El periodo estival siempre es temporada de grandes estrenos que buscan dar el pelotazo en la taquilla. También hay hueco para esas otras pequeñas películas propias del verano, que aprovechan con éxito los resquicios en la cartelera que dejan las majors y sus blockbusters. A veces, son series B disfrazadas de serie A que pretenden enganchar al espectador saturado de tanta publicidad que busca un pasatiempo refrescante con menor asistencia infantil en las salas. Películas de terror, misterio o ciencia ficción suelen ser las elegidas pero es más thriller el género al que pertenece Infierno Azul, el último trabajo del español Jaume Collet-Serra, cada vez más afianzado en el mercado americano y cada vez con más dominio de lo que significa la industria en Estados Unidos. Curioso el caso del barcelonés, que está forjando una carrera en EE.UU como cineasta todoterreno, siendo un seguro para los estudios, capaz de sacar adelante cualquier proyecto de encargo y tener un resultado óptimo en taquilla: La Casa de Cera (House of Wax, 2005), La Huérfana (The Orphan, 2009), la taquillera Sin Identidad (Unknown, 2011), protagonizada por Liam Neeson… dan muestra de su relativo éxito.

Nancy (Blake Lively) viaja hasta México para conocer la playa secreta de su difunta madre, allí disfrutará de las olas hasta que quede atrapada en unas rocas en medio del mar y sea acosada por un enorme tiburón (y no hablamos de “nuestro” Oscar Jaenada, que también participa en la película).

Con la estupenda fotografía de Flavio Martínez Labiano, que muestra unas magníficas imágenes de surf y un paisaje espectacular, Infierno Azul da lo que promete: emoción, tensión y diversión, al más puro estilo de estas películas veraniegas, que es lo que uno espera. No es, ni mucho menos como algunos han querido ver, la nueva Tiburón (Jaws, 1975) pero entretiene y mantiene el interés durante todo el metraje con algunas escenas realmente bien conseguidas y, como ya hemos visto en otras grandes películas, asistiremos al enfrentamiento “mujer de armas tomar” versus monstruo al estilo de la Ripley de Sigourney Weaver de la serie Alien. A grandes rasgos, podría decirse que el film de Collet-Serra es una mezcla entre Open Water (2003) y una de las grandes obras de la filmografía de Spielberg, aquella que sacó a millones de bañistas del agua, por si las moscas.

Infierno Azul puede ser una buena opción para esos días de playa (montaña, o lo que es peor, ciudad) en los que uno se adentra en una sala de cine huyendo del tórrido calor veraniego, ya que siempre es grato ver los retratos de heroínas desenvueltas que manejan su destino y más en un momento en el que, por poner un ejemplo de lo más actual, la serie de HBO Juego de Tronos nos ha dejado en el final de su sexta temporada -sus dos últimos capítulos verdaderas obras maestras de la televisión- bien claro que las mujeres tienen el poder.

Lo mejor: los momentos de la mayor y lograda tensión narrativa.

Lo peor: cierto tono previsible en todo el conjunto.

Por Javier Gadea
@Javichul