El director Yeon Sang-Ho, hasta ahora especializado en thrillers de animación (The Kings of Pigs, The Fake) firma con este su primer largometraje de imagen real. Enorme éxito en el box-office sur-coreano, el filme respeta la mayoría de los códigos estructurales del género (epidemia con incubación relámpago, mordeduras sangrientas y zombis rabiosos), pero con un matiz: la tensión se mantiene desde el principio hasta el final gracias a la inventiva de un guión con pocas lagunas. En efecto, Train to Busan sorprende por una dinámica que se instala pocos minutos después de su comienzo.

Seúl. Algo raro está pasando, al amanecer reina un silencio inquietante. Seok Woo (Yoo Gong) un atareado broker y y su hija de seis años Soo-an (Soo-an Kim), viajan en tren a Busan por petición de la pequeña y para celebrar su cumpleaños junto a su madre. A pesar de sus responsabilidades, el padre acepta a regañadientes y decide emprender el viaje con ella. Todos los pasajeros suben a bordo, y, justo cuando suena el pitido del último aviso, se cuela una misteriosa chica acarreando una temible epidemia.

La mayor parte de la historia se desarrolla dentro del tren, convertido en una balsa de último recurso y, a la vez, en una bomba de relojería cuyos vagones se van contaminando inexorablemente uno tras otro. El terrorífico efecto de bola de nieve provoca que los pocos que sobreviven al virus no sólo tengan que huir hacia la parte delantera del tren, sino atravesar los vagones infectados en un ejercicio de valentía y desesperación como nunca hubiesen imaginado. A la vez, tendrán que enfrentarse con la maldad y la mediocridad humana en una abominable huida que resulta ser un brutal viaje hacia el coraje, la solidaridad y la responsabilidad.

Es precisamente esta recuperación de la función social del género de zombis lo que hace especial al film de Sang-Ho. El realizador traza un panorama del comportamiento humano aún más aterrador que el de los que los persiguen, al igual que lo hacía George A.Romero en sus películas. Tanto como su director favorito, Sang-ho Yeon se muestra igual de tajante a la hora de criticar el capitalismo y el individualismo, machacando específicamente el mundo de los bancos y de las finanzas. Este fondo político-social ya estaba presente en su película de animación Seoul Station (2016).

© Next Entertainment World

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Por su parte, el tren es un elemento estimulante dentro del cine ya que ofrece un espacio estrecho donde los personajes pueden esconderse o luchar, en Train to Busan el director sabe explotar al máximo este claustrofóbico espacio: cada esquina, pasillo, puertas corredoras, baños… todo se convierte en un elemento importante parte de la narración. La angustia y la asfixia, paralelismos que nos recuerdan a Rompenieves (Snowpiercer, 2013), se hacen más aterradoras debido al confinamiento de los personajes en un tren que se mueve cada vez más deprisa hacia Busan, lugar que alberga la esperanza de encontrar una ciudad supuestamente libre de la siniestra epidemia.

Encabezada por la sorprendente y pequeña actriz Kim Soo-an, quien ha sabido interpretar su papel (nada fácil) de manera brillante y transmite sus emociones con una intensidad estremecedora. Train to Busan no pretende revolucionar el cine de género, pero sí resultar una zombie movie efectiva y marcada por un encadenado de eventos discontinuos a través de sorprendentes escenas de acción poseedoras de un ritmo frenético y una perfecta puesta en escena. Con todo y con esto, la película acaba por ser un atípico blockbuster y, sin lugar a dudas, uno de los mejores trabajos del género en estos últimos diez años.

Lo mejor: la escenificación de la trama en un entorno cerrado y el trabajo de la pequeña Soo-an Kim.

Lo peor: cierta falta de desarrollo del personaje de Seok Woo.

Por Ibtissem Chikhaoui
@Maya_bcn