Abacus: Small Enough to Jail (Steve James, EE.UU)

A favor: La dimensión emocional que consigue dar Steve James a un conflicto puramente financiero, apoyándose en la relación familiar de los protagonistas y en el optimismo que imprime la filosofía de estos, basada en la confianza y el apoyo mutuo. Muy admirable, también, el no posicionamiento del documental, dejando a elección del espectador la culpabilidad o la inocencia de los Sung tras hacer entrevistas a ambos bandos. Por último, si echamos un vistazo a la carrera de su realizador, vemos que es un punto a favor: autor de muchos documentales galardonados como Stevie (2002), The Interrumpers (2011) o Life Itself (2014), ya tuvo un trabajo nominado al Oscar: Hoop Dreams (1994). ¿Será este su año?

En contra: Los recursos documentales de la pieza son limitados y no innovadores, lo cual es un gran error teniendo en cuenta que el tema que trata está al alcance del entendimiento de muy pocos. Además del hermetismo fruto del punto anterior, hay que destacar la monotonía formal del documental. Ha sido nominado en varias ocasiones, pero le está costando alzarse con premios importantes, y los Oscar son, sin duda, los más importantes.

Ícaro (Icarus, Bryan Fogel, EE.UU)

A favor: Funciona muy bien la división en dos partes del film: una primera, especialmente destacable por su originalidad, en la que el director se mete durante unos meses en la piel de un deportista que se dopa, y una segunda, en la que se investiga y se explica todo el circo (porque no tiene otra palabra) montado alrededor del dopaje en el deporte de élite, además de mostrar la triste realidad de un deporte que se usa indiscriminadamente como herramienta política. Esta segunda parte, además, despliega un abanico de recursos visuales y formales que ayudan al entendimiento del mensaje y que aportan dinamismo. Por si fuera poco, el tema del documental nos plantea cuestiones morales y culturales que entroncan con la actual concepción de posverdad y del ser Vs parecer.

En contra: Si bien es cierto que hemos resaltado como algo positivo los mecanismos didácticos de la segunda parte del film, también lo es que, hoy en día, podemos encontrar estos mismos en cualquier programa televisivo de reconstrucción de asesinatos o en productos similares. Tal vez tenga algo que ver el hecho de que el deporte no es un tema que importe a todo el mundo, pero este es, en definitiva, un documental que no trasciende, que nos descubre un tema de una forma clara, didáctica y entretenida, pero que no llega hasta lo más hondo del espectador (como sí hacen otros trabajos nominados en esta categoría).

Strong Island (Yance Ford, EE.UU)

A favor: Un tema principal de absoluta y constante actualidad como es el racismo. El hecho de que sea un debut nos habla de algo palpable en la cinta: la necesidad del director de contar su vivencia, de llevar su historia a la gran pantalla. Por eso rezuma tanta verdad, no porque todo lo narrado sea real (que también), sino porque la razón de ser del proyecto no es impostada y se perfila, más bien, como un necesario grito de socorro contra una injusticia. Interesante ver cómo se trabaja el acercamiento con el espectador a través de recursos formales tales como fotografías y testimonios de vivencias personales.

En contra: Muchas veces sucede que los puntos a favor son armas de doble filo, y que Yance Ford nos hable del asesinato de su hermano, por mucho que su denuncia sea extrapolable a la situación de la comunidad afroamericana en EEUU, dibuja una subjetividad que desemboca en meditación personal, y ese es un rostro muy desdibujado del género documental. Se centra tanto en el drama de su familia, que desaprovecha el poder de este como arma en una guerra mucho mayor. 

Caras y lugares (Agnès Varda y JR, Francia)

A favor: El favorito en un año en el que no hay grandísimos favoritos. Ternura, optimismo, vitalidad, amor… todos los elementos de esta road-movie intimista calan en lo más profundo del espectador y se transforman en una sonrisa tan real como las que está viendo en la pantalla, que son fruto de la maravillosa espontaneidad creativa de Agnès Varda. Partiendo de una premisa cercana y altruista, la veterana realizadora, con ayuda del joven fotógrafo JR, plantea temas de carácter humano como el paso del tiempo, los recuerdos o el aprendizaje, sin renunciar en ningún momento al humor ni a la sencillez. La relación entre los dos protagonistas se transforma con el paso de las escenas y las vivencias, de igual modo que todos los seres humanos cambiamos a medida que vamos conociendo diferentes “caras y lugares”. Y si queremos hablar de las credenciales de la artífice de este documento, creo que con mencionar que lleva haciendo cine desde 1954 y que fue la única mujer que militó en las filas de la Nouvelle Vague francesa, no hace falta seguir leyendo.

En contra: Sinceramente, parece que sólo Los últimos hombres en Aleppo puede hacer que esta joya no se lleve el eunuco dorado y que, con ello, la inigualable Agnès Varda se convierta en la persona más mayor de la historia en ganar dicho galardón.

Los últimos hombres en Aleppo (Steen Johannessen y Firas Fayyad, Dinamarca)

A favor: La propuesta más desgarradora de todas las candidatas… con mucha diferencia. La condición humana del espectador que se enfrenta al visionado de Last Men in Aleppo resulta conmovida, trastocada, modificada. Mensajero de una realidad tan dura como tangible, este documental saca a relucir la vergonzosa inactividad de la comunidad internacional de cara a una guerra infame de la que nadie se responsabiliza, lo cual obliga a los civiles a enfundarse el traje de héroes anónimos y buscar algún atisbo de vida (y esperanza) bajo los escombros. Sólo teniendo en cuenta el peligro al que se exponen los directores de este film al acompañar a los protagonistas en su día a día por las calles de Aleppo, el mérito que alcanza la realización de esta cinta ya parece ser mayor que el de todas sus competidoras.

En contra: Al igual que Los últimos hombres en Aleppo es la única traba que se encuentra Caras y lugares en su camino hacia el Oscar, es evidente que sucede lo mismo a la inversa y, de hecho, de forma más acentuada. Salvo sorpresa, el Premio de la Academia a mejor largometraje documental de 2017 irá a parar a uno de estos dos trabajos.

Por Martín Escolar-Sanz