Tras un retiro del cine (afortunadamente, temporal y efímero), en el que le dio tiempo para preparar dos series; The Knick, una joya de apenas dos temporadas que trata sobre los inicios de la cirugía moderna protagonizada por Clive Owen, y The Girlfriend Experience, una expansión del film del mismo nombre y del propio autor, Steven Soderberg ha decidido volver a ponerse tras la cámara. El director norteamericano, que deslumbró a Cannes en 1989 con Sexo, mentiras y cintas de video (Sex, Lies and Videotape, 1989) y que es el único realizador que ha sido nominado al Oscar dos veces en un mismo año (2000, Erin Brockovich y Traffic), regresa con un modesto (para la industria americana) presupuesto de 25 millones de dólares para volver a un género que domina a la perfección como ya demostró con la trilogía Ocean’s Eleven (2001): el cine de atracos.

A través del guión firmado por Rebecca Blunt (algunos piensan que es el mismo director bajo un seudónimo), Soderberg nos lleva al reverso de su famosa trilogía. Donde en Ocean’s todo era glamour y sofisticación, en La suerte de los Logan (Lucky Logan, 2017) son caravanas, bares de carretera y pobres diablos buscando ese golpe de fortuna que les haga dejar de ser white trash (término para definir a una persona de raza blanca, en bancarrota y con bajo nivel cultural). Donde se dieron golpes de guante blanco con factura high class, ahora se convierten en operaciones de medio pelo que se irán complicando y haciéndose más grandes.

Para dejar atrás su mítica mala suerte, los tres hermanos Logan, Jimmy (Channing Tatum), Clyde (Adam Driver) y Mellie (Riley Keough), se unirán a los hermanos Bang, encabezados por Joe (Daniel Craig), para robar en el circuito de formula Indy de Carolina del Norte. El director sureño ha elegido tener el control del film, de ahí su modesto presupuesto, y es precisamente esa la su mayor virtud: no querer ser algo mayor de lo que es, puro divertimento rodado con brío y con mucho sentido del humor. Desde ahí funciona y encajan los trucos de guión para contarnos el golpe de estos redneck cuya ambición no es dar el golpe del siglo, sino algo que les saque de sus miserables vidas. El largometraje habla sobre gente que realmente existe, parte de esa América desencantada y sin salidas que ha elegido poner al peor de todos ellos como presidente del país.

Con un ritmo que no decae, recordando por momentos al cine de coches realizado durante los 60 y 70,  lo importante de La suerte de los Logan no es la verosimilitud de su propuesta, sino permitirse el lujo de entrar en el juego al que nos invita el arriesgado Soderberg. Como en otros films del director, adquieren  una importancia capital los personajes secundarios, arquetipos patéticos del ciudadano de la América profunda, en algunas ocasiones caricaturas buscando sus minutos de gloria, y en otras, parodias del mediocre triunfador.

El trabajo del realizador de Atlanta es un divertimento que se ve con facilidad y con una permanente sonrisa, la falta de pretensiones hace que se disfrute mucho más y que se mantenga el interés por comprobar si la fortuna de los hermanos de la historia cambia definitivamente. Para variar, hay clase en sus formas, está rodada y fotografiada por el mismo Soderberg, que el paso del tiempo ha revelado como un cineasta todoterreno que, además, guioniza, monta y opera las propias cámaras. Hay que agradecer que sus retiros sean más mentales que físicos y que ya esté inmerso en su nueva película.

Lo mejor: Daniel Craig, que se aleja de cualquier cliché.

Lo peor: quien busque sofisticación en la línea de otros trabajos del director, no la encontrará.

Por Javier Gadea
@javiergadea74