Si por algo es admirada mundialmente la brillante (aunque bastante desconocida) carrera de Peter Watkins es por ser uno de los máximos exponentes (y prácticamente de los creadores) del llamado docudrama o falso documental. En 1959 iniciaba su andadura con The Diary of an Unknow Soldier, recreación desde un punto de vista casi de noticiario televisivo de la vida de un soldado durante la I Guerra Mundial. Después de la repercusión de este primer trabajo, Watkins comenzó a realizar tareas de producción en diferentes canales de TV hasta que la todopoderosa BBC le ofreció la posibilidad de rodar dos proyectos en el mismo “formato” que su debut: Culloden (1964) del que hablaremos ahora y The War Game (1965) hipotético documento sobre las consecuencias de una guerra nuclear en Inglaterra.

En la cinta el cineasta británico recrea una la última gran batalla britano-escocesa del s.XVIII en territorio escocés, la de Culloden, que tuvo lugar el 16 de Abril de 1746 y que enfrentó a los Jacobitas contra los partidarios de la Casa de Hánover durante el levantamiento de los primeros, que pretendían restaurar en el trono inglés a la Casa de los Estuardo, coronando al hijo de Jacobo III, Carlos Eduardo. Los Jacobitas, apoyados por los clanes escoceses de los Highlands, no pudieron vencer en la batalla ya que frente a ellos se encontraba uno de los ejércitos más poderosos de la época. Watkins no sólo se conforma con relatar la batalla, sino que también nos muestra las terribles y salvajes represalias que tomaron los vencedores sobre los vencidos: asesinatos de familias al completo, abolición de muchos derechos feudales a los clanes escoceses  e incluso la supresión más absoluta de cualquier atisbo cultural (tartán, kilt o las gaitas fueron prohibidas por ser consideradas armas de guerra).

Pero si por algo resulta brillante la propuesta de Watkins es por la forma en como está desarrollada, ya que a la recreación histórica de dicha época se le unen las técnicas documentales contemporáneas simulando un seguimiento informativo de la batalla a pie de campo: voz en off que contextualiza las acciones y situaciones, entrevistas a los contendientes (en primerísimos planos) dirigiéndose directamente a cámara y al espectador para relatar su papel en el conflicto y cuáles han sido sus motivos para acudir al mismo (descubriendo que muchos de los contendientes fueron obligados a librar tan cruento enfrentamiento), las tácticas militares que pretendían utilizar los generales al mando e incluso los momentos más cruentos de la batalla. De esta forma el director consigue, además de personalizar con cara y nombres lo que en los libros de Historia simplemente son números (mediante actores no profesionales para dotar con un plus de veracidad al conjunto), crear un discurso no exento de cierta crítica a la especulación y manipulación documental/informativa de los medios hacia los conflictos bélicos, gracias a mantenerse en esa fina línea que separa el documental de la ficción y que cuestiona continuamente la naturaleza de las imágenes y de la representación que estamos viendo.

Recrear un hecho sucedido hace más de 200 años pero mediante técnicas actuales, algo que Watkins continuó desarrollando en su carrera y que llegaría a su máxima expresión en, probablemente, una de las 10 mejores películas realizadas en el siglo XXI, la titánica La Commune (Paris 1871). Si os atrevéis con una propuesta original (además de pedagógica) que rompe con muchos de los convencionalismos que arrastraba el género documental televisivo de la época (la extrema violencia de algunas imágenes desató la polémica de si era adecuado para emitirlo por dicho medio), no lo dudéis, ya que Culloden se erige como una de las más radicales y políticamente incorrectas reflexiones sobre la auténtica contribución que realizan los medios a la sociedad, superando el contexto histórico mostrado, y convirtiéndose en una de las mayores alegorías atemporales alrededor de la guerra y sus consecuencias.

Por Jose Antonio Bracero

@Bracero666