Lo bueno si breve, dos veces bueno. Al menos eso creemos algunos. Sin más. Diferente es que unas cuantas figuras revoltosas del Séptimo Arte se empeñen en encontrar la gallina de los huevos de oro en la complicada mutación del corto al largo. Resumiendo dentro del contexto en el que nos movemos esta vez: si diez minutos de lucidez dieron miedo ¿por qué no lo harán dos horas? Para el que os escribe es sencillo: la lucidez vale su peso en oro y lo que fue un fugaz momento de talento, rodado y a nuestra disposición para siempre, puede repetirse, por supuesto, pero tiene muchas posibilidades de corromperse si se altera bruscamente su naturaleza.

Lights Out, el cortometraje del que ya os hablamos hace unos meses en la web, fue un sencillo pero inspirado trabajo que el cineasta sueco David F. Sandberg realizó junto a su mujer y sufridora protagonista Lotta Losten, su cámara y un ordenador con el que dio los últimos y efectivos retoques al montaje final. Aquel trabajo sobre un desagradable personaje que solo aparecía en la oscuridad no fue una casualidad, puesto que Sandberg siguió trabajando en la disciplina de manera muy prometedora… hasta que La Industria llamó a su puerta. La idea era convertir los espeluznantes tres minutos del corto en una película, por lo que habría que estirar el concepto y reinventar la historia que, automáticamente, se vería obligada a profundizar con mayor ahínco en la construcción de personajes y a concebir el guión necesario para dar a luz un relato de cierta solidez.

Nada de esto se encuentra en el film apadrinado por el mismísimo James Wan (Saw, Expediente Warren). Sandberg se hunde en su propia piscina y el film hace aguas por todas partes. Todo despide un tufillo sospechoso a tópico, a exasperante cliché del género, a mediocridad y a malas decisiones. En Nunca apagues la luz, las referencias del terror clásico en las que se pretende inspirar su guión, no son más que una sucesión irritante de lugares comunes. El planteamiento del film, que ansía demostrar la admiración del director por los clásicos del género en su vertiente más psicológica, roza la caricatura en algunos de sus tramos, dando como resultado situaciones que, persiguiendo ser extremas y aterradoras, resultan cómicas y absurdas. Las risas, tristemente, están garantizadas.

Decepcionante resulta ver como un cortometraje tan eficaz como Lights Out, se destroza en su “hermana mayor” gracias a un guión torpe y ramplón que rebosa ineptitud. Nunca apagues la luz no asusta, disgusta, y, en la línea de Mamá, otro fiasco que sufrió la metamorfosis del corto al largo de similares características que dirigió Andres Muschetti en 2013, se demuestra que el Terror no busca ni necesita talentos a cualquier precio. Deseamos que David F. Sandberg encuentre su camino y una nueva inspiración, pero le aconsejamos prudencia, y no urgencia. Sin prisa pero sin pausa, David, sal del lado oscuro, te necesitamos aquí.

Lo mejor: pensar que el director pueda reaccionar a tiempo y su siguiente película sea mejor.

Lo peor: que a los cinco minutos del comienzo sepas que no te gustará.

Por Javier G. Godoy
@blogredrum