¿Cómo? ¿Una película española de ciencia-ficción y sin apenas efectos especiales? Seguramente estas sean las preguntas que se le hayan pasado por la cabeza al espectador patrio al saber de la existencia de Orbita 9 (2017). O, simplemente, algunos frunciesen el ceño al tener de nuevo la sensación de encontrarse con otro de esos extraños experimentos que de vez en cuando nos regala la industria española.

Y es que, aunque el público se empeñe en reclamar más cine de género, parece que seguimos teniendo reticencias a la hora de ir a ver este tipo de productos cuando nos los ofrecen. Esta cautela no se debe a que desconfiemos de los profesionales de nuestro cine, sino a que estas películas tienen la costumbre de dejarnos a medio camino entre lo que fue y lo que pudo haber sido.  Lo vimos en su día con cintas cómo Náufragos (Stranded, 2001), Eva (2011) o Autómata (2014) y ahora volvemos a tener esa sensación con la cinta que nos ocupa.

El film escrito y dirigido por el debutante Hatem Khraiche, guionista de títulos como La cara oculta (The Hidden Face, 2011 ) o Retornados (The Returned, 2013), tiene un primer acto muy interesante en el que podemos apreciar una gran representación de lo que puede ser el cine Sci-fi, con un cuidado diseño de producción y una banda sonora que lo acompaña de manera excepcional, durante toda la primera media hora. Pero, es a partir de este punto, cuando la película va a dar un volantazo a la trama tirando por el camino fácil, decidiendo convertir una buena historia de ciencia ficción en un thriller romántico falto de ambición. La necesidad del director por apostar por el romanticismo, en vez de  hacer hincapié en los elementos planteados hasta el momento, hace que pierda el rumbo y convierta lo que a priori era una buena idea, en algo ya visto y muy trillado para el público. A través de estos velados homenajes, Khraiche quiere hacernos reflexionar sobre el futuro de nuestro planeta y sobre cuáles podrían ser los límites a los que está dispuesto a llegar el ser humano ante su inevitable autodestrucción.

En cuanto al elenco actoral tenemos, por una parte, a Clara Lago, que defiende su papel de manera solvente. El único error, para mi gusto, es haberle dado esa personalidad dual, cómo si fuese una especie de teniente Ripley ingenua, que se queda a medio camino entre dos puntos, sin terminar de definir realmente al personaje. Por otra parte, tenemos a un Álex González totalmente descafeinado y algo desdibujado, al igual que Belén Rueda, que aparece en la película casi a modo de cameo y sin apenas demostrar sus dotes actorales. Interpretativamente hablando, el mejor parado de la cinta es Andrés Parra, protagonista de la aclamada serie colombiana Escobar, el patrón del mal (2012) el cual destaca sobre el resto, aunque tenga que hacer las veces del típico villano de manual.

En ocasiones, y salvando las distancias, el film puede recordarnos a otros títulos de ciencia ficción cómo Blade Runner (Blade Runner, 1982), La isla (The island, 2006), o incluso la reciente Passengers (Passengers, 2016), sin embargo, y en conclusión, Orbita 9 es otra esas películas que se quedan a medio camino de lo que un verdadero amante de la ciencia ficción quisiera ver.

Lo mejor: la propuesta inicial de la trama.

Lo peor: la escasa química entre los personajes.

Por David Areces