Todo lo que hace lo hace bien. Clint Eastwood, el Hombre sin Nombre de Leone es a día de hoy un octogenario que continúa incansable componiendo, produciendo, dirigiendo y protagonizando películas. Muchos dicen que ya no brilla como hace unos años, y aunque es cierto que quizás no ha repetido un éxito como Sin Perdón, Millian Dollar Baby, Gran Torino o Mystic River, no se le puede quitar mérito por sus últimos trabajos. No hay que olvidar además que es uno de los actores que más veces se ha puesto detrás de las cámaras con gran éxito, (cuenta con más de 30 pelis), superando a grandísimos actores que también han dirigido, como John Wayne, Paul Newman, Robert De Niro, Sean Penn…y cineastas que también interpretaron, como el mismísmo John Ford. Único e inigualable como la cinta que hoy os recomendamos, Mystic River.

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En 2003 Eastwood sobrecogió al mundo entero con esta película por la que estuvo nominado al Oscar tanto a mejor cinta como a mejor director. Fue el año de El Señor de los Anillos, así que no pudo ser. Consiguieron la estatuilla dos de sus actores, un soberbio Sean Penn y un magnífico Tim Robbins, que junto a Kevin Bacon formaban el trío protagonista. Se trata de una película fría, sombría y dura que narra la historia de tres amigos cuya infancia quedó marcada por el secuestro y los abusos a los que uno de ellos fue sometido. Años después aquellos tres amigos son prácticamente tres desconocidos que se saludan de vez en cuando, pero que a causa de una nueva tragedia, el asesinato de la hija de uno de ellos, vuelven a reunirse.

Lo mejor de la película son sus personajes, que están vivos, que muestran y demuestran esa humanidad, ese sentir, el padecer de cada uno de ellos. Y la historia la cuenta Eastwood con un ritmo envidiable, sosegado cuando tiene que serlo, veloz cuando todo se precipita, en una atmósfera totalmente desapacible y angustiosa, justo como todo lo que ocurre en la película. Porque no hay nada bueno, sólo familias tratando de superar sus tragedias, de abrirse camino en un mundo que es como el nuestro, de verdad. La tragedia salpica a todos los personajes del filme, a unos más y a otros menos, y como gran parte de las películas de Eastwood habla de la rendición del hombre, de la debilidad del ser humano, de los miedos y de los infiernos personales de cada uno.

La delicadeza con la que se muestra Sean Penn en determinados momentos, la fría pasión y la rabia descontrolada que muestra en otros, le valieron un Oscar a este pedazo de actor en el que es uno de los papeles de su carrera. Por su parte, Robbins nos sorprende con un personaje débil, atemorizado, pero justo y valiente. Bacon es un policía que lucha por recuperar a su familia y cumplir con su deber. Tres amigos y tres familias destrozadas que convierten esta película en una de las joyas de la carrera de su director que, además, como suele ocurrir compuso su excelente banda sonora. Una película más que recomendable para sumergirse de lleno en una historia desde el inicio hasta el final, pero que deja sabor amargo, no hay paz en Mystic River.

Por Lore Pérez

@Peneaa