Los Goya cumplían treinta años, así que lo normal era esperar una gala con algo más de lustre, o de ingenio, que lo salva todo. Pero no es así, bueno, nunca es así, la verdad. El año pasado Dani Rovira, ese monologuista venido a más tras su fulgurante debut en Ocho apellidos vascos, dio la campanada con una presentación novedosa y cómica, sin salirse del guión al que estaba acostumbrado por El club de la comedia, pero con mucha gracia y gancho para el público presente y desde casa. Un acierto, sí señor. Sin embargo, ese aire nuevo parecía haberse acabado ayer, puesto que la misma fórmula dio peor resultado.

Ni la danzarina entrada, una oda al joseluismorenismo, o la actuación de Joan Manuel Serrat, dieron un toque de glamour a una gala que, por cumpleañera, se lo tenía merecido. Seguimos sin saber celebrar nuestra fiesta del cine como es debido. Uno va a los Premios Feroz, por ejemplo, y comprueba todo lo que se puede hacer con tan poco. Si lo miramos con perspectiva y proporción, decir que la entrega de los Goya es cutre no es del todo una barrabasada. Dicho esto, centrémonos en los premios que, realmente, es lo que debe importarnos.

Truman arrebató el trono que se estaba calentando desde hace meses para La novia, la bellísima película de Paula Ortiz. Pero resulta que el guión de Cesc Gay y los premios a los actores Javier Cámara y el amado (por todos) Ricardo Darín, hacían presagiar que, finalmente, eso no iba a ocurrir. Truman acabó cogiendo el testigo de La isla mínima, vencedora el año pasado, ganando cinco de sus seis nominaciones.

© Europa Press

© Europa Press

Lo que sí puede decirse es que la Academia ha sido más o menos justa. La pelea estaba clara entre Truman y La novia, así que podía pasar de todo. Para muchos, la película que protagonizaba brillantemente Inma Cuesta, tenía más posibilidades tanto por número de nominaciones como por talento dedicado. Lo cierto es que el resultado es una verdadera joya que pasara como tal a la historia del cine español. Era una buena ocasión para premiar el atrevimiento. Sin embargo, Truman removió demasiados corazones y entre todos la llevaron a hombros. Es una buena película pero puede dar la impresión de quedarse solo en eso. Lo que ocurre es que la protagonizan dos bestias del cine actual: Javier Cámara, siempre cómico, siempre acertado, y Darín, ese galán del cine argentino que está más aquí que allí, pero que es patrimonio de la humanidad. Actor mayúsculo.

Ojo también al duo de actrices. Lo de Natalia de Molina en Techo y comida era de Oscar. Sí, sí, hemos dicho bien, de Oscar. Fantástico el trabajo de esta actriz enorme a la que aún le queda mucho camino que andar pero que seguro logrará cosas muy grandes. Por otro lado, la veterana Luisa Gabasa se hizo con el de mejor actriz de reparto por su desgarrador papel en La novia, toda una lección de interpretación a la antigua usanza, con borbotones de rabia interpretativa.

Tenéis toda la lista de nominados y premiados, con links a Filmaffinity, aquí:

Mejor actor principal

Mejor guión adaptado