No lamento nada, porque he hecho todo lo que he podido en la medida de mi habilidad. – Charles Robert Redford

Me encantaría poder ver a Jose Luis López Vázquez hablando de Robert Redford y diciendo “un artista, un icono, un sex symbol… ¡una leyenda!” en ese tono de retahíla babosa frente a alguna vedette que le quiere engañar. Porque cuando hablamos del rubio de Santa Mónica los calificativos se pierden en la memoria de más de cuatro décadas de cine, de actuación, de producción, de dirección, de riesgo, de trascender la pantalla para convertirte en un clásico, en un referente de la profesión y en una de las caras más reconocibles a nivel universal. Desde su debut allá por el comienzo de los 60, hasta su ¿anunciado? retiro, pasando por títulos imborrables, su “matrimonio bígamo” profesional con Paul Newman y George Roy Hill, su fructífera y larga relación con Sidney Pollack junto al que firmó algunos de sus mejores títulos, su destacada y premiada labor como productor (levantando un proyecto tan arriesgado como acertado en Todos los hombres del presidente (All the presidents men, 1976) y director, creando uno de los festivales con mejor cartel entre los críticos en Sundance, dando oportunidades a aquellos que lo tienen más difícil para exponer su cine… Un titán del séptimo arte.

Una figura de estas dimensiones merece todos los homenajes que se le quieran realizar, por eso el estreno de su última actuación en The Old Man & the Gun (2018) será un disfrute nostálgico para los admiradores de Redford, que son legión. La película dirigida por cuenta la historia (real) de Forrest Tucker, un anciano que ha dedicado toda su vida a atracar bancos y escapar de  cárceles, siempre con una sonrisa en los labios y los modales de un lord inglés. Camino de los 80 años redescubre el amor junto a una simpática criadora de caballos interpretada por la siempre maravillosa Sissy Spacek.

El filme no pasará los anales de la historia como un clásico que revisitar por su intriga, su humor o su humanidad. En cualquier caso el guion es inocente y blanco, sin espacio para la sorpresa o para las grandes aspiraciones. Sin embargo, como despedida de nuestro Robert es un vehículo de lujo. Es más, podríamos hacer un ejercicio de atención a los detalles de las películas de Redford que se homenajean de forma más o menos explícita en The old man… Ahí van los que yo he visto, que son los más evidentes: el poncho de Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969), el recuerdo de El Golpe (The Sting, 1973) en el saludo en clave con el que Casey Affleck (en el papel del policía que le persigue y que pronto empatizará con las intenciones del ladrón) le despide, su relación con los caballos en claro homenaje a El hombre que susurraba a los caballos (The horse whisperer, 1998), imágenes de La jauría humana (The Chase, 1966), referencias de Brubaker (1980)…

Más allá del evidente ejercicio de admiración que se le profesa durante la película, ésta contiene algunas escenas rodadas con poca tensión entre el protagonista y sus cómplices (unos simplemente correctos Danny Glover y Tom Waitts), reflexiones en torno al paso del tiempo y el sentido de la vida, y, sobre todo, una preciosa historia de amor de esas que los cursis han dado en llamar “en la edad dorada”. Los mejores momentos de The old man… se dan cuando en la pantalla luchan por ser mejores Redford y Spacek, en una relación de amor y respeto un poco naif, que podría haber tenido más recorrido y haberse instalado en nuestra memoria como en su día lo hicieron las de Henry Fonda y Katherine Hepburn en En el estanque dorado (On Golden Pont, 1981) (de nuevo el dichoso tono amarillento aplicado al amor entre personas mayores), o la que nos llevaba al medievo de mano de unos maduritos Sean Connery y Audrey Hepburn en la inolvidable Robin & Marian (1976).

Al final te quedas con la sensación de que los admiradores de Robert Redford saldrán encantados del cine por las múltiples referencias a la leyenda, pero que con el reparto que maneja y la historia que plantea se podría haber ido un poco más allá y habernos ofrecido no solo un buen homenaje, sino también una gran película.

Lo mejor: El claro homenaje a uno de los personajes más relevantes e inolvidables del séptimo arte.

Lo peor: No haber profundizado más y mejor en esa preciosa relación que se intuye entre los personajes de Redford y Sissy Spacek.

Por Javier Martín Corral
@Jatovader