Los débiles (Eduardo Giralt, Raul Rico, México, 2018)

Brevísima película que marcha hasta la región de Sinaloa, una de las más afectadas en México por la lucha entre narcos, y en dónde la violencia es tan común como los tamales.  Un tal Víctor encuentra a sus perros asesinados y decide recorrer el camino de destrucción que le lleve hasta sus asesinos. Por el camino irá descubriendo una fauna humana de lo más variopinta, en una galería de personajes que bien podrían salir de una película de Javier Fesser o de David Lynch. Rodada de forma calmada (hasta el punto en que en ocasiones parece más un ejercicio de arte y ensayo) tiene su punto fuerte en descubrir un México que está muy lejos del Zócalo, sin el glamour que Netflix nos lo quiere vender, en el que el ritmo (insistimos) se hace lento por momentos, un tanto irregular, distribuido en episodios en el avanzar del protagonista por su destino en el film (uno no sabe si la economía de recursos es por necesidad, por convicción o por (t)error).  Se pueden descubrir pasajes del western más puro, con espacio para la comedia negra y salvaje,  ideal como metáfora del entorno que describe. Por Javier Martín Corral

Nosotros y la música (Carlos Rivero, España, 2018)

Son tres los protagonistas del último trabajo de Carlos Rivero: una joven pareja que deambula ante la cámara, detrás de ella y con ella; y la música que les acompaña. Como un personaje más, la melodía compuesta por Jonay Armas dialoga con los otros personajes y también con el espectador, suplantando a  las palabras y su labor comunicativa. De un modo similar a los intertítulos del cine mudo, algunas frases de diálogo se muestran sobre las imágenes, narrando pensamientos y conversaciones privadas.  Rivero se sirve de las distintas posibilidades de la filmación doméstica (móviles, ‘go-pro’ y cámaras convencionales) para realizar todo un ejercicio de reflexión cinematográfica, y lo hace desde una perspectiva íntima y personal. Cercana al trabajo realizado por León Siminiani en Mapa (2012), Nosotros y la música disecciona los mecanismos que hay detrás del amor, aquellos que también  vertebran la pasión por el cine. Por Cristina Aparicio

Cartel de ‘Nosotros y la música’

El árbol (Drvo, André Gil Mata, Portugal, 2018)

Esta extraña historia doble de un anciano y un niño investidos de una igual soledad y traspasados por un mismo anhelo es una cinta bellísima. De un lado, destila verdadera humanidad, ternura; un agradecido punto de asombro ante lo más cotidiano de la vida y de las relaciones personales. De otro, el film opta por reducir los cortes de montaje y las elipsis a la mínima expresión, dando así lugar a una película hecha -casi en su totalidad- de planos secuencia navegados de movimientos de cámara precisos. El resultado es una obra de carácter contemplativo, que genera en el espectador la sensación del que saborea largo rato las imágenes de un encantador libro ilustrado. Para paladares finos y miradas conmovidas. Por Rubén de la Prida

PALMARÉS

Premio a la Mejor Película: O Conto do Coruja, de Tetsuya Maruyama (Brasil, 2018)

“Por saber tomar el pulso a una corriente contemporánea que desdibuja los contornos de la antropología en lo cinematográfico; por la ruptura e inversión que su película supone en la jerarquía – visión, lenguaje, concepto – donde sus/las imágenes existen por sí mismas y no son meras siervas de la visión simulada para representar un mundo. Y porque la autarquía del cuadro, la horizontalidad de la cámara y el incesante juego de texturas tanto fílmicas como sonoras nos remiten a un relato visual desvinculado del logos, de la palabra que vuelve a jugar como lo hiciera la construcción primitiva del lenguaje del cine con el espacio. ‘O conto do Coruja’, en resumen, nos recuerda que vivimos inmersos en un paisaje ficticio y que todo ya es, en definitiva, paisaje”.

Mención Especial del Jurado: La vendedora de fósforos, de Alejo Moguillanski (Argentina, 2017)

“Por la maestría con la que el director se cuestiona, sobre el relato cinematográfico, un caleidoscopio de posibilidades, de Bresson a Bach. Por esa fuerza motriz derrochadora de ideas, que construye y deconstruye la narración del cuento de Andersen en una serie de inteligentes peripecias, de situaciones cómicas, de persecuciones rítmicas y melódicas. Por su estupendo elenco actoral – María Villar y su dicción frenética – y la pertinencia de su tema, que propone una reflexión emocionante sobre la legitimidad de la alta cultura en un momento como el actual, en el que se sospecha de todo el arte que no tenga un propósito evidente de actuación social”.

El palmarés de la Sección Oficial se completa con los siguientes galardones:

Premio Exhibición NUMAX: Young & Beautiful, de Marina Lameiro (España, 2018)

“Por mostrarnos un retrato generacional con honestidad, marcado por la complicidad entre la cineasta y sus personajes, en el que los sueños son superados por las expectativas, generando en ellos una eterna insatisfacción. Por la construcción de un espacio cinematográfico íntimo y cercano con pulso firme, en donde los protagonistas son libres y se sienten como tales”.

Premio de la Crítica CAMIRA: Construindo Pontes, de Heloisa Passos (Brasil, 2017)

“Por cómo la cineasta aborda la compleja relación con su padre, generando un hábil paralelismo entre la historia reciente de Brasil y los vínculos y divergencias familiares, políticas y generacionales”.

Premio a la Mejor Película de la Sección Escáner: La casa de Julio Iglesias, de Natalia Marín (España, 2018)

“Por explorar las posibilidades de los diferentes lenguajes y los límites del género. Por combinar con acierto la experimentación, la ironía y el ensayo para contar una historia insólita. En definitiva, una provocación ausente de referencias figurativas con un resultado altamente sugestivo”.