En el año 2002 Todd  Haynes realizó Lejos del Cielo un melodrama al estilo de las películas de Douglas Sirk que criticaba el cinismo imperante en la sociedad estadounidense de los años 50 y ponía en valor lo difícil que era para un hombre de aquella época reconocer su homosexualidad. Esta película ahora parece una especie de precuela de Carol, porque si era difícil ser un hombre gay, por lógica no debería de ser más fácil declararse lesbiana, ya que a la homofobia social se le une en este caso el machismo.

La nueva película de Todd Haynes se ocupa de poner en imágenes la única novela que Patricia Highsmith tuvo que escribir bajo un seudónimo. La célebre escritora se dedicó a narrar durante su carrera los crímenes más perversos y salvajes firmando siempre con su propio nombre, pero para contar una historia de amor entre dos mujeres tuvo que ocultar su identidad. Este hecho es significativo y muestra que un amor así era el peor crimen que se podía cometer entonces. Este espíritu pervive en la versión cinematográfica ya que en Carol asistimos a una historia de amor y a la vez al viaje de huida de dos convictas.

La potencia de la historia reside justo ahí. En ocasiones ese clima de cine negro recuerda al estilo de Lolita (S.Kubrick. 1962). El amor prohibido del profesor Humbert por Lolita sigue siendo algo más que éticamente cuestionable a día de hoy, pero aunque queda mucho camino por recorrer, la criminalización del amor entre dos personas del mismo sexo parece estar superada por la mayoría de la sociedad.

Carol es una historia llena de pequeños detalles. Lo mejor de la película son sin duda las sutiles actuaciones de las dos protagonistas. Cada gesto y cada mirada hacen avanzar la historia a fuego lento como se debían de cocinar aquellos delicados amores. En cada uno de los encuadres todo el peso narrativo recae sobre ellas dos. Pese a que el ritmo es tan lento que pueden terminar resultando algo tediosos algunos pasajes, el resultado final es, sin duda alguna, una película única y fascinante.

Lo mejor: las interpretaciones y su tono de película romántica mezclado con cine negro.

Lo peor: su ritmo apropiado para la historia puede resultar lento para algunos espectadores.

Por Alberto Sierra
@albegto