Siempre me ha parecido peligrosa la adaptación de un best seller al cine. Aunque interesante comercialmente, las películas suelen dejar de lado la esencia clave implícita en los libros y rara vez plantean exactamente de la misma manera la idea o visión original que nos hacemos en nuestras cabezas cuando leemos los libros. La película de Tom Tykwer El perfume: historia de un asesino (Das Parfum – Die Geschichte eines Mörders, 2006) es, sin lugar a dudas, un caso aparte. Debo reconocer que se me han resistido varias novelas que el gran público considera indispensables por lo que leí hace tiempo y sin mucha convicción la obra de Patrick Süskind. Tras ello, vi la película justo después, siendo inmejorable el resultado: ambas me apasionaron y quedaron grabadas en mi mente.

El film comienza cuando Jean Baptiste Grenouille (Ben Whishaw) se ve capturado y a la espera del dictamen de su sentencia ante la multitud furiosa del pueblo. Allí, a modo de flashback, se empezará a narrar su vida, en la que un trastorno nervioso de hiperosmia le llevará a desarrollar una profunda obsesión por todo tipo de olores y su deseo de capturarlos.

El perfume, que fue un éxito de taquilla, muestra los más cuidadosos síntomas de una gran producción. Gran parte de sus escenas fueron rodadas en Barcelona y Girona, consiguiendo un gran trabajo de mimetización con el entorno y ambientación que existe en la novela. Ben Whishaw, que fue descubierto mientras hacía Hamlet en el teatro, se une como protagonista a un concienzudo reparto con actores como Rachel Hurd-Wood, Dustin Hoffman o el ya desaparecido Alan Rickman.

La obra, trabajo como pocos se han dado en las adaptaciones literarias, goza de gran fidelidad a la novela que lo inspira. El respeto al original que irradia el film se debe, en parte, a la estricta consigna del director de que el “olor” estuviera siempre presente en la pantalla. Gracias a esta hipnótica ambientación se dan como resultado escenas que no solo se ven, sino que casi consiguen olerse (especialmente quedan en mi memoria las secuencias del mercado o la plaza de Grasse).

Con motivo del cercano Día del libro, el 23 de abril concretamente, volví a ver la película logrando valorar detalles obviados antes a la vez que apreciar, aún más si cabe, el trabajo de adaptación tan complejo que una novela como esta requería. Durante la última semana retomé el libro que “me he ventilado” de un plumazo y ahora siento la necesidad de adentrarme en el mundo de las novelas de temática fantástica para encontrar joyas como El perfume. Quizá, después de tanto tiempo persiguiendo la cultura novelística, ésta me esté persiguiendo a mí. Ojalá me alcance.

Por Quim Ríos