Desde el anuncio de retirada de Hayao Miyazaki (y la posterior confirmación de su vuelta por parte del estudio Ghibli) toda muestra de cine de animación que nos llega del país nipón es recibida con atención. Si, además, como en el caso de Your Name (Kimi no Na wa, 2016), se ha convertido en todo un fenómeno y ha arrasado en las taquillas de Japón, donde tiene el honor de haberse convertido en la película de animación más taquillera de la historia superando a El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi, 2001) y viene avalada con la buena recepción en distintos festivales, como el de Sitges, donde recibió el premio a la mejor cinta de animación, mayor motivo para no perderle la pista. Your Name ha sido dirigida por uno de los nombrados sucesores de Miyazaki, el animador y guionista Makoto Shinkai, y se basa en una novela gráfica del mismo título también escrita por él que se publicó meses antes del estreno de la película en Japón. El film ha sido animado por la independiente Comix Wave Films y distribuida y en parte producida por la productora Toho, conocida por habernos dado a Godzilla y haber producido historias desde Akira Kurosawa a animes del estudio Ghibli. Encaro Your Name no como un ferviente admirador y conocedor del anime japonés, si no, como un cinéfilo curioso por tanta expectación y con ganas de ver algo nuevo. Reconozco la maestría del gran Miyazaki, aprecio el preciosismo de La tortuga roja (La tortue rouge, 2016), y quedé deslumbrado (y con cara de no haber entendido nada) con Akira (1988), por lo tanto tenía mucho interés por la propuesta de Shinkai.

El film narra la historia de Mitsuha y de Taki, ella es una estudiante que no está muy feliz con la vida en el campo junto a su hermana, su abuela y un padre alcalde al que casi nunca ve. Ansía vivir un día a día más emocionante en Tokio y cambiar de estilo de vida. Por su parte, Taki, es un estudiante de arquitectura que vive en Tokio y que trabaja a tiempo parcial en un restaurante italiano. Tras el paso de un cometa, Mitsuha y Taki cambiarán sus cuerpos viviendo el uno la vida del otro.

Lo primero que recibo con agrado es la apuesta estética de la cinta, de trazo realista, con un interés inmenso por descubrirnos a través de su animación un Tokio muy verosímil, cualquiera que haya estado allí reconocerá lugares tremendamente retratados. Es innegable su calidad y la enorme belleza de las imágenes, deslumbrantes y de indudable capacidad para plasmar la realidad. Sin embargo, es en la forma de contar la historia donde encuentro las primeras dificultades para entrar en la película. Hasta el momento en que decide sumergirse en lo fantástico la historia se antoja de una tremenda inocencia adolescente, no consigo encontrar nada nuevo o que provoque mi interés. Es un relato demasiado “blanco”, por no decir abiertamente “rosa”, lo que hace que la historia transite por lugares comunes sin mayor interés para el espectador que la propia animación. Es lo que me ocurre con almibarado cine de Makoto Shinkai, echo en falta algo más de humor, que refleje a los jóvenes con unas inquietudes más adultas y no se quede en retratos naíf de los adolescentes nipones y, aún sabiendo que es el inconfundible sello del director, el conjunto se hace previsible y aburrido. Tampoco la transmutación corpórea es algo nuevo, lo hemos visto en infinidad de ocasiones y en innumerables películas, por lo que pronto imaginamos por dónde irán los tiros. Desde casi el comienzo Your Name deja claro que aquí lo importante es la historia de amor subyacente, lo que provoca que todo resulte menos original y concluya en una ligera sensación de deja vu.

La disfrutarán los amantes del anime que busquen romances e historias de gente destinada a encontrarse, no tanto aquellos que deseen ver nuevos y fantásticos mundos, habitados por seres increíbles que tanto estimulan nuestra imaginación. Esta es, quizá, la grandeza de la animación japonesa, capaz de dar rienda suelta casi sin límite a todos los géneros que abarca el séptimo arte.

Lo mejor: el trazo realista de Shinkai, estimulante reflejo de la fascinante Tokio.

Lo peor: su exceso de almíbar, aunque agradable la hace empalagosa.

Por Javier Gadea
@javiergadea74