El cine italiano está de enhorabuena. Tras pasar un largo periodo de travesía por el desierto, parece que, poco a poco, va regresando a ese lugar de dónde un día se había ido. La irrupción de talentosos directores como Sorrentino, Sollima o Virzi, creando historias autóctonas, interesantes y visualmente atractivas, está consiguiendo recuperar ese sello de autor tan característico que los italianos han tenido durante décadas en su industria.

Locas de Alegría (La pazza gioia, 2016), es un claro ejemplo de recuperación de aquel neorrealismo perdido. La excelente película llega con la espiga de Oro, el premio a la Mejor actriz, el Premio del Público en el Festival de Valladolid y diecisiete nominaciones a los David de Donatello. El director Paolo Virzi, al igual que en su anterior trabajo El capital humano (Il capitale umano, 2014) insiste en una temática recurrente en su cine: la diferencias entre distintas clases sociales, aunque esta vez con los problemas mentales de sus protagonistas como hilo conductor de la trama.

El film narra la relación entre dos internas de un hospital psiquiátrico situado en una villa burguesa de la Toscana que intentan huir buscando la libertad . Se trata de una tragicomedia con aires de road movie, o lo que es lo mismo, una especie de fusión italiana de Inocencia interrumpida (Girl, Interrupted, 1999) con Thelma y Louise (Thelma & Louise, 1991). La película es valiente y decidida, ya que toca sin pudor y de manera sensible un tema tan delicado como es el de la psicopatología.

Su guión, sólido y solvente, con ligeros toques de humor y una gran delicadeza, desarrolla los problemas mentales de sus protagonistas de la mejor manera posible, evitando caer en la lágrima fácil o el victimismo autocomplaciente. La historia crece mientras va profundizando en la constricción de los personajes, con innumerables salidas de tono y contradicciones constantes entre las protagonistas. Sin embargo, se disipa cada vez que intenta centrarse en sus actos de rebeldía, surgiendo así, partes más previsibles y menos brillantes.

Aparte de sus otras virtudes, algo muy destacable dentro del film son sus actrices, ya que ambas nos ofrecen un duelo interpretativo sublime. Michaella Ramazzotti es Donatella, un personaje marginal, triste, nostálgico y herido que nos muestra ya sólo con su mirada y expresión corporal lo mucho que ha sufrido en la vida antes de ingresar en el sanatorio. Mientras, Valeria Bruni, o lo que es lo mismo Beatrice, es una condesa venida a menos, alocada, extrovertida, bocazas y tremendamente inconformista, un rol que parece venirle como anillo al dedo a la actriz. Lo que hace Valeria en esta en la película es algo digno de premiar en cualquier festival, y es que la intérprete crea un personaje dotado de un perfecto equilibrio entre su bipolaridad y la necesaria naturalidad. Este trabajado aspecto, regala al espectador un recital de interpretación difícil de olvidar. Sin duda, todas estas cualidades harán que Locas de alegría sea una de las películas europeas de la temporada.

Lo mejor: La química entre las dos protagonistas.

Lo peor: Su segundo acto resulta ligeramente plano.

Por David Areces