Si la juventud representa el futuro y el futuro es la esperanza, Las Vidas de Grace (Short Term 12) es la esperanza. La ilusión de confiar en lo mejor del ser humano, en el sentimiento de que ayudar al otro es, siempre, ayudarse también a uno mismo.

Grace (Brie Larson) trabaja en un centro de acogida temporal para adolescentes en situación de vulnerabilidad social. Chicos y chicas que nunca son el problema, son el resultado de familias y vidas rotas que los han convertido en pedazos, personas apaleadas en todos los sentidos posibles y cuyos trozos vitales trata de recomponer Grace junto con otros profesionales, entre ellos Mason, su pareja, en un entorno seguro que trata de darles todo aquello que les ha sido arrebatado.

En este microsistema, comenzamos a ver paralelismos entre la situación de algunos de los chicos y la de la vida de la propia Grace, que parece volcarse en la ayuda a los demás para dar luz a las sombras con las que vive, aunque ni siquiera ella quiera mostrarlas. Sí, porque ella también necesita ayuda, porque todos, en el fondo, la necesitamos. Short Term 12 es un lugar pequeño donde apenas caben las muchas historias de sus habitantes: Marcus, Jayden o Sammy querrían tener una vida “normal”, sí, esa misma vida de la que muchas veces nosotros echamos pestes cuando la consideramos vulgar o monótona.

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Y sería éste, un contexto de grandes dramas personales en aquellos que son más vulnerables, donde hubiera sido muy fácil tirar por la calle del medio y mostrar el melodrama típico de cualquier película. Aquí está el mayor acierto de su director, Destin Cretton, que, huyendo de todo eso, deja que la mayor fuerza de la película sean los propios personajes, apoyados en una grandísima interpretación coral y realista donde ninguno desentona y donde los mejores diálogos son aquellos que se dicen con los silencios y con las miradas, destacando especialmente Brie Larson, una actriz prácticamente desconocida que borda un papel aparentemente sencillo, pero que, en realidad, es complejísimo. La sencillez de la dirección se completa con la banda sonora de Joel P. West que parece que no está, pero que ayuda enormemente a crear un entorno intimista y cercano a los personajes y con un uso muy adecuado de los primeros planos.

En un mundo de superhéroes de cómic, con músculos infinitos y poderes extraordinarios, olvidamos a veces que los mejores superhéroes que tenemos son esos hombres y mujeres que tenemos aquí al lado, trabajando en el anonimato y en la sombra y que tienen el mayor de los superpoderes: sacar de cada persona lo mejor de sí misma. Por eso Las Vidas de Grace es una película necesaria. Una cinta que hará las delicias de cualquier trabajador del ámbito social y de cualquier otra persona con un mínimo de sensibilidad. Una pequeña gran película. Una joyita.

Lo mejor: La secuencia del cuento de Jayden.

Lo peor: La traducción del título original.

Por David Peñaranda

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