La sociedad está avanzando a pasos agigantados, al igual que la moda, el arte, la música y por supuesto el cine. La gente cada vez busca más el titular en lugar de la noticia, el resumen en vez del articulo o el tecleo rápido en Google en lugar de la consulta detallada. Será por esto, que gran parte de las nuevas generaciones de espectadores que acuden a las salas no comparten el amor por las interesantes propuestas audiovisuales que nos planteaban las películas de hace unas décadas. Generaciones que han crecido a base de blockbusters, sagas, remakes, reboots y demás técnicas de sobreexplotación comercial, tienen en sus manos a día de hoy una ventaja que no tenían sus padres o abuelos, la posibilidad de visionar películas de cualquier época y autor.

Tal vez, el desconocimiento de ciertas obras cinematográficas haga que mucha de esas personas nunca lleguen a acercarse a acercarse a autores tan interesantes como Becker, Tourneur o Truffaut. Es por esto, que se agradece que de vez en cuando también aparezcan por las salas documentales como Las películas de mi vida (Voyage à travers le cinéma français, 2016), trabajos para descubrir a la gente más joven obras clave del séptimo arte cada vez más olvidadas.

Con el documental, Bertrand Tavernier, autor que puede que en España no tenga el reconocimiento que se merece y sin embargo en Francia es toda una institución, nos ofrece un interesante recorrido a través del cine francés que tal vez pueda recordarnos a lo que en su día hizo Martin Scorsese con el cine italiano en Mi viaje a Italia (Il mio viaggio in Italia, 2001). Este magnífico recorrido comienza en su infancia, en la que nos cuenta cómo, tras contraer una tuberculosis, su larga estancia en la clínica le hizo descubrir el cine y, en concreto, a Jacques Becker. De esta manera, durante los ciento noventa minutos que dura el filme, Tavernier analiza y profundiza en películas y directores que de alguna manera han marcado su carrera, desde Renoir, Delannoy o Melville, hasta actores de la talla de Jean Gabin.

A partir de ese primer visionado cinematográfico, el director francés nos llevará con su voz en off a través de un largo recorrido con las imágenes de sus películas favoritas, diseccionando las secuencias, narrando anécdotas de rodajes e incluso reflexionando sobre la influencia de los filmes más notables del cine francés desde los años 30 a los 70, como si se tratasen de sus propias películas. Lo que en un principio comienza como un documental al uso, acaba siendo un trabajo de investigación admirable a través de un análisis exhaustivo además de subjetivo sobre detalles cinéfilos del autor, en el que comprendemos cómo ha llegado a construir su personalidad y ese estilo tan marcado que hoy atesora.

En conclusión, Las películas de mi vida es una soberbia lección de cine que todos los aficionados al séptimo arte deberíamos recibir. La única condición es sentarnos en nuestra butaca y disfrutar de la clase que el maestro Tavernier nos imparte de manera clara y concisa. Un lujo para cualquier cinéfilo, que próximamente promete una versión para la televisión francesa de diez horas de metraje.

Lo mejor: contagia las ganas de devorar cine francés.

Lo peor: puede que se haga ligeramente larga a los espectadores más impacientes.

Por David Areces