Así como para la mayoría del público infantil las llamadas “Ánimas del Terror” del clásico Dumbo (Dumbo, 1941) funcionaban como detonante de pesadillas y malos ratos, la psicodélica secuencia en la que el joven paquidermo sufría una intoxicación etílica resultaba paradójicamente fascinante para otros. Ante esto, y teniendo en cuenta cuál es el público mayoritario de estos filmes, no deja de ser hasta cierto punto perturbador que Walt Disney (EEUU, 1901) decidiese incluir una secuencia tan extravagante, confusa y escalofriante como ésta en un trabajo aparentemente destinado a los más pequeños de la casa. Sin embargo, quizás lo que aquel visionario pretendía no era que su público – afectado por el derroche de color, formas y estilos musicales de la secuencia – entendiese lo que estaba viendo, sino retarlo para que, en un futuro, mantuviese vivo el debate sobre una película que, de otra forma, podría tener fecha de caducidad. Y, por supuesto, lo consiguió.

A pesar de que Theodore Ushev (Bulgaria, 1968) no es ningún Disney, este joven diseñador gráfico, animador e ilustrador nacido en Bulgaria y asentado en Canadá cuenta con un trabajo que comparte muchas similitudes con aquel desfile de elefantes rosas. Inspirándose en el Romance Sonámbulo del ilustre Federico García Lorca (España, 1898), hace dos años Ushev dio forma a un cortometraje que probablemente funcionó como pieza clave en su ascenso a una cima en su carrera: su primera nominación a los premios Oscar de la Academia, alcanzada gracias a Blind Vaysha (Blind Vaysha, 2016), el intrigante corto sobre la joven marcada con la maldición de ver pasado y futuro sin ser capaz de vivir un presente.

Con Sonámbulo (The Sleepwalker, 2015), obra que es para los adultos lo que las “Ánimas del Terror” era para los niños, Ushev abordaba otra temática para nada ordinaria con una originalidad y estilo desbordantes. Valiéndose de un estilo visual indiscutiblemente influenciado por las obras de artistas tan célebres como Joan Miró (España, 1893) y Pablo Picasso (España, 1881), y utilizando una pegadiza melodía – firmada por Kottarashky (Bulgaria, 1979) – que rinde homenaje a la esencia gitana del poema de Lorca, el animador búlgaro consigue entrar en el delirante mundo del subconsciente, de los sueños, sin sentir la necesidad de explicarse a sí mismo.

Y es que, a pesar de que el mismo autor ha reconocido que su pieza gira alrededor de los deseos, memorias y sueños de una gitana, sus escasos cuatro minutos de duración están tan llenos de energía y resultan tan misteriosos que, pese a lo anárquicos e incomprensibles que parezcan, Sonámbulo no sólo termina despertando un interés en el espectador que le llevará a verlo una y otra vez para descifrarlo o dejar volar la imaginación, sino que, además, terminará embriagándose.

Eso sí, sin elefantes rosas de por medio.

Por Nicolás G. Senac