James Cameron afirmaba hace algunas semanas que Gravity le había parecido la mejor película sobre el espacio de todos los tiempos. Una declaración de este tipo puede resultar peligrosa por una razón fundamental: hace subir la expectativas de manera explosiva. Es James Cameron quien lo dice, pero es el gran público el que da inmortalidad a las películas.

Alfonso Cuarón (Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, Hijos de los Hombres) nos relata la experiencia de dos astronautas en una misión espacial que, tras sufrir un duro accidente provocado por los restos de un satélite, tendrán que sobrevivir y conseguir de cualquier manera volver a la Tierra.

Es posible que a muchos les suene a visto, tiene toda la lógica. Estamos algo hastiados de rescates espaciales e historias de héroes que libran al planeta del apocalipsis, mientras la población mundial mira la televisión venerando a los elegidos que desfilan en cámara lenta por Cabo Cañaveral. Pues atención, Gravity no tiene nada que ver con eso. La película de Cuarón es talento puro, de la A a la Z, desde el director hasta el último técnico. Cameron no decía nada descabellado, Gravity es brillante.

El mejicano Alfonso Cuarón y su hijo Jonás, firman un guión sencillo, nada ostentoso y sin giros imposibles que facilita el despliegue de medios para contar esta historia necesitada de todo el ingenio y creatividad, no por su simpleza, que no es tal, sino por la dificultad que supone desarrollar un relato de gran complejidad visual y proporcionar a su vez el realismo necesario para hacer creíble la experiencia de los astronautas. La inclusión del 3D como recurso cinematográfico (muy protagonista esta vez) y el gran trabajo de Clooney y sobretodo Sandra Bullock, hacen el resto.

Gravity es una película virtuosa, un filme de una solidez extraordinaria que lo diferencia de la mayoría de los de su género, al menos, en un período de quince o veinte años. El filme de Cuarón es una lección magistral de cinematografía al que se le pueden adjudicar infinidad de buenos adjetivos, por las sensaciones que transmite durante su visionado y por las que deja intactas y perennes después. Un largometraje superdotado apoyado en una factura técnica impecable, casi perfecta, y un trabajo interpretativo del dúo protagonista que no se queda a la zaga. Un correcto George Clooney, sobrio y equilibrado y una iluminada Sandra Bullock que, posiblemente, firme aquí el mejor trabajo de su carrera. Los momentos más personales de la película los ofrece Bullock desplegando todo el talento que se le conoce a una actriz que ha dado una de cal y una de arena a lo largo de una carrera a la que los años le han sentado más o menos bien. Podríamos verla en la carrera por el Oscar.

© Warner Bros Pictures

© Warner Bros Pictures

Qué suerte para Alfonso Cuarón poder contar nuevamente con su compatriota para realizar la fotografía de la película. Emmanuel Lubezki es uno de los mejores directores de fotografía del panorama actual (su labor en El Árbol de la Vida es magistral) y en Gravity vuelve a demostrar su valía. La producción requería de un doble esfuerzo debido al planteamiento de Cuarón. La ejecución de los planos secuencia que contiene el filme en gran parte de su metraje es excepcional y Lubezki salva la dificultad con maestría, confirmando su enorme talento y justificando sus cinco nominaciones al Oscar.

Destacar también la labor de Steven Price componiendo una gran banda sonora, llena de tensión y belleza ambiental, que aparece en los momentos oportunos sin agredir al espectador y, por qué no decirlo, refleja la relativa evolución en las partituras de las nuevas generaciones de creadores.

Los consejos de James Cameron, ducho a más y no poder en contiendas espaciales y especiales (por aquello de los efectos) no han podido ser más efectivos. Después, este dictaba sentencia afirmando lo que parecía ser complicado y poco probable, pero sí, Gravity es un logro del séptimo arte que marca un antes y un después, como ya hizo Kubrick en 2001…. El listón ha vuelto a quedar alto, muy alto.

Por Javier Gómez

@blogredrum