Los hermanos Lumière, esos personajes tan enigmáticos e imprescindibles para la historia del cine (obvio), han pasado por delante de nuestras narices en cientos de ocasiones, pero es posible que nunca les hayamos prestado la atención necesaria, a excepción de aquellos inmersos en la industria cinematográfica que conocen al dedillo su obra. Más allá de los avances tecnológicos y de su épica batalla contra Thomas Edison en los Estados Unidos por el control de los medios de proyección cinematográficos, es bastante común encontrarse con un grave caso de desconocimiento audiovisual con respecto a su obra. Todos hemos caído en las redes cómicas del entrañable Charles Chaplin, o en las fuertes garras dramáticas de John Ford, pero ¿cuántos hemos pasado horas viendo las películas de los Lumière? Reconozcámoslo, no tantos como deberíamos.

Thierry Frémaux, director de esta película documental, ha realizado un intenso trabajo de recopilación de las películas de estos pioneros franceses, agrupándolas por temas a la vez que se altera el orden cronológico de  las mismas, aunque los detalles técnicos siempre son mencionados por el propio director que añade la voz en off al film. Puede parecer que la elección de dicha organización ha sido errónea en un primer momento, pero todo adquiere sentido al estar el conjunto inteligentemente abastecido de información histórica. Su finalidad, por tanto, es más cinematográfica que enciclopédica.

Con un exhaustivo y a la vez amable y relajado guión, Frémaux ofrece una selección quisquillosa de un centenar de películas, algunas con mayor relevancia y otras que por desgracia han quedado en el olvido para muchos. La recuperación de los metrajes y su restauración, regalan al espectador un material de incalculable valor, el cual debería comenzar a proyectarse obligatoriamente en todas las escuelas de cine del mundo.

Lo mejor: la necesaria aportación audiovisual a un público que se regodea de conocer el cine, sin hacerlo de verdad.

Lo peor: al agruparse los capítulos de la película por temática, en ocasiones resulta excesivo el número de películas proyectadas, cayendo en la repetición y la redundancia.

Por Andrea Guerra
@Zipipichi