Paseo por Koza (2015) como si lo hiciera por un lienzo roto, tan bello como desolador, que casi se desangra ante mis ojos. Y a la vez que intento superar los intensos y prolongados silencios de esta obra conmovedora, pienso en la necesidad de que siempre exista este cine; un cine que nos haga sentir incómodos, que no nos sea plácido, que nos haga sentir el frío y que nos aleje del paraje lleno de estrellas Made in Hollywood.

Koza es una película eslovaca dirigida por Ivan Ostrochovský (1972, Eslovaquia) en el año 2015 que ha conseguido superar las limitaciones propias de una historia intimista y de un país poco dado a exportar cine gracias al reconocimiento obtenido en diferentes festivales cinematográficos. Narra la historia de un ex boxeador (Peter Baláz, que se interpreta a sí mismo) que, sumido en la pobreza, necesita de una gira de combates para poder sufragar el aborto de su mujer esperando, en realidad, que ese dinero sea el germen para poder convencer a su esposa de que tengan el bebé.

La obra de Ostrochovsky, ideada en su origen como documental, resulta ser una road movie desoladora, en la que una pareja de personajes, el boxeador y el oscuro intermediario que negocia los combates, viajan en una sucia camioneta yendo de un lugar a otro, sumidos en el silencio y con diálogos (monosílabos y frases cortas como mucho) que apenas sí aciertan a cortar el prolongado e intencionado silencio que refuerza la soledad de los personajes. Entre ellos se establece una relación peculiar, para mí uno de las fortalezas de la película, en la que sin apenas hablar se lo dicen todo. Uno parece alimentarse, no muy limpiamente, de los sueños del otro, de su necesidad, sin ser consciente, quizá, de que él mismo es otro perdedor. Y si en toda road movie los paisajes son importantes, en esta película lo son aún más gracias a la impresionante fotografía de Martin Kollár. De belleza gélida en algunos tramos y apoyada en paisajes nevados, con brumas y nieblas, también es capaz de mostrar la suciedad de la pobreza, reflejándola en apartamentos, chabolas, bares, edificios o moteles casi a punto de derrumbarse. La fotografía en Koza es, sin duda, metáfora y personaje adicional.

Y a pesar de toda la desolación de la que hablamos, en una obra intimista como ésta hay momentos donde el humor logra hacerse hueco, especialmente en las intervenciones del actor Jan Frankeck, que interpreta al entrenador encargado de poner en forma a Koza (que fue también boxeador y medallista en las olimpiadas de Moscú) y que dibuja un personaje excéntrico y vividor que logra arrancarnos la sonrisa.

Y así, abruptamente, llegamos al final de una película pequeña, como la historia que cuenta. Un drama profundo y personal en el que unos pocos perdedores intentan sobrevivir a sus miserias en un mundo definitivamente hostil, y en el que destacan la naturalidad de los actores, profesionales y amateurs. Un cuento real de narrativa hostil, ritmo lento, planos largos y silencios, muchos.

(Disponible en Filmin)

Por Vienna Guitar
@Viennalua