La nueva película del interesante director Denis Villeneuve parece haber querido seguir la senda que dejase La noche más oscura (Kathryn Bigelow, 2012), un trabajo monumental que conquistó a crítica y público con su incontestable propuesta. Sicario es, por tanto, alumna aventajada de aquella gracias al privilegiado uso del tempo narrativo que hace Villeneuve, que logra realizar un filme redondo, con pocos defectos, impactante y enormemente atrayente.

Curiosamente, el mayor mérito de Sicario es olvidarse de argumentos complejos o guiones rebuscados plagados de recovecos y trucos. Ni un atisbo de eso veremos en la película. Lo que hace Villeneuve en Sicario es engancharte de la solapa, acercarse insidiosamente y no soltarte hasta los títulos de crédito. Difícil resulta recordar otros largometrajes que con tan poco, consiguieron tanto. Y es que sí, Sicario tiene un guión sencillo, aquí no hay juegos de espías, porque no hay tiempo para adivinanzas. Sicario va directo al grano con su ritmo trepidante y su alma de hielo.

Si en Incendies, Prisoners o Enemy, los personajes se revelaban emocionalmente muy potentes, en Sicario, Villeneuve opta por explorar en muchísima menor medida ese universo a la vez que se muestra mucho más cerebral, menos humanitario. Esto empuja definitivamente un guión necesitado de ese defecto humano, aquí resuelto en virtud cinematográfica que convierte a Sicario en una película implacable, rigurosa y violenta. Tal y como es, precisamente, el narco mexicano.

Así de salvaje resulta también el reparto con el que ha contado Denis Villeneuve, ducho ya en el trabajo con estrellas de primer nivel como Jake Gyllenhaal (Enemy, 2013) o Hugh Jackman (Prisoners, 2013). En este caso, ha sido el turno de Emily Blunt, fantástica, Josh Brolin, cumplidor como siempre, y Benicio del Toro, el personaje más apasionante de la película que interpreta del Toro sin que le tiemble el pulso. El actor portoricense congela los planos en los que aparece. Su expresión, que a veces parece no decir nada, aquí lo es todo. Uno de los roles del año, sin duda.

© Lionsgate / Black Label Media

© Lionsgate / Black Label Media

Al igual que el trabajo de tres profesionales imponentes e impecables. Taylor Sheridan, por su inexorable guión. Roger Deakins, por volver a demostrar que es historia del cine, uno de los mejores directores de fotografía de siempre y por sus doce nominaciones al Oscar. Y por último, por Jóhann Jóhannsson, un islandés cuarentón que compone como los ángeles. El artista que nos regaló la maravillosa partitura nominada a la estatuilla de La teoría del todo, ahora compone una de las bandas sonoras más tenebrosas y escalofriantes del año. Un trabajo igual de influenciado por la composición de Alexandre Desplat para La noche más oscura pero llevado aquí a su máxima -¿o deberíamos decir mínima?- expresión sonora. Escueta, minimalista, fría como un témpano de hielo, sobrecogedora y tremendamente efectiva.

Y resulta que todo esto es Sicario, sin duda una de las películas de este 2015 al que le queda poco tiempo de vida. Sicario es un thriller de altos vuelos y, por qué no decirlo, una de las mejores películas -sino la mejor- de toda la filmografía de Dennis Villeneuve, un canadiense con cara de bonachón que nos está acostumbrando realmente mal, porque parece que todo lo hace bien. Muy bien.

Lo mejor: Sicario te deja pegado a la butaca durante sus 121 minutos.

Lo peor: a algunos puede parecerles un argumento simplón.

Por Javier G. Godoy
@blogredrum