Renovarse o morir. Ese es el cimiento para sobrevivir en todo menester de la vida. El cine bien lo sabe, y el patrio aún más. En los dos últimos años, la industria cinematográfica evoluciona difícilmente, pero a pasos de gigante con películas tan dispares, tan originales y que poco deben envidiar a las de Hollywood. Así se desquita de los típicos clichés y se reinventa mientras que traspasa rocas en su travesía hacia las salas.

Aquí van once ejemplos claros:

LA CUEVA

Una aventura de verdad. Una proeza la de Alfredo Montero al meter a sus cinco actores y al equipo en una gruta; todo para rodar y personificar la angustia a la perfección.

 10.000 KM

Una historia de amor en la distancia. Muy generacional, intimista pese al trecho que les separa y con una pareja de actores maravillosos. ¿El culpable? Carlos Marqués-Marcet.

 EL NIÑO

No sólo son argumentos intimistas lo que nutre la filmografía española. También hay sitio para la acción, y Daniel Monzón lo ha demostrado muy bien haciendo la competencia a Michael Bay.

LA ISLA MÍNIMA

Alberto Rodríguez bien podría ser el equivalente a Fincher. Pese a las distancias entre el estilo del director de Perdida y el sevillano, la última película de éste último encumbra su filmografía.

GENTE EN SITIOS

Un cúmulo de diversos sketches con diferentes tintes, cada actor de su padre y de su madre, una vuelta de tuerca a la narrativa asidua. Todo junto es una apuesta arriesgada firmada por Juan Cavestany.

MAGICAL GIRL

Carlos Vermut se ha llevado la Concha de Oro gracias a una obra única. Porque tiene estilo y trasfondo, sabe contar un relato y lo más importante: inquieta al público.

 LOS ILUSOS

Se nota quien mama películas desde su más tierna infancia. Jonás Trueba grababa esta crónica del cine repleta de encanto y mensaje.

 3 BODAS DE MÁS

Javier Ruiz Caldera estrenaba al finales del año pasado un blockbuster basado en una prota torpe, ex novios peculiares y bodas de por medio. No, no es un producto yanqui, sino ibérico.

OPEN WINDOWS

Una quebradura de cabeza en postproducción, seguro que Nacho Vigalondo da fe. Y un resultado que está a la altura de cualquier thriller experimental que se haga en Hollywood.

 AUTÓMATA

Antonio Banderas confió en Gabe Ibáñez para producir un guion perteneciente a un género apenas tocado en España: la ciencia-ficción. Podrá gustar menos o no, pero la cinta supone un avance bestial en lo que a pluralidad fílmica se refiere.

 STOCKHOLM

Otra relación chico-chica que rompió moldes el año pasado. Por su producción, por la pareja y por un guion tan maravilloso como auténtico. De nuevo, enhorabuena, Rodrigo Sorogoyen.

Por María Aller

@Llesterday_Mary