No existe la madre perfecta, pero hay un millón de maneras de ser una buena madre.

La maternidad ha sido un tema recurrente en todas las artes, pintura, literatura, escultura y no lo ha sido menos en el séptimo arte. Podría haber tantas historias como madres hay en el mundo. Por supuesto hay miles de frases sobre el tema, pero la que podéis leer al principio de esta crítica casa perfectamente con lo que pretende contar esta película.

Fatima es una inmigrante, una mujer divorciada, una musulmana, una madre que debe cuidar y sacar adelante a sus dos hijas en la Francia actual, con el choque cultural y generacional que eso representa.

Nos encontramos ante una cinta que a ritmo pausado, sin aspavientos, sin adornos, cuenta una historia como la de miles de mujeres, miles de madres: un personaje que vive en silencio, lucha en silencio, parece ir de puntillas para no molestar, pero tanto es así que se vuelve invisible en la marea de una gran ciudad. Le hacen sentir que no importa, que prácticamente no existe, por eso “nuestra” Fátima escribe sus pensamientos y sus reflexiones.

La verdadera Fatima Elayoubi sí era muy consciente cuando escribió los dos relatos en los que se basa libremente la película, que con sus palabras daba voz a esas que, como ella, no la tenían: “hay personas que no pueden ir a trabajar sin una Fátima que limpie sus casas, cuide a sus hijos o sus mayores, no podrían construir un futuro…”. Además, la película nos pone un espejo delante a la sociedad moderna actual; cuáles son nuestros valores, qué necesitamos para ser felices o qué papel juega el dinero en nuestras vidas.

Philippe Faucon, poco conocido en nuestro país, dio la sorpresa en los premios Cesar (los Goya franceses) de este año y le robó a Mustang, la gran favorita, el premio como Mejor película. El director francés confió el peso de la protagonista a una actriz no profesional, Soria Zerual, ama de casa, que obtuvo el papel tras presentarse al casting por casualidad. En su propia historia hay puntos en común con la mujer que representa: ella también llegó a Francia desde Argelia sin apenas hablar el idioma y acudió a cursos de alfabetización. La actriz Zita Hanrot, estupenda en el papel de hija mayor, ganó el Cesar a mejor actriz revelación.

Lo mejor: el amor incondicional de una madre.

Lo peor: su estética y temática la convierten en cinta para cinéfilos.

Por Sandra Sedano
@ReggieHolly