épica; dos: el músico francés es el predilecto de medio Hollywood tras haber demostrado durante la última década su capacidad para crear bandas sonoras conmovedoras y rotundas. En su haber se encuentran trabajos tan fantásticos como La joven de la perla (Girl With a Pearl Earring, 2003), El discurso del rey (The King’s Speech, 2010) o La noche más oscura (Zero Dark Thirty, 2012). Y tres: Desplat tiene un Oscar por El gran hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, 2014), lo que demuestra su versatilidad además de justificar su enorme colección de reconocimientos, lo que lo convierte, automáticamente, en un aspirante a repetir triunfo.

En contra: La partitura tiene fases que comparten sonidos con otro de sus mejores trabajos: El curioso caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button, 2008). Ese ligero homenaje a su propia creación, podría restar méritos a lo conseguido con La forma del agua, por lo que los votantes menos a favor del francés podrían encontrar en esa referencia el talón de aquiles de la música en el film de Guillermo del Toro.

Carter Burwell por Tres anuncios en las afueras

A favor: La trayectoria del compositor neoyorquino merece todo reconocimiento y ya nadie duda de la trascendencia de sus trabajos, sobre todo a raíz de la banda sonora de Carol (2015), para muchos, su partitura más completa y virtuosa. Sin embargo, en aquella oportunidad Burwell se quedó sin Oscar en favor de Ennio Morricone que, paradójicamente, se llevó el gato al agua cuando menos lo merecía. Esta “mala” decisión podría hacer pensar que, esta vez, la Academia decidiese darle un Oscar que llegaría con tres años de retraso.

En contra: No es, ni mucho menos, la composición más importante de Carter Burwell. Tiene temas muy pegadizos y acertados que complementan a la perfección al western moderno de Martin McDonagh, pero le falta entidad para competir con Desplat y Jonny Greenwood. A decir verdad, tiene muy pocas posibilidades.

John Williams por Star Wars: Los últimos Jedi

A favor: Ni que decir tiene que John Williams es una leyenda viva de la composición cinematográfica. Sus bandas sonoras son icono de la historia del séptimo arte y muchos de los sonidos que ha dado a luz forman parte de la cultura musical. Una vez más, la multimillonaria saga Star Wars le ha dado la oportunidad de homenajearse a sí mismo y componer temas nuevos para el culebrón galáctico con más seguidores del planeta (Tierra). Williams siempre, siempre, tiene posibilidades.

En contra: Le pese a quien le pese el maestro tiene ya 86 años y el tiempo no perdona ni a los más grandes. La inspiración menor se ha notado en sus últimas composiciones para el cine, pues Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars. Episode VII: The Force Awakens, 2015), Mi amigo el gigante (The BFG, 2016), o, ahora, Star Wars: Los últimos Jedi (Star Wars: The Last Jedi, 2017) no han sido trabajos tan relevantes como cabía esperar. Sólo Lincoln (2012), La ladrona de libros (The Book Thief, 2013) o Los archivos del Pentágono (The Post, 2017), sin ser brillantes, han equilibrado la balanza de su irregular última década. Los últimos Jedi tiene tramos emocionantes y siempre reconocibles, pero le falta el ingrediente de lo nuevo y la sustancia para hacer frente a las rivales más importantes.

Por Javier G. Godoy
@blogredrum