Otro día más en Sitges, y otro reconocimiento merecido a una mujer. Cada vez son más las figuras femeninas a tener en cuenta en esta industria, y los iconos o referentes tienen un peso muy grande en este proceso: esta vez hablamos de Leticia Dolera, quien ha recibido hoy el Premio Bacardí Sitges al Espíritu Indomable. Actriz, guionista y directora de la “generación Al salir de clase (1997)”, por aquella época tuvo también un papel en El otro lado de la cama (2002), pero su primer gran papel dentro del cine de Sitges fue el de la protagonista de [•REC]³: Génesis (2012), de Paco Plaza. Se hizo un hueco definitivo en el cine nacional cuando en 2015 escribió, dirigió y protagonizó Requisitos para ser una persona normal, película que le supuso la Biznaga de Plata a la mejor guionista novel en el Festival de Málaga y la nominación al Goya a la mejor dirección novel. Hoy en día es, además de todo lo mencionado, icono de feminismo y feminidad.

En su discurso de agradecimiento, no ha querido olvidarse de repudiar a Harvey Weinstein por las recientes acusaciones de abuso sexual que le señalan y ha instado a todas las mujeres a denunciar este tipo de comportamientos, y al mundo del cine a hacer lo mismo, ya que, cito textualmente: “hay muchos Harveys Weinsteins en la industria del cine“. Sin duda, un espíritu indomable donde los haya.

En lo cinematográfico, películas de todos los colores y sabores, como siempre. Considerada por muchos como la película de animación japonesa del año, Lu Over the Wall (Yoake Tsugeru Lu no Uta, 2017) no defrauda si estás familiarizado con el almíbar propio de este tipo de productos. Dirigida por Masaaki Yuasa –famoso por crear varias series animadas de calidad como Kaiba (2008) o The Tatami Galaxy (2010) y por colaborar en otras como Kemonozume (2006) o la prestigiosa Hora de aventuras (2010)–, esta cinta es otra prueba más de su evidente polivalencia y originalidad. En este trabajo no sólo no renuncia a su clásico dibujo plano de trazo simple, sino que además busca enfatizarlo desnudando aún más las formas con el objetivo de introducirnos de una manera perfectamente orgánica en el mundo de la pequeña sirena Lu. Por eso todo está cubierto por ese halo naif y maravilloso, porque, argumentalmente hablando, ella está dando sus primeros pasos en nuestro mundo, pero sensorialmente somos nosotros los que damos las primeras brazadas en el suyo… y nos encanta. Dignas de mención son algunas escenas de exceso y distorsión formal que recuerdan a su interesantísima ópera prima, Mind Game (Maindo Gêmu, 2004). La cinta rebosa esa ternura que solo saben fabricar en el País del Sol Naciente y que recuerda sobremanera a Ponyo en el acantilado (Gake no Ue no Ponyo, 2008), tanto por el evidente parecido físico de Lu con Ponyo, como por ciertos episodios de la historia, pasando por el clásico mensaje naturalista tan presente en las películas de Studio Ghibli o la relación de la pequeña sirena con el humano.

También desde Japón nos llega Before We Vanish (Sanpo suru shinryakusha, 2017), donde parece que se ha olvidado ahí la sensibilidad de la que hablábamos antes y prácticamente todo lo bueno. Tras un inicio realmente prometedor, Kiyoshi Kurosawa, prolífico director nipón de género y thriller, saca el bastón y empieza a dar palos de ciego durante dos horas, hablándonos de personajes con los que es casi imposible empatizar y contándonos un conflicto que no nos interesa a pesar de pretender hacernos creer con palabras que la humanidad está en peligro. Si los hechos fueran más contundentes, tal vez el resultado sería más satisfactorio, pero las palabras no hacen más que dárnoslo todo mascado y evidenciado. Lo más salvable: el uso cómico de la música, que juega al despiste con nuestras sensaciones.

Hoy me ha quedado claro por qué My Friend Dahmer (2017) está cosechando tan buenas críticas y por qué todo el mundo habla tanto de ella por aquí. Esta película norteamericana, que está basada en la novela gráfica del mismo nombre, nos muestra la vida del asesino en serie Jeffrey Dahmer durante los años previos a su primer asesinato, y precisamente esa es la clave del film: su violencia se basa en mostrar la creación de un monstruo, no de sus monstruosidades. Sin hacer apenas uso de violencia explícita, la tensión radica en el conocimiento general de que ese personaje fue un asesino en serie real que en cualquier momento puede ponerse a hacer de las suyas… Inteligente, autoconsciente, interesante y minuciosa disección de un proceso de demonización (casi literal) disfrazada de drama juvenil.

Por Martín Escolar-Sanz