Hace tres años Warner estrenaba en un halo de misterio el reboot Godzilla (2014). Los seguidores más acérrimos del famoso lagarto se sintieron defraudados al ver que la película que tanto esperaban se quedaba en mucho drama y poco monstruo. Ahora, muchos otros tenían miedo de que ocurriese lo mismo con la nueva monster movie que estaba preparando el estudio: Kong: La isla Calavera (Kong: Skull Island, 2017).

Pues bien, tranquilos, porque si algo tiene esta versión del simio más famoso del cine es que da carpetazo a todo el drama e intensidad filosófica que pudiera tener aquella, para entregarse por completo al servicio del fan. Desde la estupenda secuencia de inicio del film, el director Jordan Vogt-Roberts ya nos muestra a la temida bestia, lo que hace de la película algo distinto y destacable dentro de un género que acostumbra a ocultar al coloso en cuestión mostrándolo a cuentagotas hasta casi el clímax final.

El primer tramo de la película puede recordar vagamente al de Escuadrón Suicida (Suicide Squad, 2016), ya que tiene un rápido y ágil montaje en el que vemos cómo van reclutando al equipo de expedición al ritmo de canciones rock de los setenta. Esta decisión logra seducirnos y nos engancha directamente a la historia. A partir de aquí, el film se mueve entre velados homenajes a películas bélicas como Apocalypse Now (1979) u otras películas del género fantástico como Parque Jurasico (Jurassic Park, 1993) o la propia predecesora, King Kong (2005) de Peter Jackson, eso sí manteniendo una púdica distancia con todas ellas.

Una de las cosas más impresionantes del film es el fabuloso trabajo de fotografía realizado Larry Fong, con una concepción visual sublime y unas paletas de colores que hacen que algunas de las escenas parezcan auténticos lienzos en movimiento. Todo un regalazo visual, acompañado de un CGI excelente, que consigue meterte de lleno en el mundo de la isla y de las criaturas que la pueblan.

© Warner Bros. Pictures / Legendary Pictures

© Warner Bros. Pictures / Legendary Pictures

Pero no todo iba a ser fantástico (además de su género) en esta película. Uno de los mayores problemas de Kong: La isla Calavera, se encuentra en su guión, ya que la trama es simple y algo manida. No arriesga en nada de lo que nos relata, ni tiene diálogos destacables, así que centra todo su potencial en dar emoción a las trepidantes escenas de acción y así cubrir las necesidades de un espectador ávido de las mismas. Otro de los “peros” del film son sus actores, no porque estén mal, sino porque acaban por resultar una mera comparsa dentro del apabullante espectáculo visual. Esto provoca que tanto Tom Hiddleston, como Brie Larson salgan perjudicados, ya que, aun siendo protagonistas, están desaprovechados dentro de una trama más centrada en la espectacularidad que en el dibujo de sus personajes. Ocurre algo similar, aunque en menor medida, con Samuel L. Jackson y John Goodman. Sin embargo, sí merece hablarse en favor del personaje de John C. Reilly, que sobresale del resto con un divertido rol y que dinamiza y otorga el humor que el film (y el grupo de aventureros) pide a gritos.

En conclusión Kong: La isla Calavera, dará a los seguidores del género (casi) todo lo que buscan. Si lo que se busca es acción, monstruos y peleas por doquier para disfrutar de una tarde de buen cine palomitero… esta es la película. 

Lo mejor: su ritmo endiablado.

Lo peor: los dos protagonistas, bastante perdidos en la espectacularidad visual de la trama.

Por David Areces