Birmingham, va a comenzar la década de los 20 y la ciudad ruge atestada de trabajadores que se hacinan en viviendas pegadas a las fábricas e industrias del metal. Hace falta mucha mano de obra y la ciudad se ha convertido en la locomotora industrial del Reino Unido. El crecimiento es vertiginoso, desordenado y desigual; calles embarradas e infraviviendas para dar servicio a los trabajadores que acaban de volver de la Primera Guerra Mundial. Un hombre a caballo pasea por las fangosas calles, la gente se retira a su paso y muestra respeto, suena “Red Right Hand” de Nick Cave And Bad Seeds y en un plano secuencia muestra los dominios del jinete en esa locura industrial, sucia y ruidosa. Así comienza la producción de la BBC creada por Steven Knight, Peaky Blinders (2013).

Knight se había dado a conocer por el guion de Promesas del Este (Eastern Promises, 2007) de David Cronenberg y por participar en el texto basado en la novela de Dennis Lehane Shutter Island que llevó a la gran pantalla Scorsese. En esta su primera incursión televisiva nos presenta la historia de una familia de gángsters que existieron en la realidad y dominaron Birmingham desde finales del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX. Se trata de los Peaky Blinders del título y cuyo nombre hace referencia a las gorras que llevaban, con una cuchilla en su visera, para cegar y dejar fuera de combate a sus adversarios. La serie apareció en el momento se estaban emitiendo las últimas temporadas de Boardwalk Empire y, tal vez por las similitudes con esta, no sea todo lo conocida que debiera a tenor de la calidad de la misma. Solo hace falta ver diez minutos de Peaky Blinders para ver que hablamos de otra cosa, de otro universo y de un punto de vista estético completamente diferente al de la serie de la HBO.

Una vez que han vuelto de la contienda mundial, los miembros masculinos de la familia Shelby han vuelto a su ciudad para hacerse cargo del negocio familiar (atracos, extorsiones y apuestas). Arthur Shelby (Paul Anderson), hermano mayor y el que debería tomar las riendas de la familia aunque su mala cabeza y adicciones varias harán que se vea relegado del mando en favor del segundo hermano, Thomas Shelby (un inmenso Cillian Murphy), que hará y deshará a su antojo y elevará a categoría de empresa el negocio familiar. Por otro lado, están los hermanos pequeños, John (Joe Cole) ya convertido en un lugarteniente, Ada (Sophie Rundle) que dará más de un quebradero de familia al enamorarse de un activista comunista, el hermano menor de apenas 11 años y la que será uno de los pilares de la historia y de la serie en sí, la tía Polly (Hellen McCrory), matriarca del clan y la jefa absoluta durante los años de guerra a falta de los miembros masculinos. Tommy se erigirá en el líder absoluto y tomará decisiones sin tener en cuenta al núcleo familiar, y lo que será, en principio, el robo de unas motocicletas derivará en un robo de armas donde se verá salpicado el gobierno británico. El por aquel entonces ministro Wiston Churchill enviará al insobornable nuevo jefe de policía, Chester Campbell (un correcto Sam Neill) para acabar con los Peaky Blinders. En ese momento aparecerá Grace, interpretada por Anabelle Walis, una nueva camarera en el pub The Garrison, donde la banda tiene su sede, que será la encargada de poner patas arriba el mundo de Thomas Shelby. La serie nos habla de ambición y de sentirse aceptado, no hay que olvidar que los Shelby vienen de gitanos por parte de madre, y necesitan tener su hueco y reconocimiento. Por eso, además de controlar con mano dura, ayudan a su comunidad. Algo que el personaje de Tommy ansía es el poder salir del gueto, hacerse respetable por sus empresas y no por las armas. El personaje de Cillian Murphy, algo así como un Russell “Stringer” Bell de The Wire, posee una ambición sin límites, pero también el deseo de ser alguien por sus logros, ascender en la escala social y llevar a cabo negocios dentro de la legalidad, de forma que sea realmente reconocido y respetado.

Una de las bazas principales de Peaky Blinders son sus interpretaciones, unos trabajos sólidos y comprometidos para dar vida a estos personajes tan peculiares en los que destaca un Cillian Murphy traumado por la guerra y enganchado al opio para llevar mejor su dura existencia. Quizá, en referencia a Boardwalk Empire, era en el personaje central donde la serie de Terence Winter no llegaba a dar el Do de pecho, por tanto, a diferencia de esta, Murphy le otorga una complejidad y profundidad al personaje que lo hace merecedor de una serie para sí mismo. Además de este, Polly, Helen McCrory, vista como la pareja de Damian Lewis en Homeland, es un autentico descubrimiento de la serie, todo un huracán de sentimientos, dureza y a la vez sensibilidad. Reflejo de esas mujeres extraordinariamente fuertes que dejan su vida de lado para hacerse cargo de los demás, pero, no sin esfuerzo, sufrimiento y dolor. Simplemente brillante.

© BBC

Helen McCrory © BBC

No solo los actores principales tienen peso en la serie, en la primera temporada podemos destacar a Tommy Flanagan, visto en Hijos de la anarquía (Sons of Anarchy, 2008), en el papel del padre de familia, peleón, estafador, jugador y bebedor que se sumará a los quebraderos de cabeza de Tommy. A partir de la segunda temporada Steven Knight consiguió un fichaje de relumbrón para la serie, Tom Hardy, que concede vida, cuerpo y un gran trabajo de voz al personaje de Alfie Solomons, líder de una peligrosa banda de criminales judíos con base en Camden Town. Por su parte, Paddy Considine es otro de los que se incorporan en la tercera temporada en el papel de un militante del brazo político del IRA.

Como buena serie de la BBC, la historia de los Shelby posee un diseño de producción y una ambientación impecables, la época, el vestuario o las localizaciones son propias de una gran producción que nada tiene que envidiar a las grandilocuencia cinematográfica. Aquí no se ven decorados de tercera o excesivos trucos de infografía para trasladarnos a los años 20; desde el barrio o el pub The Garrison en la primera temporada, pasando por los clubs londinenses y el hipódromo en la segunda, a las mansiones donde suceden las intrigas en la tercera. Sin embargo, una de las más fuertes señas de identidad de la serie es la utilización de la música, donde se sirve del anacronismo para mostrarnos esas escenas de violencia o planos secuencia y cámaras lentas a ritmo de rock actual. Grandes temas de Nick Cave and The Bad Seeds, The White Stripes, The Racounters o Tom Waits que sirven para enfatizar e imprimir un ritmo vertiginoso a ciertas escenas. Como muestra (sin hacer spoiler) la escena clave del sexto capítulo de la segunda temporada atronando Do I Wanna Know de los Artic Monkeys, que haría las delicias del mismísimo Alex Turner (vocalista del grupo). Todo un acierto además de parte del marcado carácter de la serie.

Los protagonistas de la serie junto a su creador, Steven Knight (izquierda de la imagen)

Los protagonistas de la serie junto a su creador, Steven Knight (izquierda de la imagen)

A lo largo de las tres temporadas que se han emitido de Peaky Blinders, la historia y los personajes no dejan de crecer con la misma lógica ultra capitalista que utilizan las organizaciones mafiosas. En la primera se trata el tema desde un punto de vista más local, consolidándose en ese Birmingham motor de la industria; en la segunda las redes de la organización van a verse extendidas hasta el mismo Londres y las confrontaciones con las bandas rivales; y en la, por ahora, última temporada, sigue creciendo y se ven inmersos en conspiraciones internacionales con el IRA de fondo. Todo lo que va sucediendo en las temporadas no es forzado, y afectará en la vida de todos y cada uno de los personajes, en sus relaciones, en sus luchas personales y en sus decisiones. Porque si vas a jugar con el diablo debes estar dispuesto a perder el alma.

El año pasado la BBC anunció que la serie tendría dos temporadas más, así que, si no surgen contratiempos, la cuarta estará con nosotros en el último trimestre del año. Por esto, queda tiempo para que, el que no la conozca, la descubra y disfrute, y el que la haya visto que se dé el gustazo de revisitar las andanzas de esta familia y sus singulares mujeres a la vez que suena de fondo un riff de guitarra de Jack White. Mientras tanto se pueden ir quitando el gusanillo con la última creación de Steven Knight junto a Tom Hardy: la excelente Taboo. Todas estas cosas y algunas más hacen de Peaky Blinders una de las producciones británicas imprescindibles.

Por Javier Gadea
@Javichul