A tenor del estreno de Glass (2018), última entrega de la trilogía que comenzó la fabulosa El protegido (Unbreakable, 2000), viene muy al caso recordar el excelente trabajo del tantas veces infravalorado James Newton Howard, autor de partituras a la altura de los mejores compositores. El príncipe de las mareas (The Prince of Tides, 1991), Viven (Alive!, 1993) o El fugitivo (The Fugitive, 1993) lo colocaron entre los destacados de la década de los 90, aunque serían sus colaboraciones con el realizador M. Night Shyamalan en El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999), El protegidoSeñales (Signs, 2002), El bosque (The Village, 2004), La joven del agua (Lady in the Water, 2006) o El incidente (The Happening, 2008) las que sacaron lo mejor del repertorio de Howard para acabar por convertir su trayectoria en una colección de impecables soundtracks.

Lo fascinante de su elegante composición para la banda sonora de El Protegido es que el músico demuestra total versatilidad. A pesar de que la mayoría del álbum está construido a base de melodías de instrumentación clásica, Newton Howard decide romper la dinámica con Visions, el tema principal del film, bastante alejado del tono minimalista de casi todo el resto de tracks y abanderado por unos rotundos sonidos de percusión de una cadencia cercana a lo marcial. Esas notas, como sacudidas para el espectador, hablan de épica, de aquella que no se busca pero que el destino ya tiene preparada para nosotros hace mucho tiempo. Howard entendió a la perfección el concepto del héroe inesperado y cómo debía musicalizar la representación de ese hecho inevitable y los daños colaterales de ser muy diferente al resto.

De esta manera, el compositor nacido en Los Ángeles hace 67 años, hace transitar su trabajo musical entre las pausadas melodías de clásicos como Jerry Goldsmith o John Williams cuando apela a la nostalgia o al matiz existencial del relato de Shyamalan, con la de músicos más dados a experimentar con los sonidos cinematográficos. Newton Howard resuena al Hans Zimmer más contundente –con el que después colaboraría para dar a luz Batman Begins (2005) y El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008)- a la vez que ya daba muestras de una intención manifiesta, en temas como Reflection of Elijah, por hacer protagonistas en trabajos venideros instrumentos como el violín o el cello.

Por Javier G. Godoy
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