Algunos de los redactores de REDRUM os proponemos nuestros documentales favoritos. Un género en alza que, en muchos casos, supera la calidad y el impacto de las propias películas que se ven durante el año. Hay de todo tipo de géneros pero lo que está claro es que muchos de los trabajos que pueden verse a lo largo de la temporada no te dejan indiferente. ¡Tomad nota!

COMO SOBREVIVIR A UNA PLAGA (David France, 2012). Por Javier Gómez.

El documental de David France es un alegato tremendo sobre la valentía, no solo de las personas que se enfrentaron al SIDA, una enfermedad por aquel entonces casi mortal que las condenaba de por vida y las arrastraba poco a poco hacia la pérdida total de dignidad, sino también de aquellos que, a pesar de ese enorme y penoso lastre, lucharon para que el mundo oyese su grito desesperado y para que aquella inepta administración, la de Ronald Reagan, admitiese los errores que se habían cometido y cuyas consecuencias eran miles de muertes en los Estados Unidos.

Lejos de mostrar debilidad, esos hombres emplearon todas sus energías; cultural, psicológica y, lo más llamativo, también físicamente, pusieron todo su potencial al servicio de una lucha enormemente justificada y torpemente ilegalizada.

Como sobrevivir a una plaga es un fabuloso trabajo documental con momentos de gran intensidad y demoledor en su tratamiento de la problemática. Absolutamente recomendable, ya no solo por ser testigos del coraje que mostraron aquellas personas, sino para comprobar, una vez más, la estupidez de los gobiernos conservadores que se empeñan en olvidarse de lo que realmente pide a gritos su pueblo. Esta vez lo sufrieron los enfermos de SIDA, pero su historia es la de otros muchos grupos de población que se enfrentan a batallas similares.

 TRECE ENTRE MIL (Iñaki Arteta, 2005). Por David Peñaranda.

El fotoperiodista y director Iñaki Arterta, dirigió en el año 2005 este magnífico y necesario documental. La historia de la infamia del terrorismo etarra, que dura más de medio siglo, contada por boca de trece familiares de víctimas, las grandes protagonistas de todo este horror, pero, al mismo tiempo, las más olvidadas.

Y es que se hace duro ver como, tras el ruido de las bombas y las balas, ha venido, para la mayoría de estas víctimas y sus familias, el mayor de los silencios: el silencio del olvido y del abandono.

Aunque algunos querrán ver un uso partidista en este documental, al dar voz exclusivamente a las víctimas, lo cierto es que no existe una voz en off que pueda dirigir tu pensamiento con la intención de buscar razones donde no las hay. El director, en un gran trabajo de documentación, deja que sean ellas, las víctimas, algunos con la mirada perdida, otros con la voz temblorosa y casi todos con el ánimo hundido, y muchos años después de sus tremendas heridas, quienes narren sus desgarradores relatos, entre la resignación y el dolor eterno.

Los documentales, como el propio cine, no siempre nos van a mostrar la cara amable de la vida. Y éste, desde luego, es de todo menos amable. Pero es un homenaje y una voluntad de recordar a todos aquellos que, sin saber muy bien aún por qué, perdieron su vida por lo que algunos siguen llamando “el conflicto vasco. ¿Qué sabrá de este concepto esa joven que dice poner una y otra vez una cinta de vídeo de su hermana asesinada para no olvidarla?.

Un documental incómodo de ver, y en el cual es fácil que afloren las lágrimas. Pero no olvidemos nunca a las víctimas, porque sería olvidarnos también de nosotros mismos.

THE LOOK OF SILENCE (Joshua Oppenheimer, 2014). Por María Aller.

Segundas partes fueron buenas, como sucede con el caso de The Act of Killing. Superar esa declaración que Joshua Oppenheimer y su equipo lanzó al mundo era muy difícil, pero lo consiguieron. Su antecesora mostraba el mayor de los horrores con mucho color, risas y bella naturaleza paradisíaca. Ver a unos opresores recordando sus hazañas con simpatía era un espectáculo tan dantesco como único.

¿Se podía superar tal impacto? Sí, aunque cueste creerlo.

Pocas cosas se pueden decir de The look of silence. Su testimonio congela de lo que estremece; uno sale de la sala con una sensación diferente. Tanta contención, tanta rabia y tanta desinformación por parte del resto de la humanidad, expuestos de una manera diferente a la que el público está habituado, merece verse en pantalla grande.

La producción es una gran proeza narrativa. Con más silencios expresa mucho más que manuscritos sobre psicología o historia. Mejor ahorrar detalles aquí para que se aprecie mejor. Seguirá petrificando a multitudes, bien sea en Berlín, Madrid o en las salas afortunadas del mundo que la proyecten.

MAN ON WIRE (James Marsh, 2008). Por Gerard Gomila.

El 7 de agosto de 1974 amaneció con una figura apenas visible, bamboleante y fantasmal, en el cielo de Nueva York. Una sombra que se percibió como una luz incandescente. Esta aparición inusual tomó la forma de Philippe Petit, un funambulista que cruzaba las Torres Gemelas caminando sobre un cable. Sin red de ningún tipo, balanceándose entre la vida y la muerte.

De aquí a que hable de sueño: los sueños, como la poesía, cabalgan entre la vida y la muerte. Tras esa proeza, fue detenido pero quedó en libertad y se convirtió en una celebridad. El documental se concentra en esta proeza, en sus riesgos, peligros y dificultades que se cruzan en su camino. Se entrecruzan entrevistas con el equipo de amigos que le ayudó con la hipnótica y, a ratos, excéntrica manera de relatar del propio Philippe Petit que sigue la narrativa del libro que escribió para contar esta proeza.

El pulso del documental, su edición es impecable. Su realizador, James Marsh (La Teoría del Todo, Agente Doble)  consigue capturar la emoción y la excitación del equipo que participó en el que se consideró “el crimen artístico del siglo”.En todos los sentidos, es un documental que atrapa al espectador y le introduce en el riesgo y la intriga, hasta su conclusión, llena de belleza y poesía. Una reflexión sobre la importancia del arte, de la vida y del triunfo de una visión que conlleva tanto peligro en sí misma que la única recompensa posible es la grandeza.

El film se alzó con el BAFTA a la mejor película británica y una nominación al OSCAR a la mejor película documental.