En el año 2004, muchos de aquellos que disfrutaron con las escalofriantes secuencias de El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999), acudieron a los cines preparados para volver a vivir otra experiencia aterradora gracias a un film que se presentaba a los medios como el regreso de M. Night Shyamalan al terror puro. El tráiler de El bosque (The Village, 2004) presagiaba otro éxito del director de Filadelfia dentro del género, sin embargo, la película resultó ser una fábula existencial sobre el miedo al progreso y las consecuencias de la renuncia al mismo, en lugar de un producto destinado a acongojar al gran público. Como en el caso de la película de Shyamalan, La bruja (The Witch, 2015), del director Robert Eggers, que tuvo el beneplácito de una crítica entregada a sus valores cinematográficos, se exponía en su campaña promocional como un largometraje espeluznante obligado a convertirse en un antes y un después dentro de la disciplina del horror. En realidad, el objetivo del film no era el de hacer historia por su capacidad para provocar sustos, sino el de inquietar con un relato constumbrista y el trazado pictórico de una sociedad temerosa de la presencia del mal entre sus miembros. Inequívocamente, La bruja fue una gran película traicionada por su anabolizada campaña publicitaria.

Con Llega de noche (It Comes at Night, 2017), el joven director Trey Edward Shults realiza un interesante trabajo sobre el comportamiento humano en situaciones extremas dentro de un contexto de suspense y tensión continua. Con trazos del género de terror como sutil disfraz, el film funciona en la mayoría de los tramos pero arrastra durante todo su metraje el lastre que supone su agresiva promoción, que tiene por objeto prioritario vender el film como una experiencia sobrecogedora y directamente situada en el terror como categoría cinematográfica.

Escribió William Faulkner que “se puede confiar en las malas personas, porque no cambian jamás“, pero, ¿quién puede ser mala persona?. Como en Krisha (2015), el primer largometraje de Shults, en Llega de noche se vuelven a plantear varias disyuntivas sobre la moral y la ética, la maldad como consecuencia de un entorno de violencia y terror, o el comportamiento descontrolado a raíz de unas vivencias traumáticas. Si en Krisha la protagonista suponía una bomba de relojería que alteraba la armonía familiar durante la cena de acción de gracias debido a su adicción al alcohol, en este nuevo largometraje todo se produce con un tratamiento menos explícito de las causas del contexto en el que se encuentran los protagonistas, aunque, a la vez, estos se mueven en un ambiente hostil del que sólo pueden protegerse dentro del hogar familiar, lugar que posee una aparente y necesaria tranquilidad. Shults multiplica los factores externos tras la llegada de otra familia que aumentará el número de habitantes de una casa convertida en fortaleza contra la presencia de algo malévolo (y muy vírico) que tiene su cara más agresiva durante la noche, por lo que, esa calma reinante, se verá alterada en detrimento de una supuesta e inquebrantable protección.

Con estos avatares diarios como hilo conductor, el guion pone encima de la mesa aquellas preguntas relacionadas con la naturaleza humana y que plantean al público si se nace con la capacidad de realizar determinados actos o si existe una transformación posterior debido a la circunstancias. Para ello, el film se apoya en tres personajes clave que vienen a definir los diferentes estadios emocionales y, por tanto, la esencia y la condición de cada uno de ellos (haciendo esto extensible a cada ser humano): Paul (un sobrio Joel Edgerton), Will (Christopher Abbot) y Sarah (Carmen Ejogo). Esta, quizá, es la lectura más interesante de  la propuesta de Shults, al que, a pesar de todo, le sigue interesando jugar con el espectador a través del desasosiego que produce aquello que no se ve.

© Animal Kingdom / A24

© Animal Kingdom / A24

Cierto desequilibrio entre su aparente intención de inquietar (que, desgraciadamente, es todo lo que le preocupa a su aspecto publicitario), el atrayente discurso sobre la conducta y un tramo final algo difuso y poco definido, emborrona el resultado y provoca, por momentos, una ligera sensación de trabajo con exceso de pretensiones. Con todo y con esto, trucos aparte (propios del cineasta joven y demasiado impetuoso), se confirman con este segundo largo las buenas sensaciones que Trey Edward Shults dejó con Krisha, al haberse sumergido en el thriller psicológico con indudable talento, aunque con la necesidad de controlar y definir sus decisiones narrativas. Quizá, lo que pueda hacer más daño al film sea una maniobra marketiniana tramposa y poco sincera, pues Llega de noche es algo más que una película destinada a provocar el canguelo del respetable.

Lo mejor: formula la pregunta ¿y tú qué harías? en una efectiva y claustrofóbica atmósfera.

Lo peor: su promoción como película de terror es poco honesta, por lo que, indudablemente, habrá decepciones entre el público.

Por Javier G. Godoy
@blogredrum