El aclamado director francés Jacques Audiard vuelve por enésima vez y en la misma tónica de toda su filmografía a abordar temas sobre la marginación social, realidades sobre la existencia y descensos a infiernos particulares. En Dheepan, la discutida última Palma de Oro en Cannes, el realizador narra la odisea de tres ciudadanos de Sri Lanka que, huyendo de los últimos coletazos de la guerra civil en su país, consiguen llegar a Francia. Allí, colocados a golpe de discutible solidaridad gubernamental, convivirán en un suburbio fingiendo ser una familia.

Audiard, de 63 años, puede presumir de ser uno de los directores franceses más valorados por la cinematografía mundial. Su incursión en el submundo de las mafias y sus distintos estados y jerarquías en la fenomenal Un profeta o esa desgarradora historia elevada al olimpo de las carteleras del 2008 que fue De óxido y hueso, mostraron su obsesión por las historias de fuerte trascendencia social e importante definición de personajes, a los que expone hasta las últimas consecuencias. También lo hacía en De latir mi corazón se ha parado, donde Romain Duris nos provocaba sentimientos encontrados gracias a Tom, el atormentado protagonista del filme de 2005.

Esta implicación sin límites aparentes ni complejos, enormemente efectiva en la pantalla, ha hecho de la filmografía de Audiard un referente absoluto al que continuar siguiendo de cerca. El crecimiento del cineasta como narrador de historias y crónica social ha sido imponente en sus últimos largos y en Dheepan, aunque fiel a la esencia, parece haberse dado un pequeño descanso. No es que el filme sea peor que el resto, pero parece en exceso respetuoso con sus predecesoras a las que mira por debajo del hombro sabiéndose inferior a priori.

Con esto y con todo, la película contiene muchos de los ingredientes que el espectador busca en el cine de Audiard. La puesta en escena es sencilla y la narrativa parece huir conscientemente de los golpes de efecto que sí eran necesarios en filmes anteriores. Solo asistiremos a un momento de clímax, quizá el tramo menos definido de Dheepan, que sirve como desenlace algo ruidoso si lo comparamos al resto del metraje, sutil y pausado, implacable en su trasfondo pero suave en sus formas.

© Why Not Productions / Page 114

© Why Not Productions / Page 114

Jesuthasan Antonythasan es en parte responsable de muchas de las virtudes de Dheepan. El actor, de cortísima filmografía, muestra una fuerza interpretativa digna de alguien con más veteranía, siendo su trabajo uno de los puntos fuertes de la película. Presente en casi todas las secuencias, muchos de los planos que protagoniza se tornan poéticos, incluso místicos, dicho sea de paso, otra de las características de la manera de rodar de Audiard: su cámara es por momentos una pluma que dibuja en un papel, apelando a la lírica del cine, eso que es tan difícil de conseguir.

Por supuesto, no podemos olvidar a Kalieaswari Srinivasan y Claudine Vinasithamby, ambas maravillosas como la “esposa” y la “hija” del soldado Dheepan. Algunas de las escenas que comparten los tres son las mejores de la película, tramos rociados de sensibilidad que se transforman en abanderados del interesante guión de Audiard, Thomas Bidegain y Noé Debré.

Lo mejor: el pulso de Audiard para relatar el drama humano.

Lo peor: alguna trama a la que haberle sacado algo más.

Por Javier G. Godoy
@blogredrum