La ciencia ficción es un género que, en ocasiones, es complicado de digerir. Si el realizador convierte una película en paranoia cinematográfica el espectador estará perdido y, por tanto, deseando olvidar lo que acaba de ver, entre otras cosas porque al final no habrá comprendido nada. En este caso, Christopher Nolan, que no escatima en términos científicos un tanto complicados de entender, intenta con éxito mantener la atención del patio de butacas gracias al uso de una narrativa muy inteligente basada en el magnetismo que posee la historia escrita por él y su hermano Jonathan.

Cooper (McConaughey) es un expiloto e ingeniero que trata de de mantener su granja mientras el mundo parece acercarse a su final cada día que pasa. Junto a unos investigadores, Cooper liderará una expedición que tratará de encontrar algún lugar en el espacio exterior capaz de albergar a la especie humana.

© Warner Bros

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Interstellar es larga, espesa, en ocasiones muy compleja y pese a todo no te deja mirar hacia otro lado. El director de El Caballero Oscuro construye un relato monumental en el que muestra todo su repertorio creativo y, por qué no decirlo, algunos de sus defectos como cineasta que aquí parece haber conseguido minimizar. El filme de Nolan asfixia gracias a sus hábiles argumentos y a la consistencia de un guión que solo podía plasmarse con la grandiosidad que, de vez en cuando, Hollywood permite a sus creadores más privilegiados.

El trabajo técnico de Interstellar vuelve a recordarnos que las nuevas tecnologías, enfocadas al séptimo arte, no parecen tener límites. Si el año pasado Gravity puso las pantallas patas arriba con su impresionante diseño, ahora podremos volver a gozar del altísimo nivel conceptual que posee el nuevo largo de Nolan. Interstellar es un espectáculo de pirotecnia espacial capaz de mostrarnos un agujero de gusano en primera persona como jamás habíamos visto. En este sentido es casi perfecta.

Si algo puedo reprocharle a los Nolan es una ligera irregularidad en la definición de sus personajes. Matthew McConaughey, que continúa en estado de gracia, es el motor absoluto del filme. Ese peso podría haberse repartido de otra manera, pero aquí se opta por no dar excesivos detalles acerca de la personalidad del resto de intérpretes. Para bien y para mal, Cooper es el protagonista total de Interstellar (a pesar de un reparto excepcional) y del resto sólo sabremos lo imprescindible.

© Warner Bros

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Por su parte, el compositor Hans Zimmer, pluriempleado y virtuoso artista musical, vuelve a construir una partitura solo al alcance de autores con su capacidad. La banda sonora de Interestelar es otro personaje del filme y aparece en casi todas sus secuencias. Zimmer compone una acertadísima pieza llena de momentos de gran inspiración. Igualmente ocurre con Hoyte Van Hoytema, genial en la fotografía (Interstellar tiene planos arrebatadores) o Lee Smith, que en el apartado del montaje brilla con luz propia.

Interstellar hay que verla en una sala de cine. Lo demás es un sacrilegio. No esperéis, no os lo recomiendo. La experiencia es superlativa y, aunque no entendáis algunas cosas, da lo mismo, esto es cine con mayúsculas, porque Christopher Nolan no tiene límites.

Lo mejor: la valentía como creador de Christopher Nolan.

Lo peor: lo enrevesado de la física cuántica.

Por Javier Gómez
@blogredrum