A finales del año 2011, un desconocido Charlie Brooker estrenaba sin demasiado ruido en la cadena británica Channel 4 una miniserie de tres episodios independientes de una hora de duración centrados en la tecnología y sobre cómo puede esta llegar a afectarnos. Lo que en un principio parecía la enésima propuesta televisiva de ficción distópica al uso, dejó boquiabiertos a los espectadores más escépticos presentándoles un producto extraordinario, exquisitamente realizado y con el extra añadido de reflexión filosófica sobre si realmente esta es la sociedad en la que nos gustaría vivir.

Tras su emisión y gracias al boca a boca posterior, la serie terminó por convertirse en una obra de culto, hasta que hace tan sólo unos meses Netflix estrenó su tercera temporada como producción propia. Y es que Black Mirror es una serie necesaria para abrirle los ojos a todos los que aún no se han dado cuenta que estamos más cerca de lo que creemos de llegar a ese futuro, que bien podría ser mañana mismo, y al que nos dirigimos a pasos agigantados. Tan sólo hay que pensar en lo que un día llegó a decir el propio Brooker en una entrevista, “Si existiese un smartphone que sólo se pudiese recargar renunciando a diez minutos de vida, la gente lo haría’’.

Desde la web, queremos recomendar cinco de sus perturbadores episodios, además de etiquetar como imprescindible este trabajo para todos aquellos que aún no se hayan acercado al fenómeno seriéfilo. 

El himno nacional (The National Anthem, 1×01)

El capítulo con el que descubrimos la serie y que nos dejó a todos impactados con una premisa demencial y mordaz a partes iguales. La princesa Susannah ha sido secuestrada y el primer ministro del Reino Unido deberá mantener relaciones sexuales con un cerdo en televisión frente a todo el país para que sus captores la liberen. Partiendo de un conflicto ético tan grotesco como impensable, este primer episodio aprovecha para hacer hincapié sobre el poder de los medios de comunicación y las redes sociales en el eterno debate de lo que es moral y lo que no. Un extraordinario capítulo para plantearse ciertas cosas y desde luego no dejar indiferente a nadie.

Toda tu historia (The entire history of you, 1×03)

Seguramente, el episodio más alabado por los fans. Un chip implantado en la oreja graba todo lo vivido para que cuando queramos podamos rememorar nuestros recuerdos una y otra vez proyectándolos en una pantalla o a través de nuestros propios ojos.

Con cierto aire a elementos del sci-fi de los 90 como Desafío total (Total Recall, 1990) o Días extraños (Strange Days, 1995), la historia nos plantea una interesante propuesta sobre cómo este avance tecnológico podría llegar a influenciarnos de manera enfermiza tanto a nivel personal como sentimental. A su vez, deja como devastador mensaje subliminal el hecho de que para el ser humano “la ignorancia es la mayor felicidad’’

Ahora mismo vuelvo (Be right back, 2×01)

Probablemente, este sea el guión más redondo y elaborado de toda la serie: una joven pareja de novios se muda a una casa en el campo, él está enganchado a las redes sociales y ella esta esperando un bebé. Un día un trágico suceso cambiará sus vidas para siempre.

Puede parecer a simple vista que este capitulo nos habla de la dependencia tecnológica o de la privacidad de datos en las redes sociales, aunque realmente nos está hablando de sentimientos. Aquí, Charlie Brooker refleja de manera magistral el lado más humano y vulnerable de las personas mostrándonos hasta dónde seríamos capaces de llegar por el amor y la añoranza hacia un ser querido. Una mezcla perfecta de ciencia ficción y romanticismo maravillosamente interpretada por los en ese momento practicamente desconocidos Hayley Atwell y Domnhall Gleeson.

Caída en picado (Nosedive, 3×01)

Una sociedad en la que todo el mundo es puntuado por sus acciones como si se tratase de una red social, es la premisa de este magnifico primer episodio que inaugura la tercera temporada. La historia es una descarada crítica a las nuevas formas de comunicación vía internet y al tan controvertido ‘postureo’ en la que nadie vale por lo que es sino por lo que aparenta ser.

Con una Bryce Dallas Howard sublime, creando un personaje tan ingenuo como manipulador, tan correcto como alocado, pero, sobre todo, tan adorable como despreciable, tenemos frente a nosotros el capitulo más divertido y cómico de las tres temporadas. Cabe destacar una bellísima fotografía color pastel, unos planos impecables y la esplendida banda sonora de Max Ritcher, que construyen en su conjunto una historia exquisita, aunque puede que algo empalagosa para quien no le guste el dulce. 

Cállate y baila (Shut up and dance, 3×03)

La premisa de la historia, a simple vista, ya es muy suculenta: un joven de diecinueve años se ve obligado a colaborar contra su voluntad junto a otro hombre en una serie de pruebas, siguiendo las instrucciones de un desconocido a través de su móvil.

Sin duda, nos encontramos ante el capítulo más oscuro y retorcido de todos, donde la ciencia ficción desaparece para dejar paso a un angustioso thriller que mantiene al espectador enganchado a la butaca sin saber dónde terminará llevándole la historia. El episodio resulta es un mazazo a la moral que nos golpea sin piedad y nos hace reflexionar, esta vez, no sobre los peligros de la tecnología, sino sobre la justicia, la ética y la naturaleza humana.

Por David Areces