En Taller Capuchoc (Carlo Padial, 2014) un Miguel Noguera enajenado, interpretando a un escritor frustrado, explicaba lo que era para él, escribir: causar interés, seducir y luego negar todo lo prometido. Visto con perspectiva, parece que lo que hacía Noguera en esa escena era pregonar los postulados de un movimiento disperso pero capaz de aglutinar sensibilidades tan diversas como las de Juan Cavestany, Carlos Vermut, Venga Monjas o precisamente Carlo Padial: El post-humor.

Y es que, los espectadores que busquen en Algo muy gordo (2017) los rasgos de una comedia convencional protagonizada por Berto Romero se encontrarán de bruces con esta “negación de todo lo prometido”. Su proceso de marketing es una muestra clara de este concepto, la película se promocionó hace dos años como: una comedia en la que Berto tenía que volver a la EGB en forma de niño gordo. Ahora, ha llegado a la cartelera como una película opaca y difusa, basando toda su promoción en la figura de Berto.

Y es precisamente a través de este eje donde la propuesta de la película toma forma, derribando constantemente expectativas y  moviéndose en los márgenes de lo cómico: silencios incómodos, gags alargados hasta el infinito, discusiones que no llegan (ni vienen) de ningún sitio, líneas de diálogo que se supone que tienen que hacernos reír a carcajadas y nos dejan fríos. El desconcierto y la paranoia (temas transversales en la obra de Carlo Padial) hacen acto de presencia a lo largo de la película a través del absurdo de unas situaciones en las que el espectador es incapaz de entrar. Los espacios vacíos de significado, y en general, una nada surgida del fracaso representada por la pantalla verde, es desde dónde se pretende que surja la risa: no sincera, sino nerviosa.

Pero Algo muy gordo no es solo un ejercicio hiperbólico sobre lo complejo del acto de hacer reír, sino que, por extensión, también es una obra acerca de las complejidades del ejercicio de crear, donde Padial dentro de un aparente descontrol tiene un control absoluto. Planteado como un making of acerca de un proyecto de película fallido, fruto de una colaboración entre Berto Romero y Carlo Padial, la película se plantea como la narración de un fracaso provocado por los vacíos insalvables entre el humor convencional y el humor alternativo, entre lo comercial y lo underground en un juego de espejos donde las líneas entre lo real/ficticio lo intencionado/no intencionado y lo cómico/ no cómico se difuminan hasta que son casi imperceptibles.

Algo muy Gordo apuesta y consigue algo terriblemente complicado y paradójico: triunfar en los “fracasos” producidos por los vacíos insalvables y las líneas difusas.

Por Daniel Belenguer
@DeathSumer