El año pasado nos dejó una de esas joyas producidas por la ficción británica que, en ciertas ocasiones, quedan sepultadas para el público mayoritario por el aluvión de producciones veraniegas, éxitos consolidados y series con legiones de fans por defecto. Fleabag, una producción del canal digital BBC Three en coproducción con Amazon, es una de esas series que el espectador tiene que hacer por localizar y ver, trayendo a nuestra memoria aquel debate de si el fin justifica los medios. Pero eso es otra historia.

Fleabag es una creación de Phoebe Waller-Bridge, que también escribe y protagoniza la historia. En ella da rienda suelta a las inquietudes, desequilibrios, taras y deseos de esta socarrona treintañera a la que apodan (¿cariñosamente?) en su casa Fleabag, que viene a ser algo así como “de mala muerte”. En los seis episodios de la primera temporada vemos su relación con el sexo, con el padre, con una hermana severa e inflexible que no para de recordarle el desastre que es su vida, con su madrastra, y para colmo, con un ruinoso negocio que ha llevado a cabo con su socia y amiga recientemente fallecida. La serie es descarada, divertida a rabiar, irónica, cínica y burlona, pero además es sincera y honesta; consigue que pasemos de la comedia más descarnada a la pura tragedia sin perder nunca la sonrisa, como la adorable e irritante Fleabag.

Continuando y ampliando lo que ya anticipaba con su primera creación, la notable Crashing, Phoebe Waller-Bridge, también conocida como La Lena Dunhan británica, nos ofrece su mordaz (y absolutamente necesaria) mirada feminista sobre la llegada a los treinta y cómo afrontar la vida cuando ésta no se parece en nada a lo que dicta la sociedad. Todavía no muy conocida para el gran público, seguramente el futuro de la gran Waller-Bridge se verá muy distinto una vez se estrene el spin-off de Star Wars sobre los años mozos de Han Solo, de cuyo casting forma parte la artista.

Fleabag es el retrato de una nueva mujer, una mujer liberada, que disfruta del sexo todo lo que puede, porque tiene ganas y no las reprime; habla de follar, cagar o beber delante de avergonzados chicos londinenses que no dan crédito ante su naturalidad. Pero es comedia fina, aunque bordée lo escatológico y lo socarrón; nunca cae en el mal gusto o el chiste fácil. La protagonista intenta disfrutar la vida y encontrar su lugar justo en el momento en que se sitúa ante esa barrera de los treinta donde todo lo que le rodea le envía el mensaje de cómo debería afrontar las cosas que le suceden. Sin embargo, ella quiere vivir la vida a su manera a pesar de que, en muchos casos, ha de pagar un peaje emocional. No pretende dejar de hacer lo que siempre le ha gustado hacer sólo porque la sociedad, su hermana o madrastra, le digan qué es lo correcto. Y claro, eso provoca conflictos.

Cabe destacar la interpretación de Phoebe Waller-Bridge, la maestra de ceremonias, que rompe la cuarta pared para hacernos cómplices de su caótica vida. Su interpretación está llena de verdad, sentido del humor y ternura naif que hace del personaje una mujer real y muy divertida. Waller-Bridge está secundada por otros atractivos personajes que harán más difícil a Fleabag adaptarse a la vida social londinense: su neurótica hermana, (una magnífica Sian Clifford) a la que no puede evitar querer aunque la mataría de buena gana, u Olivia Colman (vista entre otras en  BroadchurchRun, una dura y notable miniserie) como la insoportable e irritante madrastra.

© Two Brothers Pictures

En la serie y pesar de su corta duración hay tiempo para todo. Debajo del hilarante humor, hay una capa de dolor y angustia reconocible en cualquier vida, que hace posible sentirnos identificados con los personajes. Como dijo Matthew Weiner a propósito de Mad Men: no son necesarias historias que bordean lo marginal para encontrar grandes conflictos; tomando el espacio temporal de una vida ya nos encontramos con ellos. Sin hacer spoilers, hay tiempo hasta para uno de esos giros justificados que te dejan helado (y de verdad lo hace). Por supuesto, intentaremos decir algo malo de ella: son sólo seis episodios que pasan como un suspiro y, además, provoca adicción. Según últimas noticias, tendremos que esperar a 2019 para una segunda temporada, por lo que ese impase podría ser un buen momento para sumergirse en la ya nombrada Crashing.

Por fin, como han demostrado los Emmy de este año, las mujeres empiezan a poder levantar la voz y mostrar de lo que son capaces si no encuentran barreras extra en su camino, y esto es sólo el principio. El importante papel que están asumiendo actrices de la talla de Meryl Streep, Jessica Chastain, Jennifer Lawrence o la misma Nicole Kidman, convertidas en auténticas activistas del género femenino y sus derechos, sirven de espejo para la mujer actual, aunque falta un último empujón de la parte masculina para que esto sea una realidad palpable. Poco a poco, estas y otras actrices y cineastas están abriendo el camino hacia la igualdad real, y su talento (al cual me entrego y rindo pleitesía) queda demostrado en series como The Handmaid´s Tale, Better Things, Top Of The Lake, Big Little Lies, Feud o esta Fleabag, nuestro gran asunto entre manos.

Por Javier Gadea
@javiergadea74