Imponente y sobrecogedora. Así es la secuela de El origen del planeta de los simios, una segunda parte que volverá a conquistar a crítica y público. Sin duda.

Matt Reeves, director de esta segunda parte de la saga y de, entre otras, Monstruoso, mantiene en esta ocasión aquel pulso firme con el que Ruppert Wyatt consiguió hacer de la entrega inicial una de las mejores películas del 2011. Un desafío técnico que alcanzó altísimas cotas de calidad y que puso en boca de todos la enorme capacidad de Andy Serkis, un actor que ha hecho de la captura de movimiento un arte y para el que muchos pidieron una nominación.

© Fox

El amanecer del planeta de los simios es ya, seguro, una de las mejores secuelas de la Historia del Cine. Muchos pensaréis que esta afirmación es algo precipitada, pero cuando veáis esta maravilla entenderéis que no es exagerado decir, incluso, que supera a su acertadísima predecesora. La propuesta es, a muchos niveles, más compleja técnicamente y el mérito está en no haber perdido ni un ápice de la humanidad que alumbró brillantes secuencias en la primera parte. En la película de Reeves asistimos a tres o cuatro escenas de gran peso emocional fruto de su credibilidad y gran sensibilidad, rodadas de manera magistral. Estos momentos hacen perfecta réplica y dan el sentido necesario a las partes de acción que, inevitablemente, se tornan más aparatosas.

Como decía al principio de la crítica, mención especial merece un artista sorprendente: Andy Serkis. El actor londinense repite en su interpretación de César, el impresionante líder de los simios, y vuelve a dotar al personaje de un carisma y una personalidad que convierten esta creación digital en un referente único. César es, con diferencia, la figura más importante de la película. Su presencia es sencillamente monumental y la causa de esto es un guión muy lúcido y el trabajo de Serkis, que a estas alturas y después de haber sido Gollum, King Kong y este simio inteligente, merece todos los premios habidos y por haber.

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Todo, o casi todo, son aciertos en la película. Pocos son los puntos flacos de una producción redonda a todos los efectos. Los secundarios (humanos o simios) ofrecen un gran trabajo y consiguen fortalecer la brutal puesta en escena. Michael Giacchino, por su parte, compone una partitura de gran potencia, muy a la altura del frenético montaje que propone Matt Reeves y que hace de sus 130 minutos de duración uno de los mayores entretenimientos de la temporada. Magnífica.

Lo mejor: la imponente figura de César.
Lo peor: un desaprovechado Gary Oldman.

Por Javier Gómez
@blogredrum