Linus Sandgren por La La Land

A favor: A pesar del altísimo nivel general con el que nos encontraremos en esta edición de los premios de la Academia, el director de fotografía de La La Land parte como indiscutible favorito en su categoría tras haber conquistado prácticamente todos los premios a los que ha podido optar (incluyendo el BAFTA). Conocido previamente por trabajar con el realizador David O. Russell en películas como La gran estafa americana (2013) y Joy (2015), el cinefotógrafo sueco nunca había estado nominado antes al gran galardón del cine norteamericano. Gracias a una fotografía tan impecable como la ciudad de la que nos habla, tan llamativa como los personajes que nos muestra y tan colorida y jovial como el sentimiento que trasmite el film, Linus Sandgren consigue no solo justificar a la perfección el preciosismo de la atmósfera creada, sino aportar matices cruciales a la historia que se desarrolla hechizantemente frente a nuestros ojos.

En contra: Las únicas zozobras a tener en cuenta que ha sufrido esta película en su camino hacia el Oscar a mejor fotografía han sido la no consecución del ASC Award a la mejor dirección de fotografía (premio que en muchas ocasiones coincide con el Oscar) y el segundo puesto en los premios de la NSFC con casi la mitad de los votos con respecto a la ganadora.

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Greig Fraser por Lion

A favor: Este director de fotografía australiano también debuta como nominado al premio de la Academia. Ya comenzó a dar muestras de su potencial en películas como Bright star (2009) y, sobre todo, La noche más oscura (2012), pero ninguno de sus trabajos le había acercado tanto al reconocimiento internacional como este último, que le ha proporcionado el ASC Award a la mejor dirección de fotografía (él ha sido el “osado” que se lo ha arrebatado a La La Land). Sin ninguna duda, esa es su mejor baza, ya que seis de los últimos diez vencedores de este galardón acabaron llevándose el Oscar. Su trabajo en Lion acentúa esa dicotomía que el film nos presenta enfrentando dos mundos tan diferentes como reales: una India casi de película de terror, oscura, de sombras duras, de trepidantes movimientos de cámara y desconcertantes desenfoques ha de convivir con una Australia más clara, colorida y de sosegados travellings y paneos.

En contra: Los planos están muy cuidados… tal vez demasiado. Esto, que en muchas ocasiones es una virtud, aquí se torna en defecto al resultar encuadres en ocasiones artificiales y forzados, subrayando en exceso las intenciones del realizador. Probablemente tenga algo que ver el inicio profesional del director de la cinta en el mundo de la publicidad.

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Bradford Young por La llegada

A favor: Ganador en dos ocasiones del Cinematography Award del festival de Sundance –por Pariah en 2011 y por Mother of George y En un lugar sin ley en 2013– pero neófito en lo que a los Oscars se refiere, este cinefotógrafo ha conseguido hacer de la atmósfera de La llegada (Arrivalun elemento con voz propia y un mensaje muy claro: gracias a la corta gama cromática a la que recurre, que prácticamente se reduce a los dos (no) colores básicos –blanco y negro–, sabemos que el fondo del film no es otro que hablar de los orígenes, del arcaísmo que suponen los primeros pasos de una unión de civilizaciones. Desenfoques y encuadres con mucho aire (inteligentemente nebuloso e impregnado de vacío) aumentan la incertidumbre del espectador de cara a lo desconocido. Para rematar este espectacular trabajo, destacar el soberbio juego de Young con la geometría imperante en la imagen, que nos habla de otro punto inicial e ineludible de todo proceso evolutivo y físico: las matemáticas.

En contra: A pesar del maravilloso trabajo que supone este film (en todos sus aspectos, no solo en la fotografía), ha tenido la injusta mala suerte de haber sido estrenado hace ya unos meses. Aunque parezca una causa menor, la Academia no tiene demasiada memoria y cuando la euforia de trabajos tan brillantes como este se pasa, parece que el hecho de que estén nominados ya es un premio en sí (de las nueve que optan al Oscar a mejor película, siete se estrenaron entre noviembre y diciembre de 2016).

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James Laxton por Moonlight

A favor: Tras más de una década trabajando con Barry Jenkins desde los siempre difíciles inicios, le llega esta recompensa en forma de nominación a mejor dirección de fotografía. Su trabajo en este film ya le ha supuesto, entre otros premios, el NSFC Award, casi doblando en votos al segundo finalista (La La Land). Llama la atención el valor con el que encara un drama tan desgarrador e íntimo de una manera tan plástica y colorista. Laxton juega con las texturas, las formas y el desenfoque consiguiendo crear imágenes con valor propio. Esta decisión formal, arriesgado lirismo visual, hipnotiza desde el minuto uno a un espectador que hará suya la odisea de un Ulises muy específico pero al que asaltan fantasmas que todos conocemos.

En contra: Moonlight parte como una de las favoritas de la noche junto con la todopoderosa La La Land, por lo que hay categorías que parecen ya llevar su nombre casi sin lugar a dudas (como es el caso del Oscar al mejor guion adaptado). Esto puede causar que la dirección de fotografía sea de esas categorías que la Academia usa para que alguna gran película no se vaya de vacío. De no ocurrir así, es muy probable que puestos a llenar las arcas de alguna de las favoritas, prefiera hacerlo con el musical de Chazelle, que, siendo fieles a las evidencias, ha de tener muy mala suerte para no alzarse con el galardón.

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Rodrigo Prieto por Silencio

A favor: Se trata del más experimentado y renombrado de todos los nominados pero, como los demás, nunca ha ganado el eunuco dorado… al menos por ahora. Lo que sí le hace diferente es haber estado nominado previamente, fue en 2005 por la dirección de fotografía de Brokeback Mountain, al igual que estuvo en la selección final para hacerse con el BAFTA en 2006 por su trabajo en Babel, pero este premio también se le escapó. La proeza visual frente a la que nos expone en Silencio (Silence) es evidente, haciendo gala de una elegancia y una meticulosidad supinas. La grandiosidad del tema tratado por la cinta es acentuada por una fotografía impactante que hace sentirse pequeño a aquel que la contempla. Mesura, elegancia y solidez que pueden traducirse en el primer Oscar para el único candidato que ha demostrado realmente estar preparado para llevar ese peso sobre sus hombros.

En contra: A pesar de tratarse de la última película de uno de los más importantes y reconocidos iconos tanto del Nuevo Hollywood como de toda la historia del cine, esta cinta ha sufrido un considerable “vacío” por parte de la Academia, estando nominada únicamente en la categoría que nos ocupa. Esto se perfila como un arma de doble filo: puede que la Academia limpie su conciencia para con este film otorgándole el Oscar a mejor fotografía o puede que ya sienta que lo haya hecho con la nominación y decida obviar su calidad haciéndola irse como llegó… ya veremos lo que pasa la gran noche.

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Por Martín Escolar-Sanz