El género de fantasmas y casas encantadas debe ser uno de esos rincones del séptimo arte donde parece no haber cabida para nada más. Podríamos ponernos a contar las películas de esta temática y morir en el intento. Tal es el número que, por probabilidad, encontraríamos auténticos clásicos o verdaderas aberraciones que hacen de esta categoría de películas un género muy controvertido.

Al Final de la Escalera” de Peter Medak, “El Resplandor” de Kubrick o “El Ente” de Sidney J. Furie, forman parte de una interesante lista de filmes que nos pusieron a todos los pelos de punta y que podría completarse con una decena de cintas que cualquier aficionado al género recordaría. Sin embargo, el chollo pareció acabar una vez que, a finales de los noventa, crítica y público se exasperaban hartos de tantos lugares comunes.

Solo unos inspirados M. Night Shyamalan con “El Sexto Sentido” o Alejandro Amenábar y la estupenda “Los Otros“, conseguían mantener con vida un género por el que comenzaba a perderse el interés, por la masificación de tópicos que comentaba antes y por la producción indiscriminada de películas verdaderamente malas.

Entonces apareció James Wan. El director, nacido en Malasia hace 36 años, comenzaba su andadura internacional con la primera parte de la saga “Saw“, a la que seguirían las más o menos interesantes “Silencio desde el Mal” y “Sentencia de muerte“. Pero no sería hasta la llegada de “Insidious” cuando los que disfrutamos con el género, nos dimos cuenta de que había una luz al final del túnel. Wan parecía haber encontrado la inspiración para recuperar con ciertas garantías la buena dinámica de antaño.

Es ahora, con el estreno de “Expediente Warren“, el momento en el que Wan muestra mayor madurez, pulso firme y mejor uso de los recursos cinematográficos. Esta nueva y terrorífica incursión del director en historias de fantasmas es el mejor exponente de la evolución de su carrera y, además, se convierte en el mejor filme de esta temática de los últimos diez años.

Con todo y con esto, la película no es perfecta, ni mucho menos. Se pueden apreciar a lo largo del metraje las manías del director, costumbres que, por repetitivas, convierten algunas escenas en ligeros dèjá vus. El abuso de medios para asustar, como las marionetas de aspecto siniestro, el exceso de maquillaje, o el uso algo desmesurado de la música en los momento de clímax, resulta un poco agotador, por lo que el resultado será menos artificioso y mejorará cuando Wan se modere en este sentido.

A pesar de esto, la factura técnica de la película es lo mejor de la misma. La fotografía de John R. Leonetti, enfatizando los minutos de mayor tensión mediante la técnica de “cámara en mano“, el diseño de producción que logra trasladarnos con eficacia a los años setenta y un montaje muy dinámico que no se excede en su duración, complementan al resto de virtudes que hacen de “Expediente Warren” un filme fascinante y perturbador que atrapa al espectador durante sus ciento doce minutos.

Por otro lado ¿por qué no sumarle a todo esto que está basada en hechos reales? porque cumpliría otro extenuante tópico, pensaréis algunos (yo también), pero esta vez es más serio, mejor documentado, mejor interpretado (atención al sutil trabajo de Vera Farmiga) y, para suerte de todos, bastante mejor rodado. Expediente Warren” es, con sus defectos y sus logros, todo un homenaje al terror clásico que agradecemos profundamente.

Por Javier Gómez