Call Me by Your Name

A favor: La película de Luca Guadagnino ha resultado ser una de las propuestas más atípicas de esta nueva edición de los Premios Oscar, pues su acentuado planteamiento naturalista se aleja de las calculadas narrativas de Hollywood. Quizá, la trascendencia de esta cinta se encuentre precisamente en esa filosofía, corriente que la ha llevado a convertirse en una de las películas más bellas y conmovedoras de toda la temporada y a la que es casi imposible resistirse.

En contra: Su marcado estilo europeo, marca de la casa del director italiano, puede alejarla definitivamente de las elecciones finales de los votantes. Aunque tiene muchas opciones de ser premiada por su guión adaptado, en la categoría de Mejor película deberá enfrentarse a contendientes realmente duros. Además, podría darse de bruces contra el sector más conservador de la Academia dada su temática y algunas de las escenas más subidas de tono que, aunque injustamente, podrían evitar su triunfo final.

Dunkerque (Dunkirk)

A favor: La épica del cine bélico supone un aliciente para los académicos de Hollywood que siempre tienen un lugar en su corazoncito para colocar el género entre los nominados. Como ya ocurrió el pasado año con Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, 2016), un film bastante intrascendente, el trabajo de Christopher Nolan, que ha dividido a crítica y público, tiene en la espectacular puesta en escena su mayor virtud como película. Planos grandilocuentes, batallas aéreas y jóvenes soldados que esperan su destino en las playas francesas, podrían conmover con relativa facilidad a los votantes más entusiastas.

En contra: Christopher Nolan se olvida del cine-emoción para intentar trasladar al espectador la sensación de vacío en medio de la sinrazón de la batalla. El experimento funciona para unos pero fracasa para otros y esta misma división podría darse en los resultados finales. En condiciones normales, Dunkerque no debería pasar a los anales de la historia como una película con Oscar, pues, pese a todo el ruido que provoca, está falta de entidad no sólo como film sobre la guerra, sino como trabajo cinematográfico en sí mismo. Lo tiene muy difícil.

Déjame salir (Get Out)

A favor: Si hay algo a lo que es difícil resistirse es a un buen thriller psicológico. Déjame salir es, sin duda, un relato inquietante y con buenas dosis de inteligencia que, de manera silenciosa, empezó a conquistar a crítica y público a medida que se iba estrenando en diferentes festivales. Tras sus proyecciones en todo el mundo y al final del recorrido, la película de Jordan Peele ha dejado un estupendo sabor de boca que, para algunos, debería traducirse en la consecución del Oscar a la mejor película.

En contra: Pese a que muchos celebrarían su victoria, Déjame salir tiene realmente difícil alzarse con la estatuilla más relevante. En su propuesta hay grandes virtudes que aventuran al director éxitos futuros, pero resulta bastante improbable que la cinta vaya más allá de un tremendo reconocimiento internacional. Quizá, le faltan muchos ingredientes que la Academia norteamericana necesitaría degustar para aparecer en el ansiado sobre final.

Lady Bird

A favor: La película dirigida por Greta Gerwig, encantadora protagonista de Frances Ha (2012), es uno de los trabajos indie del 2017 y como tal ha ido calando allá por donde se ha estrenado. Esa gran aceptación la ha colocado entre las grandes por méritos propios, por lo que tiene todo el derecho a creer en sus posibilidades. Un Oscar como mejor película sería, no sólo el reconocimiento a los pequeños presupuestos y a las historias del mismo tamaño, sino el gesto más disruptivo de la Academia norteamericana en (casi) toda su historia.

En contra: Siendo realistas, hay poco lugar para el sueño. Lady Bird es un relato divertido, entrañable y, por qué no, cargado de grandes dosis de verdad, pero la dinámica de los Oscar nos hace entender que, año tras año, pocos académicos están dispuestos a premiar con “el más gordo” películas de su calibre. Además, es cierto que al film de Gerwig le faltan un par de escalones para ser considerada una obra de gran entidad. Los Independent Spirit Awards son, quizá, terreno mucho más fertil para ella que este Hollywood grandilocuente.

Los archivos del Pentágono (The Post)

A favor: La historia de amor entre la Academia y el director Steven Spielberg tardó en arrancar, pero a partir del reconocimiento a La lista de Schindler (Schindler’s List, 1993) con sus siete Premios Oscar, el affaire continua siendo una apasionada realidad año tras año. Sin embargo, más allá de esta feliz obviedad, es necesario recalcar que esta vez ha regresado el mejor Spielberg desde Munich (2005): Los archivos del Pentágono es un trabajo brillante en todas sus facetas, una historia de ritmo endiablado que se luce en sus interpretaciones, la fotografía, el montaje y, sobre todo, en su fabulosa dirección. Un trabajo sólo al alcance de directores tan legendarios como el dueño de Dreamworks que podría dar lugar a un nuevo “polvo” entre la Academia y el realizador.

En contra: No supondría ningún disparate el hecho de que Los archivos del Pentágono se hiciera con el Oscar a la mejor película pero sí es cierto que sus dos nominaciones, en contraposición a otras rivales que acumulan muchas más, la alejan de las quinielas. Por otro lado, y aunque es poseedora de una factura impecable, la película de Spielberg tiene algunos gestos ligeramente impostados que le restan épica y algo -muy poco- de verosimilitud. Es posible que, en su conjunto, se sitúe un escalón por debajo de las auténticas favoritas.

La forma del agua (The Shape of Water)

A favor: La película del mexicano Guillermo del Toro es el trabajo más nominado de esta edición (13 categorías). El amor del director por los monstruos clásicos es el leit motiv de un film excelente, abanderado por su impecable diseño de producción, que narra la extraña historia de amor entre una criatura acuática y una mujer muda. Esta es la excusa de del Toro para enseñar su músculo cinematográfico y, quizá, la mejor forma de demostrar su madurez como realizador. Con el permiso de El espinazo del diablo (2001) o El laberinto del fauno (2006), La forma del agua es, posiblemente, su regalo más preciado al séptimo arte a través de un cúmulo de excelencias que van desde la música de Alexandre Desplat hasta la estupenda interpretación de Sally Hawkins, pasando por la poética de alguno de sus pasajes. Es, para algunos, la gran favorita de la noche.

En contra: Nadie puede estar seguro de si la Academia quiere volver a premiar el film de un director mexicano, pues antes que del Toro, sus compatriotas Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu ya se llevaron el gato al agua. En su favor, podría ser que, con tal de tocarle el peluquín al bueno del presidente Trump, los votantes quisieran completar el podio con esta trinidad de talentosos realizadores. Polémicas raciales aparte, La forma del agua, paradójicamente y por multinominada, corre el riesgo de pasar a engrosar la infame lista de películas que se van a casa como llegaron convirtiendo así su aura de cuento de hadas en un relato pesadillesco para sus responsables. Y si no, que le pregunten a Spielberg por el año de las once nominaciones a El color púrpura (The Color Purple, 1985).

Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri)

A favor: Aclamada en festivales -incluido nuestro “tipo A”, San Sebastián- la película de Martin McDonagh ha calado muy hondo en casi todos los espectadores que han disfrutado de su drama disfrazado de comedia negra. Diálogos punzantes, escenas dantescas y un olor a western moderno de calidad son la sólida base de una película extráñamente divertida. Además, tiene una de las mejores interpretaciones del año: Frances McDormand en estado de gracia desafiando a todo un pueblo en el papel de Mildred Hayes, una madre destrozada pero dispuesta a poner Ebbing patas arriba. Guste más o guste menos, el film de McDonagh podría dar la campanada y nadie debería extrañarse. Es, junto a La forma del agua, el rival a batir.

En contra: Que su punto fuerte sea un guión perfectamente calculado es, para algunos, síntoma de debilidad. Agarrados a ese argumento -muy discutible- los académicos podrían obviar su candidatura dando prioridad a trabajos de mayor empaque a la vez que se da un toque de atención a aquellos cineastas que, como aquí parece hacer McDonagh, buscan el impacto a través de escenas y situaciones relativamente forzadas en pos del espectáculo. Aunque en el caso de Tres anuncios en las afueras todo esto funciona como un reloj, hay cierta parte de razón en esa idea, por lo que, en caso de tenerse en cuenta, sería el motivo más significativo por el que la película se quedase sin el eunuco dorado.

El instante más oscuro (Darkest Hour)

A favor: Los acontecimientos históricos siempre tienen posibilidades en los Premios de la Academia. La trascendencia de los hechos que se relatan suponen un gancho casi irresistible para muchos de los votantes, también para el público, y el hecho de que Gary Oldmand (Winston Churchill) tenga el Oscar casi asegurado, sitúa El instante más oscuro en buena posición de salida. Esta vez, el director Joe Wright, ducho en las lides bélicas, compone un retrato relativamente intimista bañado por las formas del cine más clásico. Sus posibilidades pasarían por asociar el gran trabajo de Oldman con el resultado final de este biopic inmaculado.

En contra: A decir verdad, la película de Wright tiene más pinta de telefilm con alto presupuesto que de película oscarizable, sobre todo teniendo en cuenta los nuevos tiempos y las tendencias hollywoodienses de los últimos años (¿La La Land es la favorita por su homenaje al musical clásico? Oscar para Moonlight). Hay algo en El instante más oscuro que huele a rancio, pues sus formas apolilladas transmiten el poco entusiasmo de una historia que, a pesar de su peso histórico, carece del guion necesario para conmover con verosimilitud. Para muestra, un botón: Churchill jamás se subió a un vagón de metro para charlar con los ciudadanos sobre el conflicto. La licencia en favor de la ficción es, esta vez, de un insultante descaro.

El hilo invisible (Phantom Thread)

A favor: La trayectoria brillante y compleja de Paul Thomas Anderson, la inconmensurable interpretación (otra más) de Daniel Day-Lewis, la inspiradísima música de de Jonny Greenwood, o Vicky Krieps, que desarrolla uno de los trabajos más contenidos y sobrecogedores del 2017. Cómo no, también su historia: un drama que sucede en los años 50 y que surge de un romance poliédrico y enrevesado fruto de las obsesiones y los trastornos de sus protagonistas. El hilo invisible es una atípica historia de amor que, visto lo visto, sería la opción arriesgada pero perfectamente lícita de los académicos hollywoodienses.

En contra: El cine de PTA siempre es controvertido y complejo. El director juega con los instintos humanos y sus narraciones se convierten en experiencias a través de los laberínticos comportamientos de sus personajes, sus películas están llenas de matices y la narrativa se aleja de ciertos estándares del cine norteamericano más idiosincrásico. Entre otras razones, esa confirmación de la autoría, sitúa a El hilo invisible como la gran película que es, pero con las posibilidades justas de llevarse un Oscar como mejor película de la temporada.

Por Javier G. Godoy
@blogredrum