Es difícil creer que haya pasado ya un año desde que Yo no soy Madame Bovary (I Am Not Madame Bovary, 2016) se alzase con la Concha de Oro del certamen donostiarra. Pero sí, los 365 días han volado de nuevo y aquí estamos, al pie del cañón, para volver a contar desde la capital vasca todo lo que acontezca en lo que a cine se refiere.

Estos primeros días de festival han servido para recoger las acreditaciones, hacerse el imprescindible planning de proyecciones, recibir las primeras visitas de personajes famosos y, además, para comprobar el desacierto de Wim Wenders con su película Inmersión (Submergence, 2017), cuya propuesta ha resultado un film plano y obsoleto en su tediosa narrativa. El experimento de Wenders es, por ahora y por méritos propios, la película más vilipendiada de la Sección oficial.

Dentro de esta, aunque fuera de concurso, el francés Albert Dupontel adapta la novela de Pierre Lemaitre, Nos vemos allá arriba (Au revoir là-haut 2017), drama histórico que se aleja del género de comedia (negra) donde se sitúa el resto de filmografía del realizador. Con un plano secuencia que recorre el agujereado campo de batalla hasta las trincheras del ejército francés, el director realiza toda una declaración de intenciones: la inevitable huella perpetua de una vida bombardeada. Más cerca del estilo visual de Jean-Pierre Jeunet (la cálida iluminación recuerda a la empleada en  Largo domingo de noviazgo (Un long dimanche de fiançailles, 2017), que del exceso cómico más propio de Bruno Dumont, Dupontel acierta al construir una historia repleta de ternura y dosis de realismo mágico en la que tan solo desentona el personaje de Laurent Lafitte (desproporcionado villano que le resta solidez al conjunto).

Revolotear por las diferentes categorías del certamen es uno de los grandes placeres de los que se pueden disfrutar estos días. De esta forma, entre colas y carreras por los alrededores del Kursaal, nos hemos topado con tres joyitas: En cuerpo y alma (A teströl és a lélekröl, 2017), El tercer asesinato (Sando-me no satsujin, 2017) y La novia del desierto (2017).

La galardonada con el Oso de Oro en la pasada edición de Berlín, En cuerpo y alma, es el quinto largometraje de Ildikó Enyedi, que se adentra en la complejidad del mundo onírico como lugar de encuentros y de libertad emocional para contar la historia de Maria y Endre: dos personas tan dispares como complementarias. La directora se mueve con  maestría por la dualidad del ser humano (lo físico y lo espiritual) a partir de una puesta en escena que privilegia la percepción sensorial (lo táctil, lo visual y lo adivino) como medio para trascender y conectar con los otros.

Por otro lado, el japonés Hirokazu Koreeda que regresa a la sección Perlas a lo grande gracias a un thriller judicial de esencia dramática y laberíntico texto. Ligeramente confuso en su tramo inicial (todo pinta a que la sensación se busca con cierta premeditación), el film se reafirma con un último tercio de gran valor, pues desata en sus minutos finales toda la fuerza argumental que venía insinuando durante el desarrollo a través de diálogos de admirable inteligencia y simbolismo. Aunque este trabajo está lejos de los mejores del realizador nipón, la buena noticia reside en que supera con creces la mediocridad de su anterior largometraje, la aburrida Después de la tormenta (Umi yori mo mada fukaku, 2016).

Por su parte, el elenco actoral y las dos directoras Cecilia Atán y Valeria Pivato, han presentado dentro de la sección Horizontes Latinos, su película La novia del desierto, una road movie con matiz existencial protagonizado de manera brillante por Paulina García y Claudio Rissi.

Paulina García y Claudio Rissi

Paulina García y Claudio Rissi / © Javier G. Godoy

Por Javier G. Godoy y Cristina Aparicio
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