The Humpty Dumpty Circus (J. Stuart Blackton y Albert E. Smith, EE.UU, 1898)

Para hablar de la técnica stop motion aplicada al corto o al largometraje, es necesario remontarse al trabajo de los angloamericanos Blackton y Smith, creadores de la productora Vitagrah Studios y autores de The Humpty Dumpty Circus, hito de esta categoría de animación con la que se había experimentado brevemente algunos años antes. Según Albert E. Smith, utilizaron los muñecos de su hija pequeña para rodar una escena en la que animales y acróbatas se movían en una carpa de circo, dando como resultado una secuencia llena de vida. Años después, concretamente en 1914, otro pionero del stop motion llamado Arthur Melbourne-Cooper, filmó un cortometraje que, curiosamente, se llamó de la misma forma. Debido a que no existen las imágenes del film de Blackton y Smith os dejamos bajo estas líneas el supuesto homenaje que Anime Histopedia hizo en 2015, emulando aquellos movimientos primitivos pero absolutamente funcionales para su tiempo (y el nuestro). J.G.G.

Mary and Max (Adam Elliot, Australia, 2009)

El prestigioso Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy premió la película de Adam Ellitot ex aequo con Los mundos de Coraline. Y es que no era para menos, pues ambas se han convertido en poco tiempo en sendos clásicos de la animación contemporánea. Sin embargo, Mary and Max podría resultar, con su belleza grotesca como carta de presentación, la más adulta de las dos por su exploración de la soledad sin los reparos del cine que también quiere llegar a los más pequeños. Inédita en las salas españolas, la película parecía reservada a un público minoritario y sensible capaz de detectar las pulsaciones de un trabajo que dibujaba sus constantes vitales a través de los dolorosos y a veces oscuros designios de asuntos vitales como el amor, la amistad, la enfermedad o el perdón. A partir de su fabuloso trabajo con la plastilina, el largometraje de Elliot brilla en la mayoría de sus secuencias dramáticas aunque jamás olvida su matiz cómico, momentos que engrandecen una propuesta delicada pero sin los tapujos de la animación más almibarada. J.G.G.

Pesadilla antes de Navidad (The Nightmare Before Christmas, Henry Selick, EE.UU, 1993)

A pesar de que muchos critiquen que sea a Tim Burton al que se le atribuyan todos los méritos de la que muy bien podría ser la primera gran producción en stop motion de un estudio de Hollywood, es incuestionable que el director de Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990) fue su principal promotor. Y es que, aunque Henry Selick fuese designado director de la película, Burton fue el responsable de su concepción, desarrollo y producción, sin llegar a ocupar la silla del director por incompatibilidades contractuales con Warner Bros. Independientemente de esto, gracias a la ausencia de diferencias creativas entre productor y director, el resultado final de este ambicioso proyecto, muy en contra de las prematuras reservas de Walt Disney Pictures a estrenarlo directamente bajo su marca, fue el de un inmediato fenómeno que popularizó la técnica del stop motion y que, con el tiempo, se convirtió en un clásico de culto que ha multiplicado su rentabilidad. Y es que la historia de cómo el Rey de la Ciudad de Halloween secuestra a Santa Claus para hacerse cargo de la Navidad, no sólo desborda originalidad, sino que además combina a la perfección la muy característica –y exitosa– marca de Burton con la exquisita tendencia de Disney de musicalizar sus obras con partituras de extrema calidad. Una auténtica joya. N.G.S.

Kubo y las dos cuerdas mágicas (Kubo and the Two Strings, Travis Knight, EE.UU, 2016)

Partiendo de un título poco atractivo y de una campaña publicitaria muy desafortunada, el paso de Kubo y las Dos Cuerdas Mágicas (Kubo and the Two Strings, 2016) por la taquilla de nuestro país no fue nada destacable. Sin embargo, la última producción del estudio Laika – cuna de joyas del stop-motion como Los Mundos de Coraline (Coraline, 2009) – no sólo rebosaba vitalidad y frescura para el género de la animación, sino que además consiguió ganarse el favor de la crítica y una nominación al Oscar en la categoría de Mejor Película de Animación. Esta fábula samurái – dirigida por el fiel colaborador del estudio Travis Knight – nos introducía en la historia del joven Kubo, un crío de doce años que se embarca en una aventura sin precedentes por el Japón feudal con el propósito de encontrar una armadura legendaria capaz de protegerle del malvado Rey Luna. Contando con un reparto estelar encabezado por Charlize Theron y Matthew McConaughey, una exótica banda sonora firmada por Dario Marianelli y una historia tan refrescante como bienintencionada, Kubo y las Dos Cuerdas Mágicas es, sin duda, una de las mejores –y más arriesgadas– películas de animación de los últimos años. N.G.S.

Los mundos de Coraline (Coraline, Henry Selick, EE.UU, 2009)

Henry Selick volaba con sus propias alas para dar a luz otra película con tanta magia como momentos y personajes siniestros. Al igual que ocurriese en Pesadilla antes de Navidad, donde sí contó con la supervisión de Tim Burton, el director rodó con brillantez argumental y visual esta fábula sobre los miedos durante la pubertad a través de un universo dual que mezclaba la pacífica realidad de una familia recién instalada con un mundo fantástico al principio, aunque pesadillesco después, escondido detrás de las paredes. El diseño de producción era gran parte del mérito de la película que se apoyaba en personajes y escenarios con características de lo más macabras. Sin embargo, el logro estaba en que, inteligentemente, el conjunto se equilibraba al existir pasajes mucho más apacibles y encantadores pero siempre pertinentes. La mezcla genuina y casi perfecta de sus formas era el contexto para desarrollar de manera tan misteriosa como divertida temas como la amistad, la infancia, la familia y el terror más puro (cuidado con los niños impresionables), parte de los ingredientes de esta delicatessen salida de la deslumbrante imaginación de Neil GaimanJ.G.G.

Anomalisa (Charlie Kaufman y Duke Johnson, EE.UU, 2015)

Anomalisa es una película de animación stop motion mucho más humana que la gran mayoría de películas protagonizadas por actores de carne y hueso. Una puesta en escena templada, contenida, se concilia con un argumento sencillo para dejar un poso sentimental-filosófico que nos plantea si es posible seguir amando algo de la misma forma cuando se sabe que dicho sentimiento es correspondido. En el amor, ¿cuánto hay de idealización y cuánto de autocomplacencia? ¿Acaso podemos hablar, siquiera, de amor? Estas cuestiones y muchas más salen a colación en un melancólico film que pone en duda la existencia de voces irrepetibles y rostros únicos, y que, sin descuidar en ningún momento su profunda faceta sensorial, nos regala una de las escenas de sexo más reales y humanas del séptimo arte en lo que va de siglo. M.E.S.

La vida de Calabacín (Ma Vie De Courgette, Claude Barrás, Suiza, 2016)

La mayor virtud de La vida de Calabacín se encuentra en un aspecto puramente de puesta en escena, lo cual justifica a la perfección su condición de película animada: la doble cara ternura-perversión que se consigue mostrar a través de un solo diseño de producción. Esto casa a las mil maravillas con el fondo de la película y su dualidad, que enfrenta a la inocente infancia con el deleznable maltrato sobre un mismo ring fílmico. Así, la complejidad de los personajes nos viene dada desde un primer momento por unos rasgos físicos y una atmósfera general que esbozan algo que está latente pero no patente, tal vez porque no conviene que salga a la luz; algo siniestro, una pérfida realidad que no parece casar con unos grandes ojos (ojerosos, eso sí) que siempre encuentran un motivo para jugar. M.E.S.

Recopilación realizada por Javier G. Godoy, Martín Escolar-Sanz y Nicolás G. Senac