El mundo del espionaje, los infiltrados y los agentes dobles es uno de esos lugares al que el cine vuelve, una y otra vez, para contar historias de hombres con identidades falsas y los peligros que tan temeraria actividad conlleva para cualquiera que la ejerza. Ese juego de falsas apariencias es la base argumental de Infiltrado (The Infiltrator, 2016) el último largometraje de Brad Furman y una constante presente en sus trabajos precedentes.

En ese momento en que la adaptación de nuevos roles genera un conflicto psicológico en quien transmuta, y su consiguiente desbarajuste personal y social, es el momento elegido por el realizador para contar el relato de Robert Mazur, historia basada en hechos reales sobre un policía que se hace pasar por blanqueador de dinero para así infiltrarse en el narcotráfico colombiano (el guion adapta la novela autobiográfica de este policía).

Furman construye un thriller en el que consigue la verosimilitud que, quizá, no acertaba a transmitir con sus anteriores films. Con Bryan Cranston a la cabeza (quien parece empeñado en hacer olvidar que una vez fue Heisenberg a base de interpretaciones memorables), John Leguizamo y Diane Kruger conforman el equipo de infiltrados que destila complicidad y naturalidad, responsable, en parte, de esa verosimilitud de la que goza el conjunto y que se fortalece gracias a un sólido reparto repleto de caras conocidas (a destacar Benjamin Bratt, Amy Ryan, Simón Andreu o Elena Anaya).

Furman equilibra la narración a partir del personaje  Mazur/Musella (el alter ego creado por el policía para su misión), centrando la mirada en la vida de este policía que es solo una aunque adopte distintas identidades. Este acto de difuminar las posibles líneas  divisorias de las distintas personalidades en la psicología de un hombre es, en definitiva, lo mejor del conjunto. Si en Runner, Runner (2013)  la vida privada y profesional del personaje de Justin Timberlake se entrecruzaban de manera forzada por necesidad argumental, y en El inocente (The Lincoln Lawyer, 2011) esta relación era el eje de la trama convirtiendo el thriller en un melodrama de abogados, en Infiltrado le sale bien la jugada y logra componer el retrato de un hombre sobrepasado por las circunstancias, donde el riesgo mayor no es el acercamiento a Pablo Escobar sino la pérdida de sí mismo en un mundo de falsas apariencias.

Lo mejor: Bryan Cranston y John Leguizamo.

Lo peor: que se la considere una más dentro del género.

Por Cristina Aparicio
@Crisstiapa