En los últimos años la tecnología está adquiriendo cada vez más fuerza y nuestras vidas están regidas por mastodontes de la comunicación como Google, Facebook, Twitter o Snapchat. Todas estas Redes Sociales se han anclado en nuestro quehacer cotidiano y aunque hay que reconocer sus numerosas ventajas, su mal uso genera a veces unas consecuencias desastrosas. Es exactamente esta realidad social la que ha querido poner de manifiesto el joven director James Ponsoldt, especialista en cine indie (Aquí y ahora (2013), El último tour (2015)), que ahora adapta el best-seller de David Eggers, con quien ha co-escrito el guión.

En este drama orwelliano, cuyo vector es el totalitarismo participativo, el director pone en escena a Emma Watson (Harry Potter, Las ventajas de un marginado) en el papel de Mae Holland, frente a un monstruo de Hollywood, Tom Hanks, que parece que los años no pesan en él y se mantiene tan activo y vivo como nos tiene acostumbrados. En el reparto también encontramos a John Boyega (Star Wars: el despertar de la fuerza), Ellar Coltrane (Boyhood) y Bill Paxton (Apolo 13, Un plan sencillo) que falleció el pasado mes de febrero y a quien está dedicada la película.

La historia gira en torno a Mae Holland, una mujer ambiciosa e idealista. Acaba de integrarse en El círculo, la empresa tecnológica y social más poderosa del mundo cuyo decálogo se basa en mandamientos como: “Los secretos son mentira”, “Privacidad es robo”. Además, la empresa acaba de crear un innovador sistema operativo llamado Truyou donde se fusionan direcciones de email, perfiles de redes sociales, operaciones bancarias y contraseñas de usuarios, en pos de una nueva era marcada por la “transparencia”. En cada momento, todas sus actividades, ya sean personales o profesionales, tienen que ser grabadas, comentadas y compartidas en las redes sociales del consorcio. Está lejos de imaginar el impacto que va a tener en su vida.

Este largometraje sigue la línea de películas distópicas como Gattaca (1997), El show de Truman (The Truman Show, 1998), Transcendence (2014), o Nerve, un juego sin reglas (Nerve, 2016), films que suponen un profundo cuestionamiento en cuanto a nuestra evolución y relación con la tecnología. En la misma línea, también cabe mencionar la genial serie creada por Charlie Brooker, Black Mirror.

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El director americano aporta su grano de arena haciendo una crítica de un mundo en el cual la libertad personal sería ya una utopía, si bien es cierto que esta temática no está muy alejada de nuestra realidad; recordemos los propósitos quiméricos de Mark Zukerberg en 2011. El fundador de Facebook declaró: “creemos que construir herramientas para compartir puede generar un dialogo más honesto y más transparente en el gobierno, lo cual puede llevar a una gran emancipación del pueblo, y a más responsabilidad para los elegidos”.

Ponsoldt, relativamente hábil, hace pasar el mensaje sobre los peligros de Internet y nos enseña en qué podríamos llegar a convertirnos. Seguramente, esta oda a la libertad individual convertida en sátira de un mundo formateado, no pase a la historia del cine, pero sí queda clara su intención de obtener una moraleja en forma de advertencia en estos días de peligrosa globalización.

Lo mejor: el encanto y frescura de Emma Watson, sin mencionar a Tom Hanks, que lo borda en cada actuación.

Lo peor: resulta un thriller poco dinámico cuyos diálogos acaban siendo ligeramente simplistas.

Por Ibtissem Chikhaoui
@Maya_bcn